Clima y biodiversidad, el reto de nuestro tiempo

Clima y biodiversidad, el reto de nuestro tiempo

Clima y biodiversidad, el reto de nuestro tiempo

La extinción de especies y el cambio climático son los dos grandes retos ambientales de la humanidad en el siglo XXI. Aunque el discurso público suele separarlos, ambos están íntimamente ligados, como señalan los expertos y gestores ambientales. El Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático señala cuatro líneas de acción prioritarias para mejorar el manejo de los sistemas naturales en un contexto de clima cambiante


Pedro Cáceres | Director adjunto
Madrid | 26 junio, 2020


Existen unas líneas llamadas isofenas que utilizan los científicos para estudiar la relación entre el clima y las especies animales y vegetales. Las isofenas unen los puntos de un mapa en los que ocurre en la misma fecha cierto suceso de la vida vegetal o animal, como la llegada de un ave migratoria o la floración de una planta.

Esta ciencia se llama fenología, es decir, la parte de la meteorología que estudia las repercusiones del clima sobre los fenómenos biológicos periódicos. Durante décadas esto ha servido para saber, aproximadamente, la época de floración de cultivos y bosques, o para ver los cambios que se dan en la llegada estacional de aves migratorias o el despertar de animales que pasan el invierno aletargados.

En los últimos años, los mapas de isofenas, o los conocimientos sobre fenología que hemos usado hasta ahora, han saltado por los aires. Lo sabe bien el ecólogo Josep Peñuelas, investigador del Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (Creaf), con sede en la Universidad Autónoma de Barcelona, quien dirige un grupo puntero a nivel internacional en estas cuestiones. Sus conclusiones son rotundas: “En España, el efecto fenológico más claro es que la primavera avanza y el otoño dura más; por tanto, el invierno llega más tarde», afirma.

Mapa fenológico que muestra la llegada de la golondrina común a España. | AEMET

Hay miles de ejemplos, como la alteración en la llegada primaveral de las golondrinas, cuyo mapa histórico se muestra sobre estas líneas. Pero hay más. Por ejemplo, Peñuelas y su equipo han visto que la arribada del papamoscas cerrojillo, un ave insectívora que pasa el invierno en el Sáhara, ha perdido el compás que tenía con su principal fuente de alimentación: unas orugas que atacan a los robles. Cuando los papamoscas aterrizan en la Península las orugas ya han completado su ciclo vital. El papamoscas se queda sin comida y los robles se ven atacados por plagas defoliadoras que carecen de su controlador natural: el ave.

Pueden parecer anécdotas, pero multiplicadas por miles de casos, y por todo el planeta, muestran hasta qué punto el cambio climático está alterando los ritmos y equilibrios biológicos.

“Las plantas brotan antes; si las aves no se activan o no responden a la misma velocidad, cuando nacen sus pollos estos no disponen del alimento que deberían tener. Igualmente, si una especie de ave se alimenta de un insecto determinado y no lo encuentra, eso va a afectar a su situación. Y puede haber otra especie que haya adelantado su reproducción y que se haga más competitiva y la sustituya”, señalaba Peñuelas recientemente al dar a conocer uno de sus trabajos.

Al lector desavisado le parecerán curiosidades, pero no lo son. Indican un cambio en los ecosistemas que afecta al equilibrio de la naturaleza y, también, si nos ponemos en clave práctica, a los intereses humanos: todas las cosechas, de las cuales comemos, dependen de estas cuestiones fenológicas. Si los cultivos brotan, florecen o fructifican antes o después de tiempo, la producción puede alterarse por completo.

«La fenología es el ejemplo paradigmático y más claro del efecto biológico del cambio climático. Las alteraciones que estamos observando solo se explican por el calentamiento global», afirma Peñuelas.

Precisamente por ello, uno de los mayores retos que tiene la gestión de la biodiversidad en el momento actual es la adaptación al cambio climático y sus efectos.

Adaptación climática

El Gobierno español ha presentado apenas hace un mes el borrador del Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático (PNACC), que se encuentra en fase de alegaciones y pretende estar listo a finales de año.

El plan, elaborado por el Ministerio de Transición Ecológica y Reto Demográfico, busca crear una hoja de ruta que dé respuesta a las crecientes necesidades de adaptación al calentamiento global en España y evitar o reducir los riesgos económicos, sociales y ecológicos. Se trata con ello de favorecer una mejor preparación y recuperación ante los impactos del cambio de temperaturas y la inestabilidad meteorológica asociada.

Entre sus diversas líneas de acción, que tocan todos los aspectos económicos y ecológicos, el PNACC destaca el de la gestión de la biodiversidad.

En concreto, el borrador del Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático desgrana cuatro líneas de acción.

Estrategias de conservación

La  primera de las líneas de acción señaladas por el PNACC es la incorporación del factor cambio climático en las estrategias nacionales de conservación y en los planes de conservación y recuperación de especies amenazadas. Para valorar el cumplimiento de este área de trabajo, el Gobierno apunta dos indicadores: que la estrategias de conservación y los planes de conservación y recuperación de las especies catalogadas incorporen “medidas adecuadas para su conservación frente a los efectos previstos del cambio climático”; y que, además, “las actuaciones de conservación realizadas para especies catalogadas incluyan la ejecución sobre el terreno de medidas adecuadas relativas a mejorar su conservación frente a los efectos previstos del cambio climático”.

Adaptación al clima

El Estado español también considera que la planificación y gestión de áreas protegidas se debe llevar a cabo con criterios adaptativos al clima. En esta segunda línea de acción se requiere como indicador de cumplimiento que los principales instrumentos de planificación y gestión de las áreas protegidas, revisados o nuevos, incorporen la adaptación al cambio climático, además de incrementar la superficie de áreas marinas protegidas.

Infraestructuras verdes

Adaptar las infraestructuras al cambio del clima y apostar por opciones blandas y naturalizadas es otra de las líneas de acción del PNACC. Bajo la línea de acción número tres, titulada Mejora de la capacidad adaptativa de la Infraestructura Verde, el Gobierno propone apostar por las soluciones basadas en la naturaleza y, en concreto, potenciar las siguientes áreas de trabajo:

  • Intervenciones orientadas al mantenimiento o la mejora de la provisión de servicios de los ecosistemas, principalmente los de regulación, como los del ciclo hídrico o la escorrentía superficial de agua.
  • Intervenciones orientadas a la mejora de la permeabilidad ecológica del territorio y de la conectividad ecológica.
  • Intervenciones orientadas a la reducción de presiones sobre los sistemas naturales (cambios en las prácticas agrícolas, gestión ganadera, gestión forestal, gestión cinegética, etc.).
  • Intervenciones orientadas a la restauración ecológica de los ecosistemas

Especies invasoras

Por último, la cuarta gran línea de trabajo señalada por el PNACC respecto a la adaptación al cambio climático y la biodiversidad es el combate contra las especies invasoras. “Los registros acumulados sobre especies exóticas invasoras han aumentado un 40% desde 1980, de la mano del aumento del comercio y de las dinámicas y tendencias de las poblaciones humanas. Casi una quinta parte de la superficie terrestre corre el riesgo de sufrir invasiones de fauna y flora, con los consiguientes efectos sobre las especies autóctonas, la función de los ecosistemas y las contribuciones de la naturaleza a las personas, así como sobre las economías y la salud humana”, señala el PNACC.

Por ello, propone redoblar esfuerzos en este campo y, especialmente, identificar las especies alóctonas con mayor potencial de convertirse en invasoras en un contexto de cambio climático, haciendo que este conocimiento se integre en instrumentos para la planificación o de carácter preventivo o corrector, como son los catálogos de especies vetadas o sometidas a control.

Además, el PNACC propone que se ejecuten sobre el terreno medidas de gestión, control y posible erradicación aplicadas a estas especies, en caso de que se encuentren ya presentes en el territorio español.

Los planes del Gobierno

En línea con lo indicado por el PNACC, España aspira a liderar el apoyo a la aplicación de la Estrategia europea sobre Biodiversidad para restaurar los ecosistemas europeos, explicaba esta semana el secretario de Estado de Medio Ambiente, Hugo Morán, en una videoconferencia informal de ministros de Medio Ambiente de la UE.

En la reunión, Morán trasladó que España, “el país de mayor biodiversidad en el continente”, quiere tener un papel preponderante en ese ámbito, para ayudar a “prevenir futuros riesgos e impulsar también la resiliencia de la economía y la sociedad“, según recoge Efe.

Para el país, ese plan debe “constituir un elemento central del plan de recuperación a la pandemia, que ha evidenciado los vínculos entre la salud humana y la de los ecosistemas y el riesgo creciente de propagación de enfermedades infecciosas”.

Además de la Estrategia sobre Biodiversidad, presentada recientemente por la Comisión Europea, los ministros hablaron de la manera en que las políticas ambientales y climáticas europeas pueden contribuir a la recuperación económica.

En ese contexto, incidieron en que el Pacto Verde Europeo debe guiar la recuperación, impulsada con la puesta en marcha de tres iniciativas: la ley europea del Clima, el Plan de Acción de Economía Circular y la Estrategia de Biodiversidad a 2030.

España dejó claro que apoya “la nueva estrategia de crecimiento para la UE basada en la acción climática, el impulso a las energías renovables y la economía circular y la conservación de la biodiversidad”. Morán subrayó que la recuperación sostenible “requiere coherencia de políticas públicas y marcos regulatorios que propicien inversiones limpias”.



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