Los humanos controlan la mayor parte del flujo de agua dulce mundial

Los humanos controlan la mayor parte del flujo de agua dulce mundial

Los datos aglutinados por varios satélites de la NASA revelan que los embalses del mundo representan el 57% de la variabilidad global total del almacenamiento de agua dulce. Según los expertos, estos datos ayudarán a analizar las tendencias futuras de este recurso tan valioso


El agua es un recurso altamente demandado por el ser humano y, por ese mismo motivo, un grupo de científicos ha decidido cuantificar el impacto que ejercemos sobre ella cuantificando por primera ver las fluctuaciones del agua dulce en embalses y lagos a nivel planetario.

La investigación, publicada en la revista Nature, muestra que los niveles de agua de los lagos y estanques de la tierra varia una media de 22 centímetros al año, mientras que los embalses fluctúan unos 86 cm.

“Comprender esa variabilidad y encontrar patrones en la gestión del agua realmente muestra cuánto estamos alterando el ciclo hidrológico global”, comenta Sarah Cooley, hidróloga de teledetección en la Universidad de Stanford en California, quien señala que el “impacto de los humanos en el almacenamiento de agua dulce es mucho mayor del esperado”.

Según un comunicado de la NASA, esta diferencia de fluctuaciones se debe principalmente a que los niveles de agua en las reservas naturales varían en función de las estaciones, llenándose durante los períodos de lluvia y drenando cuando hace calor y se seca.

Sin embargo, los embalses, al estar gestionado por los humanos, presentan fluctuaciones que solo se explican con la demanda del recurso. Así pues, en épocas lluviosas se procura llenar estas infraestructuras mientras que en las secas se desvía el agua de su interior o de otras reservas hacia ellos.

De este modo, mientras que los lagos y estanques naturales superan en número a los embalses gestionados por humanos en más de 24 a uno en su estudio, los científicos calcularon que los embalses constituían el 57% de la variabilidad global total del almacenamiento de agua.

Asimismo, los autores encontraron patrones regionales, de modo que los embalses varían más en el Medio Oriente, el sur de África y el oeste de los Estados Unidos, mientras que la variación natural en lagos y estanques es más pronunciada en las áreas tropicales.

Para llegar a estas conclusiones, el equipo de investigadores utilizó los datos del satélite Ice, Cloud and Land Elevation Satellite 2 (ICESat-2) de la NASA, lanzado en septiembre de 2018. Según la agencia espacial, este satélite envía 10,000 pulsos de luz láser cada segundo a la Tierra que brindan mediciones de altura de la superficie cada 78 centímetros, lo que lo convierte en un aparato “muy preciso”.

Gracias a esta exactitud, los científicos pudieron diversos detalles de la superficie terrestre, como pequeños lagos y estanques, y rastrearlos a lo largo del tiempo. En este sentido, los datos sirvieron para estudiar 227,386 cuerpos de agua durante 22 meses.

El satélite Landsat de la NASA también se utilizó en el estudio, esta vez los mapas bidimensionales construidos con su información para identificar los cuerpos de agua y sus tamaños.

“Este tipo de conjunto de datos será muy valioso para ver cómo la gestión humana del agua dulce está cambiando en el futuro y qué áreas están experimentando el mayor cambio o experimentando amenazas a su almacenamiento de agua”, explica Sarah Cooley.

“Este estudio nos proporciona una línea de base realmente valiosa de cómo los seres humanos están modulando el ciclo del agua a escala global”, añade.

Para la experta, estos resultados preparan el escenario para futuras investigaciones sobre cómo la relación entre la actividad humana y el clima altera la disponibilidad de agua dulce. “A medida que las poblaciones en crecimiento imponen más demandas de agua dulce y el cambio climático altera la forma en que el agua se mueve a través del ciclo hidrológico”, concluye.



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