Europa propone devolver a los ríos sus zonas inundables… si es posible

Europa propone devolver a los ríos sus zonas inundables… si es posible

Europa propone devolver a los ríos sus zonas inundables… si es posible

El cambio climático genera una meteorología extrema y provoca más riesgo de crecidas e inundaciones. Hay un debate abierto sobre si es eficiente seguir invirtiendo en restaurar daños y proteger infraestructuras construidas en zonas inundables. Los expertos abogan por retirarse allá donde sea posible. Gran Bretaña prepara un plan para devolver al Támesis sus llanuras de inundación. Y un informe de la Agencia Europea de Medio Ambiente propone extender esa práctica a todos los países

 


Pedro Cáceres | Director Adjunto
Madrid | 3 marzo, 2020


“El río siempre baja con las escrituras bajo el brazo”. Esta es una frase que se usa en las tierras del bajo Ebro para aceptar con resignación y realismo lo que ocurre con las crecidas: el río se sale del cauce y reclama terrenos que le pertenecen. Un poco más arriba, en Aragón, los paisanos tienen una forma curiosa de amonestar a los glotones: “Comes más que el Ebro”, se dice por Zaragoza. No en vano, cada vez que el río va cargado de agua muerde las orillas y arrastra grandes porciones del blando terreno aluvial. Los mapas del Ebro hay que cambiarlos cada cierto tiempo, porque es un ser proteico difícil de domesticar.

Los ríos, ya se sabe, son sistemas dinámicos, que cambian de cara cada año. Los intentos por encauzarlos con infraestructuras rígidas chocan con la terquedad de la naturaleza por volver a su sitio. El ser humano mide su vida en años y lustros, y los ríos con un reloj geológico de siglos y de milenios. Puede no pasar nada durante una generación, pero tarde o temprano, el río adopta la más destructiva de sus caras. En España tuvimos un buen ejemplo en Biescas (Huesca) cuando un barranco pirenaico, habitualmente seco, se cargó de agua tras una tormenta y arrasó un camping situado en su cauce en 1996. Murieron 87 personas. Los hidrólogos dijeron que el periodo de retorno de un suceso así era de 500 años para aquel infausto torrente de Arás.

Imagen panorámica de la localidas oscense de Biescas, en el Pirineo aragonés. | Foto: Mitch Harrold

Los modelos ya no sirven para predecir

El cambio climático añade una incertidumbre más a la gestión hidrológica. Con más energía en la atmósfera las precipitaciones se hacen más erráticas e impredecibles. Y los modelos de previsión pierden fiabilidad. Las tablas de aportes, crecidas y periodos de retorno que hasta ahora se han manejado para dimensionar las infraestructuras al más grave de los escenarios se quedan antiguas. 

Como explicaba Francisco Heras, de la Oficina Española de Cambio Climático, en un reciente artículo en nuestro diario, “el clima cambia y, por ello, muchas cosas deben cambiar para evitar que los riesgos derivados del cambio climático se concreten en los peores impactos. Una adaptación adecuadamente planificada, apoyada en el mejor conocimiento disponible y en una buena estructura de gobernanza, puede facilitar mucho esta tarea imprescindible”.

Los expertos y responsables en gestión hídrica hace tiempo que proponen adoptar una aproximación más flexible en la gestión de infraestructuras ante el cambio climático. Entender que en determinadas situaciones no tiene sentido seguir invirtiendo para proteger inmuebles y activos que tarde o temprano serán destruidos.

La retirada controlada de zonas inundables incluye el empleo de las llamadas soluciones basadas en la naturaleza para gestionar el territorio. Infraestructuras blandas y naturales frente al hormigón y el cartabón. Dejar que el río, donde sea factible social y económicamente, recupere su territorio. Permitir que las áreas inundables funcionen como un colchón. Es lo que han hecho las ciudades de Vitoria, con el parque de Salburua, y Alicante, con el parque de La Marjal, pensados para el uso público cuando están secos y para retener el agua cuando vienen las crecidas.

El Támesis, libre de ataduras

En ese sentido, Gran Bretaña ha puesto en marcha una iniciativa pionera y simbólica como es devolver las lagunas de inundación a parte del Támesis. Es el río más largo de Inglaterra, con 346 kilómetros de longitud y, tras su paso por Londres, aún tiene un largo recorrido hacia el mar. Fluye aguas abajo por un paisaje muy humanizado, con barrios suburbiales y zonas de recreo para las clases altas con numerosas edificaciones que han invadido la zona inundable.

Para evitar crecidas, el río ha sido encorsetado desde hace siglos con una batería de canales y muros. Sin embargo, desde el año pasado, está en marcha la Thames Landscape Strategy (TLS), un consorcio de 15 entidades públicas y privadas y 200 administraciones y asociaciones locales que pretende renaturalizar el terreno de la comarca de Arcadia, al sur de Londres.

Recorrido del Támesis a partir de Londres

Para ello compensarán a aquellos titulares de activos que haya que retirar y recrearán el antiguo ecosistema de pantanos, lagunas y marismas de esa zona cercana al estuario, convirtiéndola en una infraestructura blanda contras las inundaciones, un lugar de ocio y recreo y un parque natural. Arcadia es el punto exacto donde convergen las aguas del río con la pleamar que asciende kilómetros arriba desde la desembocadura, por lo que es un ecotono biológico, una zona de gran riqueza en biodiversidad por la mezcla de hábitats distintos.

El de Arcadia no es el único proyecto de restauración de áreas inundables que está ahora mismo en marcha en Gran Bretaña. Hay otras iniciativas en el río Soar, en Leicester y en el río Aire en Leeds, entre otras localizaciones. Algunas de ellas son una respuesta a la alerta social causada por las inundaciones de los últimos años en Inglaterra y que también han causado problemas este mismo año. De hecho, el Reino Unido lleva dos semanas recuperándose de los estragos del temporal Dennis, que ha causado pérdidas humanas y la inundación de numerosas localidades en el norte de Inglaterra.

La orografía y el clima de las islas las hacen especialmente vulnerables a las crecidas de los ríos. Se estima que el 12% de territorio británico es terreno con riesgo de inundación. Sin embargo, según estudios del Gobierno, solo un 10% de esas zonas inundables mantienen una situación natural que las permita actuar como esponja y retener lo peor de las avenidas, que es el funcionamiento natural en los espacios no intervenidos.

DENNIS ANEGA EL REINO UNIDO. Los británicos están con el agua por las rodillas. Cuando el país aún no se había recuperado de la tormenta Ciara, ha aparecido un nuevo temporal, Dennis, para no dar tregua a los habitantes. Las Islas Británicas están sufriendo graves inundaciones tras el paso de la tormenta, una de los peores registradas en los últimos años. Hasta el momento, se ha saldado con la muerte de cuatro personas y un desaparecido | Foto: EFE / EPA / NEIL MUNNS
DENNIS ANEGA EL REINO UNIDO. Los británicos están con el agua por las rodillas. Cuando el país aún no se había recuperado de la tormenta Ciara, ha aparecido un nuevo temporal, Dennis, para no dar tregua a los habitantes. Las Islas Británicas están sufriendo graves inundaciones tras el paso de la tormenta, una de los peores registradas en los últimos años. Hasta el momento, se ha saldado con la muerte de cuatro personas y un desaparecido | Foto: EFE / EPA / NEIL MUNNS

El resto de las áreas aluviales del Reino Unido están encauzadas de algún modo u ocupadas por edificaciones, por lo que no cumplen su función. El Gobierno británico ya ha explicado que con las previsiones del cambio climático las inundaciones serán cada vez más frecuentes y habrá que hacer un plan ordenado para retirarse de la orilla del río allí donde sea posible.

Europea quiere recuperar las orillas 

Coincidiendo con esta preocupación por las zonas inundables, la Agencia Europea de Medio Ambiente (EMA), el observatorio oficial del medio ambiente en la UE, ha presentado hoy un informe que recomienda restaurar las llanuras aluviales  como medida de adaptación al cambio climático y de prevención de riesgos. El informe asegura que las llanuras de inundación tienen un papel clave en la mejora de la mitigación y adaptación al cambio climático, la biodiversidad, el agua y el agua.

“Un enfoque basado en los ecosistemas para el manejo de las llanuras de inundación ayudaría a conservar y restaurar la biodiversidad y reducir la contaminación química y de nutrientes en ríos, lagos y humedales, además de aumentar la retención de agua”, asegura el informe, cuyo texto completo puede consultarse aquí (Llanuras de inundación: un sistema natural para preservar y restaurar). 

El trabajo de la Agencia Europea de Medio Ambiente recopila estudios que muestran que hasta el 90% de las llanuras de inundación se han degradado ambientalmente como resultado de la protección estructural contra inundaciones, el encauzamiento de ríos, la desconexión entre ecosistemas fluviales, el uso de tierras agrícolas y la urbanización en los últimos dos siglos.

Según la EMA, Las inundaciones siguen siendo uno de los desastres naturales más costosos. El informe destaca que la restauración de las llanuras aluviales, centrada en soluciones basadas en la naturaleza y en un enfoque de gestión del ecosistema, “tiene el potencial de aumentar en gran medida el papel que pueden desempeñar estas áreas para lograr beneficios ambientales positivos, al tiempo que reduce los impactos negativos de las inundaciones”.

Las llanuras de inundación cubren el 7% del área total de Europa, dice la EMA. Pero en determinados países, esas áreas son el principal polo de actividad humana. Por ejemplo, más del 25% de la población en Liechtenstein, Bosnia y Herzegovina, los Países Bajos y Eslovaquia vive en zonas de llanuras aluviales.

Actualmente, solo el 17% de los hábitats protegidos de Europa asociados con las llanuras aluviales logran una buena estación de conservación. Además, sólo el 40% de los cuerpos de agua de Europa logran un buen estado ecológico dice el informe de la agencia ambiental europea. Mejorar los servicios del ecosistema proporcionados por las llanuras de inundación podría mejorar estos resultados.

España: 1.500 zonas de peligro

La ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, Teresa Ribera, aseguraba en el Parlamento el pasado septiembre, tras la terrible Dana que arrasó la vega baja del Segura, que las inundaciones son el fenómeno natural que más daños causa en España. En las últimas dos décadas han provocado más de 300 muertes y generan anualmente pérdidas de 800 millones de euros.

desastres
El municipio de Torre Pacheco, junto al Mar Menor, inundado tras el paso de la DANA por Murcia en septiembre de 2019. | Foto: Efe

Siguiendo las directrices que marca la Directiva de Inundaciones de la Unión Europea, España ha realizado una evaluación preliminar que identifica las Áreas de Riesgo Potencial Significativo de Inundación (ARPSIs), aseguró Ribera. Este trabajo se realizó en 2011 para todas las demarcaciones hidrográficas y durante los años 2018 y 2019 se ha revisado y actualizado, de tal forma que se ha pasado de las 1.342 áreas de riesgo potencial significativo de inundación detectadas en el primer ciclo a un total de 1.428 áreas. Este análisis, explicaba la ministra, ha permitido contar con un visor cartográfico que recoge todas estas zonas de potencial riesgo de inundaciones.

Los Planes Nacionales de Riesgo de inundaciones, según el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (Miteco), se terminarán de revisar en 2020. Cada plan contará con un programa de medidas que contemplan unas inversiones globales de más de 800 millones de euros para poner en marcha más de 1.000 actuaciones concertadas con todas las administraciones implicadas, promete el Miteco.

Como se ve, el plan del Gobierno es estar preparados para cuando el río baje a reclamar su territorio con las escrituras de propiedad bajo el brazo. ¿Llegaremos a tiempo?



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