La azolla tiñe de verde, rojo y gris las aguas del Guadiana, Tajo y afluentes del Duero

La azolla tiñe de verde, rojo y gris las aguas del Guadiana, Tajo y afluentes del Duero

Las elevadas temperaturas de las últimas semanas y la contaminación de los cauces fluviales del Tajo y Guadiana y diversos afluentes del Duero han hecho que la azolla vuelva a teñir de verde, gris y rojo las aguas de estos ríos comprometiendo la biodiversidad


El último mes y medio, el helecho de agua o azolla ha mostrado una capacidad desconocida para convertir una lámina de agua kilométrica en una alfombra primero verde, luego roja y finalmente gris.

Es una planta tan invasora y dañina como el camalote, las dos provocan fenómenos de anoxia o falta de oxígeno en las aguas que invaden y sus ciclos biológicos son parecidos: proliferan en primavera y verano y desaparecen en invierno.

El río Tajo a su paso por Parque Nacional de Monfragüe repleto de azolla o helecho de agua, una planta invasora que amenaza a especies autóctonas | Foto: @LaBioHuella
El río Tajo a su paso por Parque Nacional de Monfragüe repleto de azolla o helecho de agua, una planta invasora que amenaza a especies autóctonas | Foto: @LaBioHuella

En estos días las aguas del Tajo y del Guadiana a la altura del Parque de Monfragüe y del Parque Internacional del Tajo han mostrado la magnitud de un problema que se arrastra desde principios del siglo XX, fecha en la que esta planta exótica pasó de la actividad de acuariofilia al espacio natural generando un auténtico problema medio ambiental que compromete la fauna y la biodiversidad de estos cauces fluviales y el cumplimiento de calidad de las masas de agua, tal y como establece la Directiva Marco del Agua.

El río Almonte, a la altura de la toma de agua potable que abastece a la ciudad de Cáceres, aparece hoy completamente asfixiado de azolla | Foto: @PacoCastanares
El río Almonte, a la altura de la toma de agua potable que abastece a la ciudad de Cáceres, aparece hoy completamente asfixiado de azolla | Foto: @PacoCastanares

La azolla filiculoides es un pequeño helecho flotante de carácter invasor y objetivo del proyecto europeo Life Invasep. Los densos tapices que pueden llegar a formar limitan la llegada de luz impidiendo el intercambio gaseoso entre el aire y el agua y favoreciendo procesos de anoxia.

Estas modificaciones pueden provocar efectos adversos sobre la flora autóctona, lo que a su vez puede provocar cambios dramáticos en las relaciones tróficas del conjunto del ecosistema acuático.

Por otro lado, debido a la acumulación de masas de individuos, pueden generar problemas en infraestructuras hidráulicas así como interferencias en actividades como la pesca y la navegación.

Para conocer cómo se comporta esta especie en la cuenca del Tajo y establecer medidas de prevención y control se llevaron a cabo diferentes estudios para plantear soluciones preventivas y paliativas, que resultan especialmente dificultosas y con un elevado coste.

A lo largo de varios años expertos e distintas disciplinas han analizado la valoración del efecto producido por la azolla filiculoides en cursos de agua, su capacidad de asentamiento, dispersión y efectos sobre las comunidades acuáticas en la cuenca del Tajo.

Con los resultados obtenidos y con la información existente procedente de otras experiencias en el ámbito geográfico español, se ha procedido a la elaboración de protocolos de prevención, detección temprana y erradicación y control que pueden ser aplicables en los cursos de agua.

Del acuario al río

La vía principal de entrada de azolla es su cultivo para su uso ornamental en acuariofilia y jardinería.

Su escape a medios naturales por accidente o por imprudencia puede derivar en fuertes invasiones en estos medios, por ello son necesarias acciones de información sobre los peligros de la utilización de esta planta a los productores, distribuidores y responsables de su venta fomentando la sustitución de esta especie por otras autóctonas.

De esta manera se obtendrá un doble objetivo, la prevención de la introducción de Azolla y la mejora de la flora autóctona.

Los elementos que condicionan el crecimiento desenfrenado de Azolla son las condiciones físicoquímicas de las aguas y las características del cauce.

En este sentido es importante prevenir posibles facilitadores a la invasión, apoyándose en el control de estos elementos. El hábitat preferente de la azolla son humedales y cursos lentos de agua, tanto naturales como artificiales con altos niveles de eutrofización debido a actividades agrícolas, industriales y efluentes domésticos.

Los expertos coinciden en que es la concentración de fósforo disuelto en el agua el factor limitante que controla el crecimiento de azolla y el responsable de que este macrófito acuático pase a considerarse como especie invasora.

El helecho de agua comienza a comportarse como especie invasora cuando dicha concentración supera los 0,4-0,5 mg P/l (estudios llevados a cabo en Doñana) y la extinción del 90% y del 100% de la vegetación sumergida se da cuando se alcanzan valores de 0,69-0,99 mgP/l respectivamente.

Altas concentraciones de fósforos asociados con valores bajos de nitrógeno crean condiciones favorables para el crecimiento de la azolla cuando la temperatura del agua se aproxima 15°C.

La temperatura ambiental es el principal factor regulador del crecimiento de esta planta, viéndose muy limitado a temperaturas medias bajas, de entre 5-10ºC o inferiores, y temperaturas medias altas, que se convierten en letales a partir de los 35ºC. El desarrollo óptimo se da entre los 18 y 28ºC y ded ahí que en las últimas semanas haya proloferado extensamente.

Una de las características de esta especie es su capaciad de reproducción y productividad, y es que  es capaz de doblar su masa en sólo 6 días.

La Azolla filiculoides es como un helecho plano muy pequeño que no mide más de un centímetro y medio, pero tiene una sorprendente capacidad de propagación si las condiciones ambientales le son favorables, es decir, si hace calor y si hay fósforo.

Su momento estrella del año es la primavera.

Esta planta invasora, descrita por primera vez en España en 1907, sólo crece en aguas eutrofizadas con una concentración elevada de fósforo.

La especie de hojas diminutas es capaz de constituir una capa de hasta nueve centímetros que impide todo el contacto con el aire y la luz.

Las especies que viven debajo, por lo tanto, ya no tienen oxígeno y terminan muriendo o huyendo.


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