Un microorganismo marino será clave en el futuro del clima terrestre - EL ÁGORA DIARIO

Un microorganismo marino será clave en el futuro del clima terrestre

Los microorganismos con rodopsinas tienen la capacidad de absorber la luz solar, pero, a diferencia de las microalgas, no realizan la fotosíntesis. Debido a su elevado número, es posible que dificulten la absorción de CO2 de las algas y determinen el clima del futuro


La interpretación tradicional de la ecología marina establece que casi toda la luz solar proyectada hacia los océanos es absorbida por la clorofila de las algas, que posteriormente realizarán la fotosíntesis. Sin embargo, un reciente estudio ha determinado que este proceso se verá alterado por la presencia de unos microorganismos que acapararán la captación de energía solar.

“Los océanos son importantes para el cambio climático porque juegan un papel clave en el ciclo del carbono. Comprender cómo funciona y los organismos marinos involucrados nos ayuda a refinar nuestros modelos climáticos para predecir el clima en el futuro”, ha comentado Laura Gómez-Consarnau, asistente de biología en el USC Dornsife College de letras, artes y ciencias y principal autora de la investigación.

El estudio, que ha sido elaborado por la Universidad del sur de California y en el que han participado de científicos de California, China, el Reino Unido y España, ha informado que estos microbios se caracterizan por contener rodopsinas, un pigmento que atrapa la luz del sol. Cuando estos microorganismos se encuentran en entornos de nutrientes escasos, comienzan a utilizar la luz de nuestra estrella para obtener su alimento gracias a su sistema de proteínas sensibles a la luz.

A diferencia de las algas, los microorganismos con rodopsinas no extraen dióxido de carbono (CO2) del aire. Y es probable que se vuelvan más abundantes en el calentamiento de los océanos

El problema que plantea la investigación es que son más abundantes de lo que se pensaba y, en un futuro con escasez de nutrientes en los océanos, los científicos han estimado que podrán dificultar la tarea de las algas hasta tal punto que pueden quedar relegadas a un segundo plano o desaparecer de algunas zonas.

“Las rodopsinas parecen ser más abundantes en un océano pobre en nutrientes, y en el futuro, el océano será más pobre en nutrientes a medida que cambien las temperaturas”, ha destacado Gómez-Consarnau. “Entonces, con menos nutrientes cerca de la superficie, las algas tendrán una fotosíntesis limitada, y el proceso de rodopsina será más abundante. Es posible que tengamos un cambio en el futuro, lo que significa que el océano no podrá absorber tanto carbono como lo hace hoy. Por lo tanto, puede quedar más gas CO2 en la atmósfera y el planeta puede calentarse más rápido “, ha añadido.

Los científicos han destacado que, como consecuencia de estos hallazgos, los flujos de CO2 en los sistemas marinos deberán ser reevaluados y los futuros modelos climáticos deberán incluir este metabolismo bacteriano.

Nuevos conocimientos

Por otro lado, en el estudio se ha señalado cómo los científicos están aprendiendo nuevas vías por las cuales los organismos obtienen energía para vivir. Por ejemplo, hace tiempo que conocen que las plantas y las algas usan clorofila para convertir la luz solar y los nutrientes en azúcares; de hecho, aproximadamente la mitad de toda la fotosíntesis en la Tierra es realizada por algas en la superficie del océano. O cómo la del fondo marino obtiene energía a través de la energía química de minerales y compuestos químicos liberados por respiraderos volcánicos de las profundidades oceánicas.

Las rodopsinas fueron descubiertas hace 20 años, y los científicos de la USC y de otros lugares han estado estudiando su prevalencia y metabolismo desde entonces

En esta investigación, aprendieron que las bacterias, consideradas durante mucho tiempo principalmente descomponedoras en un ecosistema pueden funcionar como un productor principal de energía en la superficie del océano.

Para poder llegar a estas conclusiones, los expertos analizaron una franja de 4.800 kilómetros de largo en el océano Atlántico oriental y en el Mar Mediterráneo en 2014. En esas zonas, tomaron muestras de microorganismos en la columna de agua hasta 200 metros en un intento de descubrir cuán extendidas están las rodopsinas.

Estudios anteriores demostraron que las rodopsinas comprenden aproximadamente el 80% de las bacterias marinas, según análisis genéticos. Pero este es el primer estudio que mide realmente su concentración en el océano y dónde les gusta congregarse.



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