Día Mundial de la Biodiversidad: la lucha por el planeta

Día Mundial de la Biodiversidad: la lucha por el planeta

Día Mundial de la Biodiversidad: la lucha por el planeta

Hoy, 22 de mayo, se celebra el Día Mundial de la Biodiversidad, una jornada para aumentar nuestra consideración con el medio y sobre su degradación causada por la acción humana. El futuro de la humanidad depende de la diversidad biológica, por ello, y antes de que se nos acabe el tiempo, este año es clave para actuar

“Cada día me da más miedo salir de casa. Intento estar tranquila, pero es imposible. En nuestro barrio impera la incertidumbre ante la catástrofe que se nos viene encima. Mis hermanas me dicen que ignore todo lo que escuche y procure centrarme en mi propio bienestar, porque todo esto tendrá un final feliz, pero cada día me atrevo a pensar que esto es un callejón sin salida.

Cada día me da más miedo salir de casa. Hoy he escuchado susurrar a dos vecinas que el número de muertes aumentó muchísimo ayer, y que hoy se esperan aún más víctimas. Todo el que sale de casa vuelve extraño y con los mismos síntomas. Algunos se recuperan, pero la mayoría no lo cuenta.

Cada día me da más miedo salir de casa. Esta tarde se han cumplido todos mis temores: me ha tocado salir a trabajar porque ya casi no quedan almas que puedan hacerlo. Todo parecía tranquilo, como si no pasara nada. Sin embargo, pronto me percaté de que algo estaba sucediendo: casi no podía moverme, el cuerpo me pesaba y me estaba mareando. Sabía que no duraría mucho más, así que me tumbé en el suelo a esperar mi amargo final”.

Esta es la historia de una simple abeja que temía salir de su colmena por miedo a envenenarse con los productos químicos que los humanos lanzamos al ambiente. Por desgracia, no se trata de un caso aislado, sino un ejemplo más del sufrimiento que millones de víctimas inocentes sufren a raíz de nuestros actos.

Entre 1970 y 2014, la población silvestre global se redujo en un 60 %

Según un reciente informe de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la humanidad ha sido responsable de desplazamiento de un millón de especies, de las ocho millones que conocemos, al borde de la extinción. Muchas de ellas han desaparecido por el camino y las que han sobrevivido han quedado gravemente afectadas.

“El ritmo actual de extinción es de 100 a 1 000 veces mayor que el de épocas anteriores a la presencia humana en todo el planeta. Se trata del mayor caso de extinción desde que desaparecieron los dinosaurios hace 65 millones de años”, reza el documento.

Sin embargo, nuestro modelo de producción no solo está aniquilando a las especies, sino que está aniquilando los ecosistemas enteros. Los corales son el perfecto reflejo de este frenesí de destrucción sin precedentes. Según la ONU, durante los últimos 150 años su presencia en los mares se ha reducido a la mitad y, dada las proyecciones climáticas y tasas de contaminación, todo apuntan a que acabarán por extinguirse, arrastrando a todos los seres vivos que dependen de ellos para su supervivencia.

 

El problema es que la humanidad continúa avanzando por esta senda, olvidando que tanto nuestro propio bienestar como el de la propia economía que mueve el mundo están supeditados al mantenimiento de la integridad y resiliencia de los ecosistemas, asó como a las especies que están desapareciendo.

Se están destruyendo bosques tropicales a un ritmo muy rápido, lo que supone una pérdida anual de una superficie equivalente al tamaño de Grecia. Las áreas forestales globales ocupan hoy solo un 68 % del área que ocupaban en la era preindustrial

Como destaca la ONU, “cualquiera de los servicios ecosistémicos de los que disponemos, como el agua, energía o los alimentos, dependen por completo de unos ecosistemas saludables. En el momento que se realizan cambios en alguno de los elementos que componen la diversidad biológica, se producirán cambios en todo el sistema de vida y, como consecuencia, producir efectos negativos en él”.

El coronavirus es una de esas consecuencias. La reducción de la biodiversidad ha producido que desaparezca uno de los servicios ecosistémicos que nos ofrecía la naturaleza, que no era otro aquel que nos protegía contra los patógenos naturales.

Como explica el científico Fernando Valladares, profesor de investigación en el CSIC, al simplificar el ecosistema a través de su destrucción, hemos provocado que estrechemos nuestro contacto con los animales que portan patógenos nocivos para nosotros y, por tanto, somos más vulnerables a futuras pandemias, como la que estamos sufriendo actualmente.

De la noche a la mañana nos hemos transformado en esa abeja que tenía miedo a salir de casa. De la noche a la mañana nos hemos dado cuenta de que, tarde o temprano, este modelo acabará con nosotros. De la noche a la mañana nos hemos convertido en una víctima más de nuestros propios actos.

Por qué se destruye la biodiversidad

Según un documento de la Unión Europea, la principal razón de la crisis climática y de la pérdida de la biodiversidad reside en unos patrones no sostenibles de producción y consumo, basado en la fabricación, uso y posterior desecho al medio sin ningún miramiento.

Así pues, la extracción de los nuevos materiales para mantener esta economía lineal ha supuesto la destrucción del 90% de la pérdida de biodiversidad y de la mitad de las emisiones de gases de efecto invernadero.

“Nuestro modelo económico consumista a menudo implica que los ciclos políticos y las entidades públicas y financieras se centren en cuestiones a corto plazo sin tener en cuenta las implicaciones a largo plazo”, añade la UE.

En Europa, la causa principal de la pérdida de biodiversidad es la modificación del uso del suelo. Las prácticas agrícolas y forestales se han vuelto más intensivas, utilizan más aditivos químicos, dejan menos espacio entre campos de cultivo y utilizan una menor variedad de cultivos.

Esta falta de variedad conlleva, por ejemplo, un número mucho menor de insectos y, por consiguiente, menos aves. Otro factor son las subvenciones vinculadas a la producción, ya que fomentan la cantidad por encima de la calidad y la variedad.

En el pasado Día Mundial del Reciclaje, numerosos organismos clamaron por la reconversión de nuestra economía hacia una más respetuosa con el medio ambiente, basada en el bucle de la producción, el uso y la reutilización.

Llegó la hora de actuar

Parece que hemos llegado a un punto de no retorno, pero todavía tenemos una oportunidad para evitar el mismo destino que sufrió la abeja.

Una de las mayores preocupaciones sobre el cambio climático y la pérdida de biodiversidad es la existencia de puntos de inflexión. Se trata de umbrales críticos que no deberían alcanzarse nunca ya que, si se traspasan, se podrían desencadenar cambios bruscos e importantes que harían que un sistema pasara a un estado diferente.

“Necesitamos un cambio profundo y radical para detener la pérdida de biodiversidad superficial y subterránea y dejar de dañar la naturaleza”, declara la UE

“En una ocasión, el biólogo estadounidense Paul Ehrlich comparó la pérdida de especies con ir quitando remaches de un avión al azar. El avión seguirá volando durante algún tiempo, pero en algún momento ocurrirá un fallo catastrófico”, recuerda la UE.

Los numerosos informes emitidos por los paneles de expertos, como Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en ingles) indican que la crisis climática ya no se puede frenar, pero que aun estamos estamos a tiempo de mitigar la mayoría de los impactos, siempre que no se traspase la barrera situada en el 2030.

Por eso, la llegada del 2020 supone el comienzo de una nueva etapa vital para la conservación de la Tierra. Cualquier decisión que se tome más tarde, no tendrá la capacidad de nuestros actos de mismo modo que si se tomasen ahora. Se acaba el tiempo.

“La crisis del coronavirus ha demostrado cuán vulnerables somos todos y cuán importante es restablecer el equilibrio entre la actividad humana y la naturaleza. El cambio climático y la pérdida de biodiversidad son un peligro claro y presente para la humanidad”, Frans Timmermans, vicepresidente ejecutivo del Acuerdo Verde Europeo.

 

Por ello, y a pesar de la profunda crisis que está produciendo el coronavirus, la Unión Europea (UE) ha dado un paso al frente para devolver la salud a este planeta extenuado a través de la aprobación de su estrategia de conservación de la biodiversidad para 2030.

Con una financiación de 20.000 millones de euros anuales, la UE pretende con este plan reducir el uso no sostenible de tierra, mitigar la sobreexplotación de los recursos naturales, la contaminación y expulsar a las especies exóticas invasoras.

También tiene como objetivo hacer que las consideraciones sobre biodiversidad sean una parte integral de la estrategia general de crecimiento económico de la UE:

“La estrategia propone, entre otros, establecer objetivos vinculantes para restaurar los ecosistemas y ríos dañados, mejorar la salud de los hábitats y especies protegidas de la UE, devolver los polinizadores a las tierras agrícolas, reducir la contaminación y ecologizar nuestras ciudades”, destaca la UE.

Conservar y restaurar la biodiversidad y los ecosistemas puede ser fundamental para hacer frente al cambio climático. Por ejemplo, se podrían alcanzar un 30 % de nuestros objetivos para mitigar el cambio climático con soluciones basadas en la naturaleza

“En el 2030, el 30% de las tierras y mares de Europa estarán incluidos como áreas protegidas, administradas de manera efectiva”, añade el organismo.

Por otro lado, este plan aspira reducir la huella ambiental y climática del sistema alimentario de la Unión Europea y fortalecer su capacidad de recuperación. Para ello reducirá en un 50% el uso de pesticidas y ventas de antimicrobianos utilizados para animales de granja y acuicultura, y aumentará en un 25% el número de tierras agrícolas ecológicas.

“Los agricultores, pescadores y productores acuícolas europeos desempeñan un papel clave en la transición hacia un sistema alimentario más equitativo y sostenible”, declara la UE.

Sin embargo, este es solo un pequeño ejemplo de lo que está por venir. El 2020 también será testigo del periodo final del Plan Estratégico para la Diversidad Biológica 2011-2020 y la reformulación de las Metas de Aichi para el 2030, en la COP 15 sobre Biodiversidad de octubre.

El 2020 es el año de la biodiversidad y hoy, en el Día Mundial sobre la biodiversidad, más que nunca tenemos que ser conscientes de nuestro papel como artífices de esta situación y de nuestra responsabilidad para aplanar y reducir la curva de destrucción.

Hoy, y bajo la crisis del coronavirus, debemos aprovechar el momento para reflexionar sobre nuestros actos y aprovechar este contexto como una oportunidad de labrar un futuro verde, porque si no lo hacemos, solo nos quedará tumbarnos para esperar nuestro amargo final.



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