El tratamiento de las aguas urbanas cambia la biodiversidad de los ríos

El tratamiento de las aguas urbanas cambia la biodiversidad de los ríos

La depuración de las aguas residuales para reducir la contaminación por fósforo y nitritos antes de retornar a los cauces fluviales aclara el agua, favorece la proliferación de flora y la aparición masiva de la molesta mosca negra


El desarrollo de la economía industrial a partir de mediados del siglo XX arrojó a los ríos importantes cantidades de fósforo y nitrógeno que enturbiaron los cauces, hoy la depuración de las aguas urbanas residuales ha devuelto la claridad a ríos y lagos y ha modificado la flora y la fauna fluvial fomentando la aparición de plantas subacuáticas y fauna molesta como la mosca negra (Simuliidae).

‘Cambiando nutrientes, cambiando ríos’ es el título del estudio en el que investigadores del CSIC y del Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentaria alertan de las consecuencias que están teniendo en los ecosistemas de nuestros ríos los actuales sistemas de tratamiento de las aguas urbanas.

Con el objetivo de solucionar esta contaminación orgánica, se ha mejorado en las últimas tres décadas la gestión del agua en las ciudades y el uso que se hace de los fertilizantes en la agricultura. Los resultados son positivos: cada vez hay menos fósforo y los ríos vuelven a tener un aspecto más transparente.

Sin embargo, el estudio alerta de que depurar las aguas para que sean más claras no siempre implica un retorno a las condiciones sanas del río, sino que también se pueden producir efectos indeseables en todo el ecosistema.

“Hemos conseguido limpiar las aguas de fosfatos pero no de nitratos y la principal consecuencia es que estamos creando nuevos desequilibrios”

rio Ebro
Río Ebro a su paso por Zaragoza

Es el caso del Ebro, donde a principios del siglo XXI se detectó un cambio repentino de la transparencia del agua por la disminución del fósforo.

Desde entonces se ha producido una proliferación de macrófitos (plantas acuáticas sumergidas) y la aparición masiva de mosca negra, que provoca importantes molestias a las poblaciones ribereñas.

La investigación, que han llevado a cabo Josep Peñuelas, ecólogo del CSIC en el Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF) de Barcelona, y Carles Ibáñez, del Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentaria (IRTA) en Sant Carles de la Ràpita, compara datos de ríos y estuarios mayoritariamente de Estados Unidos y Europa.

Estos espacios han pasado de estar eutrofizados, es decir, tener demasiados nutrientes, a una situación de nuevo desequilibrio entre el nitrógeno y el fósforo.

“Los tratamientos con depuradoras son de alcance mundial y habrá que estudiar las consecuencias reales con más profundidad, ya que hemos visto que no siempre son suficientes”, advierte Peñuelas.

Así pues, según señala Carles Ibáñez, “la mejora parcial de la calidad del agua tiene ventajas”, si bien “también genera inconvenientes si no se hace una gestión integrada a nivel de toda la cuenca de los ríos, teniendo en cuenta tanto los usos urbanos, agrícolas e industriales como los requerimientos ambientales”.

La eliminación del fósforo y el crecimiento del nitrógeno hace que modifique la estructura y función del ecosistema, y ​​por lo tanto para la gestión del medio ambiente el equilibrio de ambos nutrientes ha de ser tomado en consideración.

“Porque lo que es una buena noticia en términos de calidad del agua, tiene efectos sobre la estructura y composición de las comunidades biológicas que son complejos y presentan un desafío fundamental de gestión ambiental”.



Se adhiere a los criterios de transparencia de

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