Lago Turkana: de sequías a graves inundaciones por la crisis climática

Lago Turkana: de sequías a graves inundaciones por la crisis climática

En el lago desértico más grande del mundo, el Turkana, no queda prácticamente agua. Sin embargo, las proyecciones parecen indicar que el cambio climático ampliará el periodo de graves inundaciones en la zona, por lo que las autoridades piden potenciar la adaptación


El lago Turkana se presenta, con 7.000 kilómetros cuadrados, como el lago desértico más grande del mundo, además de ser uno de los paisajes más antiguos del mundo habitados por el ser humano actual ya que en sus inmediaciones se han llegado a encontrar fósiles de Homo sapiens que se remontan 200.000 años atrás. El Turkana se encuentra en el valle del Gran Rift en Kenia y, en su extremo norte, llega a penetrar en Etiopía.

No obstante, si por algo destaca el lago es por el enorme atractivo ecológico, que una vez estuvo ligado al de la cuenca del Nilo y que ahora se ha adaptado a las características semisalinas del lago. En cualquier caso, sus aguas acogen las pesquerías de mayor salinidad de África y los ciclos de inundaciones y sequías del lago otorgan dinamismo a una agricultura y ganadería de la que dependen más de 15 millones de personas.

Aunque la vida del lago no se podría explicar sin el río Omo, artífice de la llegada del 90% del agua anual del lago, del mismo modo que sin él tampoco se podría explicar la debacle que Turkana está sufriendo en estos momentos.

Según diversos estudios elaborados por distintas universidades, desde finales del siglo pasado se presentó un plan maestro para construir grandes centrales hidroeléctricas en el cauce del río para potenciar el desarrollo económico y la agricultura surgida alrededor de la cuenca. Eso sí, sin tener en cuenta “los posibles impactos derivados de las edificaciones”.

El proyecto más imponente nació en 2006 con la planificación de la construcción de la presa Gibe III, que con 240 metros se convertiría en la presa más grande del continente, del mismo modo que con su potencial productivo de 1.870 megavatios tendría la misma capacidad de generación eléctrica que Kenia.

Tras su construcción y diversos periodos de sequías, el lago quedó dividido en dos pequeñas balsas de agua que, para muchos, era un vaticinio de lo que estaba por llegar, y es que ya se estaba comparando su destino con el del mar de Aral, donde sólo queda el 10% del mar original.

Cambio de escenario

Si bien a corto plazo el futuro del lago parece encontrarse dentro de esta línea, un estudio el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) para apuntar hacia una dirección totalmente distinta en la que las inundaciones se conviertan en una norma en los alrededores del lago.

“Durante los próximos 20 años, el cambio climático probablemente podría conducir a lluvias más intensas sobre las entradas del río del lago Turkana, lo que elevaría los niveles de agua en el lago y aumentaría la probabilidad de inundaciones graves”, señalan desde el PNUMA.

Muchos asentamientos cercanos al lago desaparecerán por las inundaciones periódicas

Más que una salvación, esto puede representar la hecatombe para hasta ocho grandes asentamientos humanos erigidos alrededor del lago que podrán inundarse periódicamente en un escenario de cambio climático, sobre todo si no se invierte en adaptación.

Por este motivo, el informe hace llamado a mejorar la cooperación internacional y las medidas de adaptación, incluida la reforestación, la agrosilvicultura y evitar la construcción en áreas con riesgo de inundaciones.

“En los últimos dos años, el aumento del nivel del agua en el lago Turkana ha dañado los pastizales, inundado edificios y obligado a la gente a huir de sus hogares”, comenta Tito Ochieng, Director de Agua en el condado de Turkana en Kenia. “Pero todavía hay una mentalidad en Kenia de que los niveles del agua de los lagos están cayendo constantemente, lo que dificulta la planificación”.

El estudio también encontró evidencia de aumento del nivel del agua en los ocho lagos que bordean el Valle del Rift de Kenia. Las graves inundaciones en esos lagos en 2019 y 2020 dañaron hogares e infraestructura, e incluso, según los informes, provocaron un aumento en los ataques mortales de cocodrilos.



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