Las "zonas muertas" de los océanos suponen una amenaza mayor de lo que se pensaba

Las “zonas muertas” de los océanos suponen una amenaza mayor de lo que se pensaba

Las conocidas como “zonas muertas” oceánicas, que han crecido drásticamente tanto en número como en volumen en las últimas décadas, ahora se expanden más allá del mar hacia fuentes de agua dulce en tierra. Según un nuevo estudio, es posible que hayamos subestimado el tamaño del problema


Los científicos las llaman “zonas muertas”: vastas extensiones de agua oceánica que contienen poco o nada de oxígeno, lo que hace que sea casi imposible para muchas formas de vida marina sobrevivir dentro de ellas. Estos peligros ecológicos gigantes, que han crecido drásticamente tanto en número como en volumen en las últimas décadas, ahora se expanden más allá del mar hacia fuentes de agua dulce en tierra, y según un nuevo estudio, es posible que hayamos subestimado el tamaño del problema.

La visión convencional de las “zonas muertas” (también conocidas como zonas mínimas de oxígeno y llamadas a veces  “zonas de sombra”) es que sus condiciones hipóxicas -bajas en oxígeno- se producen cuando el exceso de contaminación de las actividades humanas fluye hacia las aguas costeras, lo que fomenta el crecimiento de la proliferación de algas, que a su vez, se descomponen en material orgánico que se hunde. A medida que ese material orgánico cae lentamente al fondo del mar, atrae y consume oxígeno en un proceso que priva a la vida marina del mismo recurso vital.

Este proceso general es visto como la causa principal de las “zonas muertas”, pero podría haber otro factor importante detrás del problema que hemos pasado por alto hasta ahora, según un equipo internacional de investigadores dirigido por la biogeoquímica Sabine Lengger de la Universidad de Plymouth, en Reino Unido. “Nuestro estudio muestra que la materia orgánica que se hunde en el fondo marino no solo proviene de la superficie del mar, sino que también incluye una contribución importante de las bacterias que viven en el océano oscuro y que también pueden fijar el carbono”, dice Lengger, que ha publicado sus hallazgos en Global Biogeochemical Cycles.

En la actualidad hay casi 700 “zonas muertas”, mientras que en los años setenta sumaban tan sólo una cincuentena

Esto significa, según la investigadora que los modelos existentes estarían incompletos y habrían subestimado el alcance del agotamiento de oxígeno que se puede esperar si sigue avanzando el cambio climático.  Según los investigadores, que analizaron núcleos de sedimentos extraídos del fondo del Mar Arábigo, donde se encuentra la “zona muerta” más grande del mundo, las bacterias que habitan en aguas profundas podrían ser responsables de producir casi un quinto de la materia orgánica que existe en el fondo marino.

“Los modelos biogeoquímicos que funcionan bajo el supuesto de que toda la materia orgánica que se hunde se deriva fotosintéticamente, sin una nueva adición de carbono, podrían subestimar significativamente el grado de remineralización”, escriben los autores en su artículo. “Por lo tanto, la demanda de oxígeno en las “zonas de sombra” podría ser mayor de lo que sugieren las proyecciones, lo que llevaría a una expansión más intensa de lo esperado”.

Los hallazgos se producen pocos días después de la publicación de un informe científico publicado por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), que concluyó que las zonas muertas se están extendiendo como una plaga oceánica. En la actualidad hay casi 700, mientras que en los años setenta se contaba tan sólo una cincuentena.



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