Mejillones, cangrejos y plantas: las invasoras que amenazan a la península Antártica - EL ÁGORA DIARIO

Mejillones, cangrejos y plantas: las invasoras que amenazan a la península Antártica

La presencia humana en el continente helado unida al aumento de las temperaturas favorece la llegada de especies invasoras a la Antártida. Un equipo internacional de científicos con participación española ha identificado 13 especies que tienen un alto riesgo de colonizar la península Antártica en la próxima década


La Antártida es un templo helado consagrado a la investigación, un territorio prístino sobre el que se cierne una amenaza silenciosa: las especies invasoras. Las únicas actividades humanas desarrolladas en la región –el trabajo de los científicos y el turismo– llevan aparejadas la presencia de seres vivos de distintos puntos del planeta que pueden alterar el equilibrio de este ecosistema polar.

Una investigación publicada hoy en la revista Global Change Biology analiza cuáles serán las especies invasoras que pueden suponer una amenaza para la región de la península Antártica en la próxima década. Esta zona engloba, además de la península Antártica, las islas Shetland del Sur y las islas Orcadas del Sur. Al ser la región más septentrional del continente (la más cercana a América del Sur), goza de mejores condiciones climáticas, por lo que concentra la mayor parte de las bases antárticas.

La península Antártica es la región más septentrional del continente helado y concentra la mayor parte de bases antárticas/ Wikipedia

Tras analizar más de un centenar de especies, el equipo de científicos concluyó que 13 serán las más propensas a invadir la región en los próximos 10 años: ocho invertebrados marinos, dos invertebrados terrestres, dos plantas terrestres y un alga marina. Algunas de estas especies incluyen mejillones (entre ellos el mediterráneo), cangrejos (como el de mar común), gusanos marinos, ácaros y plantas con flores.

“Pensamos que es probable que estas 13 especies lleguen a la Antártida, se establezcan y tengan impactos negativos en las comunidades biológicas locales, es decir, se vuelvan invasoras”, explica a El Ágora Kevin Hughes, responsable de Monitorización e Investigación ambiental del British Antarctic Survey (Reino Unido) y autor principal del estudio.

Aunque algunas islas subantárticas como isla Marión o Georgia del Sur ya han sido colonizadas por ratas, ratones y otros vertebrados, no se espera que lleguen a la península Antártica a corto plazo, según los autores.

Las invasoras que ya han llegado

Tras estudiar cientos de artículos científicos, informes y bases de datos, el equipo de científicos elaboró una lista de 103 especies que tenían probabilidades de llegar a la región de la península Antártica. Entre los expertos estaba el español Pablo González-Moreno, investigador del departamento de Ingeniería Forestal de la Universidad de Córdoba que durante el análisis formaba parte de la organización intergubernamental CABI (Reino Unido).

Hábitat terrestre típico en la Antártida, dominado por musgos y líquenes/ Kevin Hughes

“Participé como experto en especies invasoras dentro del grupo taxonómico de plantas”, señala a El Ágora. Los científicos evaluaron el centenar de especies según tres criterios principales: el riesgo de entrada en la península Antártica, el riesgo de establecerse (sobrevivir y tener descendencia) y la probabilidad de generar un impacto negativo en la biodiversidad y en los ecosistemas de la región.

“Las listas de cada grupo taxonómico se unieron y ordenaron según su riesgo acumulado. Esta lista se discutió con todos los expertos para llegar a un consenso en el listado final de 13 especies”, detalla González-Moreno.

Aunque estamos hablando de la próxima década, lo cierto es que ya hay invasoras en la Antártida. De hecho, una reciente investigación dirigida por el Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC) concluía que hay distintas especies de mosquitos invasores en la región. Entre ellos destaca Eretmoptera murphyi, un mosquito sin alas que fue introducido en la base inglesa de Signy (en las islas Orcadas del Sur) y que lleva casi 60 años adaptándose al medio antártico. Actualmente alcanza densidades de más de cientos de miles por metro cuadrado.

Hughes comenta que ahora mismo en la Antártida existen 14 especies que no son nativas, aunque no todas han llegado a ser invasoras (es decir, que supongan un impacto negativo en las especies nativas). El científico destaca el peligro de un tipo de hierba, Poa annua, “que comenzó a extenderse desde la estación de investigación Arctowski de Polonia donde se introdujo por primera vez y ahora se encuentra dentro de un área protegida cercana”.

El calentamiento global y la actividad humana debilitan las barreras que permiten el aislamiento de la Antártida, donde investigadores españoles han detectado ya varias especies de mosquitos invasores, según ha informado el Consejo Superior de Investigaciones Científicas | Foto: EUROPA PRESS / ROGER KEYS CEDIDA AL CSIC
El calentamiento global y la actividad humana debilitan las barreras que permiten el aislamiento de la Antártida, donde investigadores españoles han detectado ya varias especies de mosquitos invasores, según ha informado el Consejo Superior de Investigaciones Científicas | Foto: EUROPA PRESS / ROGER KEYS CEDIDA AL CSIC

Los riesgos de la presencia humana

Aunque el aumento de las temperaturas como consecuencia del cambio climático está ayudando a que estas especies se hagan fuertes hasta en regiones extremas, no es la única causa. La presencia humana, con desplazamientos en aviones, barcos y otros vehículos necesarios para la investigación científica y el turismo, permiten a estos seres vivos llegar a la región polar.

Los visitantes provocan que sea más probable que las especies no nativas se introduzcan en la Antártida (por ejemplo en equipajes, ropa y calzado de los visitantes o en los cascos de los barcos), pero el cambio climático provocará que sea más probable que las especies introducidas sean capaces de sobrevivir y establecerse en la Antártida”, advierte Hughes.

En estos momentos, numerosos científicos están investigando en la Antártida, aprovechando el verano austral. Mark Hopwood, investigador del Centro Helmholtz de Investigación Oceánica GEOMAR (Alemania), es uno de ellos y recalca que no es igual el impacto y el cuidado que tienen los investigadores en la región con las alteraciones provocadas por los turistas.

Esta especie de mejillón se encuentra en el extremo sur de América del Sur, desde donde podría transportarse a la península Antártica/ David Barnes

“Es frustrante ver la enorme huella ambiental de las personas que vuelan a estos lugares remotos durante unos días esperando un alojamiento relativamente lujoso, cuando la ciencia aquí se planifica mucho más cuidadosamente para limitar la huella de todo lo que pueda dañar al medio ambiente”, denuncia a El Ágora desde la base en la que está investigando.

Extremar las precauciones

Quien acaba de llegar de la Antártida es Andrés Barbosa, investigador del Museo Nacional de Ciencias Naturales, que ha pasado allí varias semanas estudiando cómo afecta el aumento del tráfico marítimo a los movimientos de los pingüinos para alimentarse en el mar. El biólogo recuerda que, desde hace más de una década existen protocolos y recomendaciones del Comité de Protección Ambiental del Tratado Antártico que se van ampliando cada año para evitar la entrada de potenciales especies invasoras.

“Se basan en la revisión y limpieza de todo el material y equipamiento que se lleva a la Antártida, con medidas especiales en el caso de que se trabaje, por ejemplo, con animales o en su cercanías, o en zonas volcánicas, donde la temperatura más alta puede favorecer el asentamiento de las especies invasoras”, indica a El Ágora.

Aunque existan procedimientos de control para evitar que las especies invasoras lleguen a la Antártida, los autores de la investigación piden extremar las precauciones, tanto a los científicos como a los turistas. “Gestos tan sencillos como limpiar las botas y el equipo en el lugar de origen pueden evitar la entrada de semillas y especies indeseadas”, resalta González-Moreno. Pequeños gestos para preservar un tesoro que es de todos.

Referencia bibliográfica: Kevin A. Hughes et al. “Invasive non-native species likely to threaten biodiversity and ecosystems in the Antarctic Peninsula región”, Global Change Biology, 13 de enero de 2020.



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