La ONU reclama igualdad en el acceso al agua de palestinos e israelíes

La ONU reclama igualdad en el acceso al agua de palestinos e israelíes

Un informe de la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, Michelle Bachelet, alerta sobre las las enormes desigualdades en el abastecimiento de agua entre Israel y Palestina en Cisjordania y pide tomar cartas en el asunto


En Cisjordania, la frontera entre Israel y Palestina es también una cuestión de agua. Durante el verano, los palestinos que habitan esta franja de tierra delimitada por el río Jordán y el mar Muerto sufren una grave escasez de agua que lleva al límite su capacidad de resistencia, mientras que los colonos israelíes cercanos disfrutan de cantidades ilimitadas no solo para beber, sino también para llenar piscinas, regar cultivos y lavar sus vehículos. Una situación que se puede comprobar de manera física: los tanques de agua en blanco y negro son omnipresentes en los techos de las casas palestinas en las ciudades y pueblos de Cisjordania, y de su llenado dependen miles de vidas cuando los grifos literalmente se secan durante semanas.

Ante esta situación, Naciones Unidas está reclamando con cada vez más ahínco una distribución equitativa del agua entre israelíes y palestinos. Así se afirma en un informe entregado el viernes durante la 48ª sesión del Consejo de Derechos Humanos en Ginebra, elaborado por la oficina de la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, Michelle Bachelet, en el que se pone de manifiesto la cruda realidad de la región: más de 14.000 palestinos en 180 comunidades de Cisjordania no tienen conexión a una red de agua, no gozan de acceso a infraestructuras adecuadas de saneamiento y se considera en general que corren “un alto riesgo de escasez de agua”.

La situación no es mucho mejor en Gaza, donde solo el 10% de casi dos millones de personas tienen acceso directo a agua potable limpia y segura. Pero lo peor podría estar aún por llegar, ya que el cambio climático y el crecimiento de la población influyen en la escasez de agua en Cisjordania, Jerusalén oriental y Gaza: se espera que la población palestina aumente de 5,2 a 7,2 millones para 2030, un periodo en el que el estrés hídrico de la zona podría duplicarse.

Además, el envejecimiento de la infraestructura también contribuye a la pérdida de agua, según el informe. “Un tercio de toda el agua suministrada a la Autoridad Palestina se pierde por fugas debido al mal estado de las tuberías y las redes de agua que unen a las comunidades palestinas en Cisjordania”, asegura Bachelet, que apunta además que se espera que haya una “brecha de suministro interno anual para Gaza y Cisjordania de aproximadamente 79 y 92 millones de metros cúbicos, respectivamente” para 2030, a menos que se realicen cambios en la situación.

El problema debería abordarse sobre todo en la franja de Gaza, que carece de electricidad y donde la infraestructura y las instalaciones esenciales han sido dañadas por las guerras de Hamas con Israel. Allí, las restricciones impuestas por Israel a la entrada de artículos de doble uso a Gaza que podrían ser confiscados por Hamas para uso militar han obstaculizado la reconstrucción de la infraestructura hídrica esencial, según el informe.

En cualquier caso, la ONU culpa de la situación general a Israel pero también a los cálculos geopolíticos de las grandes potencias, explicando que el sistema inequitativo de distribución de agua establecido por los Acuerdos de Oslo no está equipado para manejar las necesidades de la población palestina casi 30 años después y “no se están produciendo movimientos para actualizarlo”. En concreto, aunque este tratado de 1993 creaba una Comisión Conjunta del Agua compuesta por un número igual de israelíes y palestinos, en la práctica los sucesivos Gobiernos israelíes han vetado los proyectos palestinos y dan un trato preferencial a sus ciudadanos, incluso en los asentamientos de colonos que se han producido en las últimas décadas con cada vez mayor agresividad.

Por último, Bachelet explicó que Israel no había cooperado con la ONU, ignorando su solicitud de información y negándose a permitir la entrada de su personal al país. A pesar de esta situación, en sus conclusiones, la Alta Comisionada pidió tanto a Israel como a la Autoridad Palestina que tomaran medidas para abordar la situación.



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