El Mediterráneo, paradigma del impacto del cambio climático en mares cerrados

El Mediterráneo, paradigma del impacto del cambio climático en mares cerrados

Los expertos hidro-ambientales señalan que el impacto del cambio climático sobre mares y océanos exige una gestión coordinada de la tierra, el agua dulce, las costas y el océano, especialmente en cuencas cerradas como el Mediterráneo


La segunda jornada de la  39 edición del Congreso de la Asociación Internacional de Ingeniería e Investigación Hidro-Ambiental (IAHR), ha celebrado el primer panel de alto nivel para abordar la «Gestión de mares cerrados bajo la amenaza climática», poniendo la gestión de Mar Mediterráneo como paradigma del impacto del cambio climático en estas aguas oceánicas.

El Congreso de Granada, según la organización de la IAHR, tiene lugar a orillas de uno de los mares cerrados más valiosos del mundo, el Mediterráneo, enmarcado con montañas nevadas al fondo. Y sucede en un momento en que el reciente sexto informe de evaluación del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático, seguido por la COP 26 en Glasgow, «nos ha advertido que el tiempo se está acabando si queremos salvar el planeta. «Necesitamos acelerar la acción tanto en la mitigación como en la adaptación al cambio climático, y como mar cerrado amenazado, el Mediterráneo es un buen ejemplo».

Expertos internacionales discuten este martes cuáles son las amenazas más urgentes y cómo se puede coordinar la acción desde ‘la nieve hasta el mar’ para resolverlas. El Mediterráneo es un caso clave, apoyado por experiencias de otros mares cerrados como el Báltico, el Mar Negro y el Mar de Bohai.

Torkil Jønch Claussen, presidente de la Plataforma de Acción para la Gestión del Origen al Mar, ha señalado en su introducción que nuestros océanos están bajo una seria amenaza, en gran parte debido a una trágica combinación de uso de la tierra, contaminación, degradación del hábitat, una mala gestión del agua dulce y el cambio climático.

La creciente competencia por el agua escasa y a menudo contaminada amenaza los medios de vida humanos y los ecosistemas y la biodiversidad. Como resultado, el océano sufre zonas muertas debido al agotamiento del oxígeno, islas de plástico, corales y humedales moribundos, y crece el número de especies marinas clave que están desapareciendo.

El cambio climático intensifica todos estos problemas. La temperatura y el nivel del mar están aumentando, los fenómenos meteorológicos extremos son cada vez más graves y frecuentes, y la capacidad vital de los océanos y los humedales costeros para salvar el planeta mediante la absorción de carbono se ve amenazada.

Al mismo tiempo, los recursos de agua dulce sufren cada vez más escasez y una mayor variabilidad en forma de inundaciones y sequías.

Los desafíos del agua dulce y del océano son interdependientes.

Las actividades realizadas en tierra afectan a los mares, y el aumento del nivel del mar, los ciclones y la intrusión de salinidad amenazan a las comunidades costeras y ribereñas.

Abordar todos estos desafíos exige para el Presidente de la Plataforma de Acción para la Gestión del Origen al Mar una perspectiva holística desde la nieve hasta el mar, a través de la gestión coordinada de la tierra, el agua dulce, las costas y el océano.

Insiste Claussen en que los Objetivos de Desarrollo Sostenible sobre el agua (ODS 6) y los océanos (ODS 14), así como el clima (ODS 13) y la biodiversidad (ODS 15), deben implementarse de la mano.

El Mediterráneo, una cuenca semi-cerrada

posidonia oceanica
Un buceador explora las praderas de ‘posidonia ocenica’, una planta endémica del Mediterráneo.

La cuenca del Mediterráneo es una de las zonas cero en la crisis climática: las sequías, la falta de agua dulce y la subida del nivel del mar se suman al rápido aumento de la temperatura de sus aguas, generando un violento impacto.

El calentamiento en esta zona aumenta un 20% más rápido que en el resto del planeta, superando ya los 1’5 grados por encima de los niveles preindustriales. Si no se toman medidas adicionales para la reducción de los gases de efecto invernadero, en 2040 ese incremento llegará a los 2’2 grados y en 2100 podría llegar a los 3’8.

De hecho, recientemente científicos del Grupo Mediterráneo de Cambio Climático del Instituto Español de Oceanografía (IEO), han demostrado que el ritmo al que aumentan la temperatura y salinidad se ha acelerado desde mediados de los años 90 y sube 2 grados centígrados por siglo en la cuenca Mediterránea.

El nivel del mar en el Mediterráneo Occidental también está subiendo a una velocidad similar a la de otras partes del planeta, unos 3 mm/año, lo que igualmente supone una aceleración de esta subida desde finales del siglo XX.

Ambos datos ya constatados ponen de manifiesto la importancia de los sistemas de observación y vigilancia de nuestros mares para la correcta detección de las alteraciones que pudieran producirse en el medio marino, ya sean debidas al cambio climático o a cualesquiera otra causa.

El mar más contaminado de Europa

Mediterraneo
Los países con las tasas más altas de vertidos de plástico en el Mediterráneo son Egipto (casi 74.000 toneladas/año), Italia (34.000 toneladas/año) y Turquía.

El Mediterráneo, pese a ser una cuenca semi-cerrada funciona casi como un mar cerrado. Aunque, recibe grandes cantidades de agua dulce a través del Danubio y los ríos rusos que desembocan en el mar Negro y del océano Atlántico, a través del estrecho de Gibraltar, agua más salada, el agua del Mediterráneo se renueva con una frecuencia de unos 97 años.

Esta lenta renovación agrava su principal problema que es la contaminación. Otra de las grandes amenazas de esta cuenca es la contaminación que lo convierte en el mar más contaminado del mundo y el más sobreexplotado de Europa.

El plástico supone el 95% de los residuos del mar Mediterráneo. Tan solo España arroja más de 126 toneladas de plásticos al día, colocándose como el segundo país que más plásticos vierte al Mediterráneo, según un estudio de WWF.

Otro de los grandes impactos en el Mediterráneo es la desaparición de las praderas de posidonia. La posidonia oceánica ha descendido hasta un 40% en tan solo cuatro años privando a la biodiversidad de un lugar esencial donde se alimentan y reproducen más de 400 especies de plantas marinas y 1.000 especies de animales, además de proteger las costas de la erosión de las olas.

Estas praderas verdes son una gran aliada de la lucha contra el cambio climático por su capacidad para absorber CO2: un metro cuadrado de las hojas de esta planta proporcionan unos 10 litros de oxígeno al día bajo las aguas, lo que la convierte en protagonista fundamental frente al cambio climático.

Otro de los desafíos para una buena gestión en el Mediterráneo es  el control de la especies invasoras. Más de 700 especies invasoras amenazan el mar Mediterráneo. El pez escorpión, el pez globo o el pez león son otras de las especies más peligrosas que están invadiendo poco a poco el Mediterráneo.



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