La huella de la riada de Santa María un año después - EL ÁGORA DIARIO

La huella de la riada de Santa María un año después

El dulce nombre de María es el que acompaña a una de las peores catástrofes ambientales de la vertiente mediterránea peninsular que, coincidiendo con esta honomástica, conmemora el primer aniversario de una de las peores riadas que se recuerdan en Alicante y Murcia. Una tremenda DANA que comenzó a descargar con fuerza y torrencialidad desconocida el 12 de septiembre de 2019 desbordando toda la Vega media y Baja del río Segura, llevándose por delante siete vidas y causando daños por más de 1.000 millones de euros

María Santos
Madrid | 11 septiembre, 2020

Tiempo de lectura: 9 min



Cuando el 11 de septiembre de 2019 la Agencia Estatal de Meteorología activaba por primera vez avisos rojos por riesgo de lluvias torrenciales en Baleares, Alicante y Murcia ante la evolución, en una época muy temprana para la zona, de una Depresión Aislada en Niveles Altos (DANA), nadie imaginó que llegaría a convertirse en el peor temporal en 140 años, ni que se catalogara como uno de los desastres naturales más costosos a nivel mundial en 2019, que se llevó por delante la vida de siete personas y causó daños por valor de más 1.000 millones de euros.

El temporal afectó al levante peninsular desde el día 10 hasta el día 14 y resultó ser excepcional por la falta de precedentes similares en al menos en el último siglo y medio en la Vega Baja del Segura, la zona más afectada por el episodio de lluvias.

Allí descargó con intensidad torrencial en dos fases: la primera en el entorno del mediodía del día 12 de septiembre, cuando se registraron 225 litros por metro cuadrado y 24 horas después, a primera hora de la mañana del día 13, con 191 litros por metro cuadrado de 7 a 10 de la mañana (de los cuales 74,4 precipitaron en una hora). De la mañana del día 12 a la mañana del día 13, se acumuló en el promedio de la comarca el equivalente a la lluvia de un año

Las lluvias intensisímas de aquellos días 12 y 13 de septiembre en la Vega Baja de Alicante son las más catastróficas en la comarca, desde octubre de 1879, cuando la llamada riada del día de Santa Teresa causó gran impacto en la sociedad española de la época, ya que entre Murcia y Orihuela y otras localidades de la zona, hubo más de 1.000 muertos.

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‘Episodio de la inundación de Murcia’, obra de 1892 del pintor Antonio Muñoz Degrain. Fondos del Museo Nacional del Prado, expuesto en el Museo de Zaragoza.

Extensión, duración y persistencia

Su virulencia, duración y extensión la hicieron digna de bautismo y desde entonces la enorme riada que desbordó toda la Vega Media y Baja del Segura se conoce como la de Santa María.

El portavoz de la Agencia Estatal de Meteorología, Rubén del Campo, destacó entonces que “en unas horas ha caído lo que suele caer en promedio en un año, pero hay que tener en cuenta que gran parte del acumulado anual en muchos puntos de Levante es a base de lluvias torrenciales en pocos días o incluso en horas”.

Señaló como extraordinarios los registros de Orihuela donde ese día 12 de septiembre de 2019 se recogieron 316 litros en el observatorio de la pedanía de los Desamparados.

Se batieron al menos dos récords de lluvia: nunca desde que hay registros había caído tanta agua en un solo día ni en Murcia ni en Almería. En la estación que la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) tiene en el aeropuerto almeriense se contabilizaron 99,3 litros por metro cuadrado, la precipitación diaria máxima más elevada desde que se instaló el observatorio en 1968. En Murcia ocurrió lo mismo: se recogieron 169 litros, la cantidad más alta desde 1984.


La DANA del 12-13 de septiembre de 2019 tuvo lluvias torrenciales de entre 60 y 100 litros por metro cuadrado en una hora y acumulados superiores a los 400 litros en algunas zonas.

Por ejemplo, en San Javier (Murcia) cayeron 276,8 litros por metro cuadrado en apenas un día, casi la cantidad que recibe ese lugar en todo un año; o en Orihuela (Alicante) se regirstron en 48 horas 425,4 litros por metro cuadrado, valor superior a la media de un año.

Mario Urrea, presidente de la Confederación Hidrográfica del Segura, recuerda para El Ágora esta DANA de septiembre de 2019, por su intensidad y extensión, como una de las más graves padecidas en la cuenca del Segura en toda su historia reciente, pese a que la cuenca del Segura tiene un histórico de avenidas que la caracterizan como una de las zonas de España donde las inundaciones han tenido graves afecciones tanto en pérdida de vidas humanas como en daños materiales.

En aquel episodio, recuerda Urrea, su trabajo fundamentalmente fue, gracias al aviso de Aemet que ya pronosticaba la DANA, revisar y preparar las infraestructuras y el propio río Segura para recibir caudales abundantes.

El embalse de Santomera tuvo que desembalsar agua por haber llegado a su cota máxima el 13 de septiembre de 2019.

Quizás el punto decisivo en la gestión fue la información facilitada, en tiempo real, por el Sistema Automático de Información Hidrológica (SAIH), que, como se comprobó, fue esencial y vital para la gestión de este episodio.

Tras la DANA” ha sido preciso acometer un número importante de obras de emergencia en un montante presupuestario del orden de 40 millones de euros lo que nos ha permitido recuperar los cauces y las infraestructuras dañadas, para poder afrontar los nuevos episodios que sin duda tendremos que gestionar en el futuro”, explica Urrea.

Es por ello, insiste, y en línea con lo que el mundo científico viene avisando en cuanto a que los fenómenos hídricos extremos, como sequías o riadas, cada vez serán más frecuentes e intensos, que hay que priorizar todos los trabajos de prevención y que estos puedan acometerse cuanto antes.

En ese sentido resultan fundamentales los Planes de Gestión ante el riesgo de inundaciones, que en cumplimiento de la correspondiente Directiva, hay redactados. Es en ellos donde se plasman todas las medidas, tanto de infraestructuras, en la que la participación de soluciones basadas en la naturaleza es esencial, como de gestión, para de una manera integral minimizar los riesgos que conllevan las inundaciones, explica Urrea.

Adaptación y resiliencia

El responsable del Instituto del Agua y de las Ciencias Ambientales de la Universidad de Alicante, Joaquín Melgarejo, ha explicado en el Congreso Nacional sobre Inundaciones que se ha celebrado estos días en Orihuela que es fundamental encontrar fórmulas que permitan mitigar los efectos del cambio climático y adaptar las proyecciones urbanísticas futuras, especialmente las infraestructuras terrestres, así como de protección y embalses a la nueva realidad que prevé un aumento en la frecuencia de este tipo e fenómenos climáticos adversos en forma de lluvias torrenciales e inundaciones.

Un estudio publicado en Nature calcula que 300 millones de personas estarán expuestas en 2050 de forma periódica a las inundaciones causadas por la subida del nivel del debidas al cambio climático.

En España la población expuesta será de 200.000 personas, especialmente en las provincias de Cádiz, Girona, Huelva, Sevilla y Tarragona.

Melgarejo ha insistido en que “no solo con hormigón nos vamos a defender de las inundaciones sino también con otro tipo de medidas preventivas y predictivas como las alertas tempranas, las aplicaciones digitales (APP) y tecnologías” que permitan tener datos hidrológicos en tiempo real para facilitar la toma de decisiones a las administraciones locales y competentes, porque de esas decisiones no sólo dependen los daños materiales sino que salvan vidas.

Alicante
Un miembro de SUEZ Spain muestra algunos datos sobre inundaciones extraídos de la aplicación Smart River Basins.

Melgarejo ha destacado que debemos concienciarnos de que “vivimos en una sociedad de riesgo que tiene que avanzar hacia un territorio y unas personas resilientes a los efectos de una inundación”. Las mejoras en las medidas preventivas, las infraestructuras blandas y de corrección hidrológica y la cuestión urbanística son fundamentales a la hora de aminorar esos efectos.

Hay que adaptar las nuevas construcciones a estas circunstancias y las que ya existen acondicionarlas para que puedan ser más resilientes.

Resiliencia urbana

La riada de Santa María supuso un golpe de realidad para las administraciones, gestores de servicios básicos como el agua y para el conjunto de la sociedad que pudo constatar en 48 horas que el cambio climático es una realidad que nos ha tomado la delantera y que nos exige acelerar en el proceso de adaptación para sobrevivirle.

El 54% de la población mundial vive en ciudades, una proporción que aumentará hasta el 66% para 2050. Estas ciudades se enfrentarán cada vez más a diferentes impactos del cambio climático que no solo causan pérdidas económicas significativas sino que también plantean desafíos para la vida urbana: ocho de las 10 ciudades más pobladas son vulnerables a los terremotos, y seis de ellas están en riesgo de inundaciones, marejadas ciclónicas y tsunamis.

Maria José Toledo, directora de Operaciones de la Dirección Regional Comunidad Valenciana de la empresa gestora del ciclo urbano del agua, Hidraqua, recuerda cómo aquel fenómeno tan extremo obligó a movilizar equipos y protocolos para adaptarlos a la urgencia del momento y no dejar de garantizar un servicio tan esencial como el agua potable.

“Sin duda, nos enseñó que es fundamental invertir en infraestructuras adaptadas a la nueva realidad climática“, afirma para El Ágora.

Es importante que los municipios avancen en redes de drenaje separativas, en la construcción de sistemas de pluviales que recojan y canalicen las avenidas que provocan las tormentas, tanques de tormenta y anticontaminación para no colapsar los colectores y robustecer los sistemas de abastecimiento de  agua, afirma

Durante las inundaciones de septiembre del año pasado hubo municipios que estuvieron algunos días sin agua potable en el grifo por las carencias de sus sistemas de abastecimiento afectados por las riadas.

“Hoy estamos mejor preparados”, sentencia Toledo. “Cuando planteamos las reparaciones ya lo hicimos adaptando las infraestructuras a próximos fenómenos similares, hemos mejorado nuestros procedimientos y formado mejor a nuestros equipos”, añade.

A nivel de administraciones se han agilizado muchos proyectos para reforzar la resiliencia y la adaptación de la región al nuevo escenario “pero queda mucho por hacer, hay que seguir apostando por inversiones más ambiciosas que nos permitan adaptarnos al cambio climático, con tecnología e innovación y soluciones basadas en la naturaleza”, sostiene la portavoz de la empresa.

El mayor siniestro de gota fría en la historia del seguro agrario español

La DANA de septiembre del año pasado atravesó la costa mediterránea española y dejó daños en el campo por valor de 84 millones de euros, convirtiéndose así en el mayor siniestro de gota fría en la historia del seguro agrario español.

La superficie afectada a nivel nacional alcanzó las 45.600 hectáreas, repartidas a lo largo de 41 provincias y 15 comunidades autónomas, aunque tres de ellas (Región de Murcia, Comunidad Valenciana y Castilla-La Mancha) acumularon el 80% de los daños.

Cítricos y uva de mesa del arco mediterráneo, los principales cultivos afectados
Las precipitaciones, superiores a 400 l/m², provocaron graves inundaciones, e incluso el desbordamiento del río Segura a su paso por las provincias de Murcia (en especial, la Vega Baja) y Alicante (sobre todo Orihuela), que acumularon el mayor volumen de superficie afectada, con 9.464 y 8.280 hectáreas respectivamente.

En el caso de Murcia, las precipitaciones llegaron acompañadas de pedrisco intenso, lo que agravó los daños en las producciones.

Los cítricos y la uva de mesa de estas dos zonas sufrieron el mayor número de siniestros, con daños en la producción y también en la planta.

En el total nacional, también se vieron muy afectadas las plantaciones de hortalizas, con casi 5.000 hectáreas dañadas, aunque la DANA también impactó en otras producciones, como frutales, cereal, olivar, frutos secos o caqui, entre otros muchos cultivos.

En el caso de Andalucía, Granada fue la provincia con mayor número de hectáreas afectadas, aunque la fuerza de la DANA se sintió también en las comarcas de Campo Níjar y Bajo Almanzora, en Almería.

En ambas provincias, los principales daños se produjeron en los cítricos o en hortalizas como lechuga, brócoli, pimiento, melón o cebolla, aunque también se indemnizaron desperfectos en invernaderos y estructuras aseguradas.

Una región propicia a lluvias torrenciales

Vista general de la autovía A-7 colapsada por el efecto de las riadas el pasado viernes. | Foto: EFE / Manuel Lorenzo

Desde el punto de vista meteorológico, el Mediterráneo es una región peculiar, diferente a otras regiones del mundo. Esto se debe principalmente a factores morfológicos y geográficos.

En primer lugar se trata de un mar casi cerrado y relativamente cálido, rodeado de una compleja orografía, en la que se alternan elevadas cordilleras y estrechos valles, y a la presencia de golfos, islas y penínsulas de muy diversos tamaños.

Todo ello tiene importantes consecuencias sobre los fenómenos atmosféricos porque propicia una gran variabilidad espacial y temporal.

En segundo lugar, su posición geográfica coloca a la región bajo la influencia de diferentes circulaciones de gran escala, como las asociadas a las propias de latitudes medias o las circulaciones tropicales o subtropicales. Estas circulaciones de gran escala pueden verse modificadas por la morfología de la región y a su vez también pueden interactuar con las propias de menor escala espacial.

Entre las peculiaridades de la región mediterránea se encuentra su elevada capacidad de generar ciclones o de rejuvenecer a los ciclones que provienen de otras regiones, especialmente del Atlántico Norte, pero también del norte de África.

El Mediterráneo, "punto caliente" del cambio climático

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