La patata, un cultivo esencial para mantener la seguridad alimentaria

La patata, un cultivo esencial para mantener la seguridad alimentaria

Como cada 31 de marzo celebramos el Día Mundial de la Patata para reconocer la importancia de un alimento que, gracias a sus cualidades, se ha convertido en el cuatro producto más cultivado en el mundo, detrás del maíz, trigo y arroz


Los conquistadores españoles no se imaginaban que, además del oro, en América iban a encontrar otro tesoro amarillo que revolucionaría la agricultura a nivel mundial y cambiaría el curso culinario de la historia: la patata (Solanum tuberosum). Este tubérculo es un elemento fundamental de la dieta global y ha salvado de la hambruna a millones de personas en momentos clave como guerras y epidemias. Por eso son muchos los que afirman que el elemento de mayor valor que se encontró en el continente americano fue la patata y no el oro.

Hoy por hoy se se trata de un elemento indispensable para garantizar la seguridad alimentaria de las regiones, algo que el oro, por mucho que se esfuerce, no puede otorgar. Porque los humanos, al igual que el resto de los seres del planeta, nos sustentamos de agua y alimentos, y no de riquezas.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la importancia de este producto es tal, que en apenas 200 años ha logrado situarse como el cuarto alimento más cultivado en el mundo, detrás del maíz, el trigo y el arroz.

Su principal cualidad es que se trata de un alimento que, si bien posee relativamente pocos nutrientes, es capaz de ofrecer una importante fuente de energía al contener gran cantidad de carbohidratos. Además, las patatas se presentan como el tubérculo con el contenido de proteínas más elevado, en torno al 2,1% del peso del producto en fresco. Unas proteínas que, por otro lado, están constituidas con aminoácidos adecuados a las necesidades humanas, según la FAO.

La patata, además, destaca por su uso productivo del agua, ya que ofrece más alimento por unidad de agua que cualquiera de los demás cultivos principales. En este sentido, por cada metro cúbico de agua aplicada a su cultivo, la patata produce 5.600 calorías (kcal) de energía alimentaria, en comparación con las 3.860 calorías del maíz, 2.300 del trigo y sólo las 2.000 del arroz.

Con el mismo metro cúbico, la patata brinda 150 gramos de proteína, el doble que el maíz y el trigo, y 540 mg de calcio, el doble que el trigo y cuatro veces lo que ofrece el arroz.

Por tanto, la FAO indica que si se aumentara la proporción de patata en la alimentación se reduciría la presión sobre los recursos hídricos. Eso sí, el organismo señala no sería práctico una alimentación basada en la patata, pero sí que se debería aumentar el consumo de productos industriales de este tubérculo y la extracción de sus nutrientes.

Por esto y más cualidades, la patata ha sido reconocida con un Día Mundial por la Organización de las Naciones Unidas, que se celebra hoy, 31 de marzo.

Un tubérculo incomprendido

El cultivo de patata se originó hace unos 8.000 años en las montañas de los Andes y generaciones de campesinos han creado la imponente cantidad de 5.500 variedades de este cultivo en el continente.

Los españoles la redescubrieron durante la conquista de las américas y la importaron a Europa a mediados del siglo XVI. Sin embargo, y a pesar de su variedad y actual importancia, la patata por aquel entonces era considerada como un adorno y en muy pocas regiones era consumida en gran medida.

El nacimiento del éxito de la patata tuvo que esperar hasta la llegada Antoine-Augustin Parmentier (1737-1813), que, en compensación por alzar a este tubérculo a la gloria, hoy en día su apellido da nombre a un amplio abanico de restaurantes y, sobre todo, a la receta del puré de patatas.

Parmentier pretendió que la patata fuese igual de consumida que otros productos, como el maíz, ya que se trataba de un alimento fuente de energía

Parmentier, naturalista y químico francés, empezó aquella gesta cuando acabó su cautiverio en Prusia, después de ser capturado durante la Guerra Franco-Prusiana de los Siete Años.

En libertad, volvió a ejercer su influencia en la corte gala, donde animó a Luis XVI, monarca francés, a considerar las propiedades nutritivas de la patata, un producto con el que Parmentier se alimentó durante su estancia en Prusia.

Cabe destacar que aunque la patata no era en Prusia el manjar que conocemos hoy en día, sí eran más abiertos a consumirla que en Francia. De hecho, el rey Federico II de Prusia forzó a los campesinos de su país a propagar esta planta en sus cultivos.

Luis XVI, en vista de la hambruna que asolaba su pueblo durante aquella época, decidió dar una oportunidad a este alimento como sustituto del maíz. El método que siguieron el monarca y Parmentier fue otorgar al alimento de una popularidad sin precedentes a través de una campaña de marketing que en la que se trató de asemejar el alimento con un producto de la alta nobleza.

Aquello fue todo un éxito y los ciudadanos pronto tuvieron la necesidad de consumir ese alimento valioso que, para finales del siglo XVIII, ya estaba presente en muchas mesas de Europa. Ahora, la popularidad de la patata es más que indiscutible. Si que es cierto que en los países desarrollados su consumo ha disminuido, pero su legado continua anclado en muchas culturas, como la española, que gracias a la patata posee su icónica tortilla de patatas.

¿Qué sería de la cocina mundial sin patatas?

Sin este tubérculo no sólo nos quedaríamos sin nuestra tortilla más querida, también perderíamos las ‘papas arrugás‘ canarias, las patatas a la riojana o la reina de las tapas, la ensaladilla rusa que, si bien tiene su origen en Moscú, en España tiene rango de delicia nacional.

En Reino Unido no podrían comer fish and chips ni shepherd´s pie, y por supuesto en Italia no habría ñoquis ni boxtys en Irlanda. Francia se habría perdido el delicioso aligot y el hachis parmentier y Alemania no sabría con qué acompañar las salchichas ni qué hacer sin kartoffelpuffers ni schupfnudels.

También la cocina asiática echaría de menos las vadas, las samosas, los korokke y las bondas.

Pero quien más sufriría es el continente de donde es originaria: no existiría la papa a la huancaína, la causa rellena, la ocopa, los chuños, las chapaleles, la chochoca o el milcao.

En fin, que las cocinas de todo el mundo serían más tristes si no tuviéramos este manjar que nos acompaña siempre, desde los platos más sencillos a los más elaborados. Bendita patata. Que no nos falte nunca.

Ahorro de agua en la patata

Las variedades modernas de patata son sensibles a la falta de agua en el suelo y necesitan una irrigación frecuente y superficial. En este sentido, un cultivo de patata producido de 120 a 150 días consume de 500 a 700 mm de agua.

No obstante, para reducir las necesidades de agua de la patata, los científicos están creando variedades resistentes a la sequía, con sistemas radiculares más largos. Pero se puede economizar una cantidad considerable de agua en el cultivo de las variedades comerciales de hoy mediante la planificación del calendario y la profundidad de las aplicaciones de agua de acuerdo a las etapas específicas del ciclo de crecimiento de la planta.

En general, la falta de agua durante la parte media y final del período de crecimiento, es decir, durante la estolonización y el inicio de la formación de los tubérculos y el crecimiento de los mismos, tiende a reducir la producción, mientras que el cultivo sufre menos la falta de agua al inicio del crecimiento vegetativo.

También se puede economizar agua permitiendo un mayor agotamiento hacia el período de maduración, a fin de que el cultivo utilice toda el agua disponible en la zona de las raíces, práctica que también puede acelerar la maduración y aumentar el contenido de materia seca.



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