El plan de Madrid de eliminar 12.000 cotorras invasoras enciende un debate entre ética y gestión de fauna - EL ÁGORA DIARIO

El plan de Madrid de eliminar 12.000 cotorras invasoras enciende un debate entre ética y gestión de fauna

El Ayuntamiento de Madrid anunció a principios de octubre que ultima un plan para acabar con las cotorras argentinas en

Adeline Marcos | Especial para El Ágora
Madrid | 25 octubre, 2019

Tiempo de lectura: 9 min



El Ayuntamiento de Madrid anunció a principios de octubre que ultima un plan para acabar con las cotorras argentinas en la ciudad. En total serán eliminados cerca de 12.000 ejemplares que, en la actualidad, suponen una grave amenaza para la biodiversidad urbana y el medio ambiente. El consenso científico es tan claro como impopular: la única manera de atajar el problema es sacrificar a los ejemplares adultos

La cotorra argentina (Myiopsitta monachus) fue avistada por primera vez en libertad en España en 1975. Fue en Barcelona. Desde entonces, dado su éxito reproductor, estas aves, incluidas en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras, pueden contarse por millares en todo el país. Lo mismo ha ocurrido con la cotorra de Kramer (Psittacula krameri).

Solo en la ciudad de Madrid las cotorras argentinas han pasado en los últimos tres años de 9.000 a 12.000 individuos, un aumento del 33%, según el último censo realizado en la capital por la organización SEO/BirdLife. Por eso, el Ayuntamiento de Madrid ha anunciado la puesta en marcha de un plan para erradicarlas a partir del 2020. La decisión ha suscitado cierta resistencia social.

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Ambas especies formaban parte en los años 70 de un lucrativo negocio de importación desde sus países de origen para convertirlas en animales de compañía. Durante cerca de tres décadas se estima que más de 190.000 cotorras argentinas fueron importadas legalmente desde Uruguay y Argentina y unas 63.000 cotorras de Kramer se trajeron a España desde Pakistán y Senegal, según un estudio publicado en la revista Ardeola.

Durante tres décadas más de 190.000 cotorras argentinas y unas 63.000 cotorras de Kramer se importaron a España legalmente como animales de compañía. Muchos de estos pájaros fueron liberados por sus dueños

“Estas aves pueden vivir en condiciones naturales entre 13 y 17 años, por lo que de las primeras que se importaron ya no queda ninguna. Además, nosotros solo tratamos las que se importaron legalmente”, explica para El Ágora Antonio Román Muñoz, científico en el departamento de Biología Animal de la Universidad de Málaga y coautor del trabajo. La investigación apunta al comercio internacional como la principal causa de origen de las poblaciones naturalizadas.

Tras su llegada a España, muchos de estos pájaros, que procedían de entornos salvajes, fueron liberados por sus dueños. Otros se escaparon y se hicieron autosuficientes. El crecimiento de sus poblaciones ha sido exponencial en estado silvestre, aunque el comercio de las dos especies se prohibió en 2005.

En la actualidad, más de 20.000 ejemplares de cotorras argentinas y otros 3.000 de Kramer pululan por los parques y ciudades de España, el segundo país del mundo con mayor número de cotorras argentinas. Así lo evaluó la organización SEO/BirdLife en su primero censo nacional de estos psitácidos invasores realizado en 2015.

Un éxito invasor sin igual

Estas llamativas agapornis representan las dos especies de loro con mayor éxito invasor del mundo. Su presencia no solo provoca daños a los cultivos, con grandes pérdidas en cosechas de maíz, ciruelas y peras en España, sino que compiten con otras aves y murciélagos por los lugares de nidificación y refugio.

Las aves invasoras son capaces de desplazar a especies nativas raras y vulnerables, como el cernícalo primilla (Falco naumanni), un ave rapaz amenazada y en declive, o el nóctulo gigante (Nyctalus lasiopterus), el mayor murciélago de Europa que es atacado de manera agresiva por las cotorras en una de sus mayores colonias: el Parque de María Luisa en Sevilla. El número de refugios del murciélago se ha reducido en más de un 70% debido a la presencia de las cotorras.

Las cotorras atacan y desplazan a especies nativas raras y vulnerables, como el cernícalo primilla, un ave rapaz amenazada y en declive, o el nóctulo gigante, el mayor murciélago de Europa 

Un equipo de científicos, liderado por Joan Carles Senar, jefe del  grupo de Ecología Evolutiva y de la Conducta del Museo de Ciencias Naturales de Barcelona, asegura, por otra parte, que las cotorras argentinas tienen mayor éxito reproductor en los lugares en los que se acomodan –como España y otros países europeos como Reino Unido, Francia, Bélgica, Alemania o Italia, entre otros–, que en sus países de origen.

Una razón es que el nivel de predadores de nidos es mucho más bajo aquí. “En Sudamérica hay muchos predadores de nidos, como serpientes o pequeños mamíferos”, indica para El Ágora Senar. La predación de los adultos es también mucho menor en España. “Por otro lado, aquí hay posiblemente una mayor abundancia de alimento, en parte proporcionada por los humanos”, continúa el científico.

Así, la ausencia de depredadores y la alta disponibilidad de comida producen “una elevada tasa reproductiva y una reducida mortalidad”, añade Román. Las condiciones para estos pájaros mejorarán además en una Europa cada vez más cálida por el cambio climático.

Una cotorra argentina bebe una fuente junto a otras aves.

Aparte de los daños a la biodiversidad y al medio ambiente, y las molestias que causan en las ciudades, otra de las amenazas que presentan las cotorras es el riesgo de enfermedad, como la de Newcastle, la gripe aviar o la psicatosis, también conocida como la fiebre del loro.

Esta infección, con síntomas similares a una neumonía, puede transmitirse al ganado –siendo la principal causa de aborto en las ovejas– y a los seres humanos. El impacto será mayor a medida que sus poblaciones crezcan en tamaño y densidad, informan desde el Centro Europeo de Monitoreo ParroNet, una red de investigadores y responsables políticos de 16 países europeos, incluido España, que estudia la propagación, los impactos, las características evolutivas y las percepciones sociales de estos loros exóticos.

Los métodos más eficaces para eliminarlas

Ante el aumento imparable del número de ejemplares y dada su condición de ave invasora, su control es obligatorio, por ley. El Ayuntamiento de Madrid anunció la puesta en marcha del primer plan integral, aún por ultimar, para reducir y controlar la población de estas aves en la capital en los próximos meses. Los métodos incluirán la captura de ejemplares para su posterior sacrificio, realizado de manera ética y controlada en centros especializados, y la esterilización de los huevos, según han asegurado desde el ayuntamiento.

Santiago Soria, jefe del Servicio de Biodiversidad e Inventario del Ayuntamiento de Madrid, explicó que el control es necesario para evitar que esta población siga creciendo, pero detalló que el objetivo no es reducirlas a cero. “El espíritu de la ley es que no hagan daño a nuestra fauna”, ha manifestado.

Para los científicos la captura y eliminación de los pájaros es la única manera de erradicar estas aves invasoras. “Las poblaciones de cotorras están creciendo de forma exponencial, y con ella los problemas. No eliminarlas ahora incrementará el coste y la dificultad de su control en el futuro”, recalca Joan Carles Senar.

Nido de cotorras argentinas (Myiopsitta monachus).

La comunidad científica coincide en que objetivamente es una acción necesaria, aunque existen otras estrategias, como la supresión de nidos. “El método de trampear a los adultos en los nidos es adecuado. Eliminar huevos (o pincharlos o parafinarlos) no sirve realmente de mucho”, afirma el experto.

El investigador realizó una labor de marcaje y recaptura de casi medio millar de cotorras argentinas en Barcelona hace una década para comprobar la eficacia de los métodos de control poblacional. Los resultados demostraron que la estrategia de manejo más efectiva es la erradicación mediante captura de aves (en áreas urbanas) o tiro (en áreas rurales) durante el periodo verano-invierno.

“Nuestro artículo, basado en modelos de dinámica de poblaciones, mostraba que eliminar individuos es el doble de efectivo que intentar que los individuos no se reproduzcan (como por ejemplo esterilizar huevos, eliminar nidos, etc.)”, explica para El Ágora. La razón es que estos psitácidos viven bastantes años. “Si eliminas a un individuo, lo eliminas a él y a muchas otras reproducciones, tanto de él como de sus hijos, nietos, etc.”, asevera.

Como no todas las estrategias son igual de eficaces, desde la red europea ParroNet piden armonizar los métodos para suprimir la plaga y unificar los resultados. Pero entra en juego otro factor: “No solo depende del tamaño poblacional, sino también del nivel de concienciación de la población expuesta a la especie”, dice Antonio Román.

Preocupación por el bienestar animal

Desde que el ayuntamiento de Madrid anunciara su plan de erradicación de pájaros, varias organizaciones como PACMA, por ejemplo, se han manifestado en contra de esta práctica que, según exponen, “gaseará a las aves con un químico tóxico y mortal, provocándoles una muerte agónica y dolorosa”.

La reacción ante este tipo de métodos de control de animales, sobre todo los que incluyen sacrificios, es a menudo inevitable. “A muchas personas les gusta tener loros verdes en sus ciudades y jardines, y los consideran un adorno inofensivos”, apuntan desde ParroNet. También hay preocupación porque son “seres vivos y de colorines”, añade para El Ágora Juan Carlos del Moral, coordinador del censo de cotorras de SEO/BirdLife.

La propia asociación ornitológica ha recibido quejas de socios descontentos, según manifiesta Del Moral. “Solo por el hecho de haber realizado un nuevo censo, haber obtenido que la población sube de forma preocupante y reclamado que se cumplan las leyes”, confiesa el experto.

Cotorras de Kramer (Psittacula krameri).

El apoyo que reciben estas llamativas y ruidosas aves por parte de la gente desemboca en un conflicto socioambiental complejo, pero legítimo. “En muchas ocasiones es incluso positivo que haya oposición a determinadas decisiones porque estas discrepancias pueden generar debates enriquecedores”, cuenta para El Ágora Miguel Delibes Mateos, investigador en el Instituto de Estudios Sociales Avanzados del CSIC.

Hasta hace poco tiempo, “era impensable que se hablase del bienestar animal y afortunadamente hoy en día se ha avanzado mucho en este tema gracias, en parte, a este tipo de respuestas sociales”, continúa. En el caso particular de especies introducidas como las cotorras, existen varias razones por las cuales las personas suelen oponerse a la gestión de la vida silvestre, aunque muchos otros vecinos las consideran molestas y hasta agosto de este año han puesto 197 quejas solo en el ayuntamiento de Madrid.

“Es posible que no consideren que la especie esté lo suficientemente extendida o que sea tan problemática como para requerir control; pueden estar en desacuerdo con los métodos utilizados, particularmente si hay problemas de bienestar animal; o podrían no pensar que los beneficios del control superan a los costes”, aclara para El Ágora Sarah Crowley, investigadora en el Instituto de Medioambiente y Sostenibilidad de la Universidad de Exeter (Reino Unido).

La científica es buena conocedora del problema. En un artículo, publicado este año en el Journal of Environmental Management, Crowley y su equipo trataron de entender por qué ciertas iniciativas dirigidas a la vida silvestre “carismática” son tan controvertidas.

Al analizar una prueba de erradicación de pequeñas poblaciones de cotorras en Inglaterra en 2011, los científicos se dieron cuenta de que la oposición se centraba en tres puntos: los desacuerdos sobre la justificación de la gestión, el desarrollo de vínculos afectivos entre personas y aves, y la influencia de relaciones desconfiadas y antagónicas entre los que defienden y los que rechazan la gestión.

La resistencia social provocó que ciertas medidas de control (como disparar) se prohibieran, pero, a lo largo del tiempo, se consiguió que la población de estas agapornis se redujera sustancialmente gracias al tratamiento y eliminación de huevos. “Probablemente terminará siendo erradicada”, avanza la investigadora.

En busca de un equilibrio socioambiental

¿Realmente es posible solucionar esta disputa socioambiental? “Es difícil, pero si los científicos han catalogado a la especie exótica invasora, es decir, la consideran un peligro contra la fauna, la flora, las personas y nuestra economía, las personas deben comprender el problema y que es mejor actuar cuanto antes. Cuanto más se espere, más caro, más difícil y más afecciones contra el medio pagarán las especies autóctonas, vegetación, etc.”, dice Del Moral.

Pero lo primero que se debe hacer es comprender los motivos del rechazo. “Si no se sabe por qué las personas se oponen a algo, es muy difícil persuadirlas de manera efectiva para que lo apoyen”, indica la investigadora británica, que sugiere planes de gestión más anticipatorios, flexibles, sensibles e inclusivos.

La conocida como “crisis de la experiencia” ha provocado una disminución del conocimiento de la mayoría de la gente sobre el funcionamiento de los ecosistemas naturales

A pesar de que las decisiones de gestión tengan, como es el caso, respaldo de la comunidad científica, “llegar al equilibrio suele llevar su tiempo y pasa irremediablemente por acercar la ciencia a la sociedad”, asegura Delibes. “Los científicos debemos explicar los efectos e impactos perjudiciales de las especies invasoras y la idoneidad de su control con determinados métodos”, añade.

La necesidad de aumentar la transferencia de información desde la comunidad científica está estrechamente ligada a la creciente desconexión de la naturaleza de una sociedad cada vez más urbana. Es la conocida como “crisis de la experiencia” que, según el investigador del CSIC, ha provocado una disminución del conocimiento de la mayoría de la gente sobre el funcionamiento de los ecosistemas naturales.

Cotorras argentinas (Myiopsitta monachus).

“Hace décadas, por ejemplo, buena parte de la sociedad conocía las especies de aves de los parques y se habría percatado del impacto de las cotorras sobre las mismas”, asevera. En la actualidad, para evitar el sufrimiento animal, algunos sectores proponen capturarlas y enviarlas a sus áreas de distribución natural, donde pueden llegar a ser incluso más dañinas. Para el científico, esta solución no tiene en cuenta ni el coste que conllevaría emprender esta medida, ni los impactos ecológicos y sociales que podrían tener las áreas de acogida.

En los próximos meses, la capital ejecutará previsiblemente su plan para el control de estos loros invasores, siguiendo unas recomendaciones científicas que no dejan lugar a dudas: no existe alternativa más que retirar todas las aves de su estado en libertad. “Es lo que exige el Real Decreto 630/2013 y las administraciones deben cumplirlo”, concluye el experto de SEO/BirdLife.



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