Resucitan una palmera de la época de Cristo que daba grandes dátiles

Resucitan una palmera de la época de Cristo que daba grandes dátiles

Un equipo de científicos ha logrado hacer germinar semillas de palmera de hace 2.000 años halladas en excavaciones arqueológicas en el desierto de Judea. Los botánicos creen que los ejemplares, que ya han empezado a crecer, pertenecen a una variedad perdida y que se conocía en la antigüedad por el gran tamaño de sus dátiles


La palmera datilera (Phoenix dactylifera), cultivada en los lugares más cálidos Mediterráneo y de Oriente Medio, ha desempeñado un importante papel económico a lo largo de la historia. En el reino de Judea, que surgió al sur de la actual Israel en el siglo XI a. C, las palmeras eran especialmente conocidas por ofrecer frutos grandes y de gran tamaño cuya carne se mantenía fresca durante largo tiempo.

Esta última particularidad hizo que los dátiles de Judea fueran especialmente apropiados para transportarlos a largas distancias. Se  convirtieron así en una de las grandes exportaciones que las tierras de la actual Israel enviaban a la metrópoli de Roma. La variedad de palmeras de esta zona se siguió sembrando y cultivando durante siglos, hasta mediados del siglo XIX, cuando estas plantaciones históricas fueron destruidas o abandonadas.

No obstante, y a pesar de la muerte de las palmeras, su legado genético quedó intacto en forma de dátiles escondidos en almacenes situados en edificios y cuevas de la época. En esos emplazamientos, los arqueólogos fueron capaces de recuperar entre 1963 y 1991 cientos de semillas. Y ahora anuncian que han conseguido hacer germinar y crecer algunas de ellas. El resultado de este trabajo ha sido publicado en la revista Science por un equipo internacional de investigadores liderados por Sarah Sallon, del Louis L. Borick Natural Medicine Research Center (NMRC) de Jerusalén.

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Algunas de las semillas que se plantaron en el experimento | Foto: Science

La perdurabilidad de las semillas llamó la atención de los botánicos, pues las pruebas de carbono certificaron que tenían unos 2.000 años de antigüedad. En concreto, las semillas más antiguas datan de 400 años antes de Cristo y las más modernas del siglo II de nuestra era.  Los botánicos se propusieron tratar de germinarlas y hacerlas crecer, para estudiar, entre otras cuestiones, la relación genética entre estos antiguos ejemplares y los que se cultivan actualmente.

La palmera Matusalén 

No es la primera vez que el equipo que dirige Sarah Sallon ha conseguido hacer germinar semillas de hace cientos de años. En 2008 ya dieron a conocer que habían conseguido hacer crecer la semilla de un dátil hallado en la fortaleza de Masada, en Israel, un lugar que sufrió el asedio romano a en el siglo I.

A aquel, ejemplar, cuya semilla tenía 1.900 años de edad, los investigadores le pusieron el nombre de Matusalén, en homenaje al patriarca bíblico conocido por su longevidad. Esa palmera Matusalén era un ejemplar macho. Se da la cirscunstancia de que las palmeras, como ocurre con otros vegetales, no tienen flores de ambos sexos en la misma planta, con lo que hay pies macho y pies hembra de palmera.

De este modo, Matusalén ha seguido creciendo desde 2008, pero carecía hasta ahora de un ejemplar hembra de aquella época con la que realizar la polinización cruzada para producir frutos

Para resucitar las semillas escogieron las 32 que se encontraban en perfecto estado. Tras sumergirlas durante 24 horas en agua las trataron después con ácido giberélico y fertilizante para estimular su crecimiento.

Después colocaron las semillas en macetas separadas en una sala en cuarentena en Instituto Arava de Ciencias Ambientales de Kibbutz Ketura, en Israel, donde se regaron adecuadamente con agua desalinizada.

Tras estos cuidados, seis semillas de las 32 germinaron. Ahora, con las plantas en mano, los científicos han podido ampliar los conocimientos sobre estas plantas a través análisis genéticos. Una información valiosa que se ha cruzado con datos obtenidos de escritos de la época.

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Fotografías de las palmeras ya germinadas | Foto: Science

 

“Varios textos del pasado describen que estas palmeras daban frutos excepcionalmente grandes, con 11 centímetros de largo. No sabíamos el porqué, pero con los primeros análisis de las plantas hemos observado que se debía a que estas poblaciones de palmera se beneficiaron del cruce entre variedades orientales y occidentales, genéticamente distintas, lo que sugiere prácticas agrícolas sofisticadas”, explica Sarah Sallon.

Se cree que el cultivo de la palmera datilera comenzó en Mesopotamia y Arabia hace unos 6.000 años. Los genes de estas variadades orientales están más presentes en las semillas más antiguas rescatadas por el equipo de Sallon. Sin embargo, en las semillas más modernas se aprecia influencia de estirpes de palmera similares a las que crecen ahora en Egipto y el norte de África.

Los autores de la investigación aventuran que el famoso dátil de Judea, elogiado por historiadores antiguos por la dulzura, frescor y aguante de su carne se debe a la especial mezcla de genes que se dio en el cruce de caminos que era el Israel de la época.

En la actualidad, los dátiles que se comercializan tienen entre cuatro y ocho centímetros, mientras que a los de la Judea se la época de Cristo se atribuye unos 11 centímetros de largo. En poco tiempo, los investigadores podrán saber qué tipo de dátil producen las palmeras resucitadas en esta investigación. Entre los seis ejemplares rescatados del olvido hay pies macho y pies hembra, con lo que es posible polinizar las flores hembra para que fructifiquen. Aún habrá que esperar unos dos años para verlo, pues Sallon y su equipo estiman que es el tiempo necesario para que las palmeras maduren y den sus primeras flores.

Los investigadores consideran que su estudio, además de ofrecer nuevos datos sobre la historia y la agricultura en la antigüedad, también pueden ser de utilidad práctica, al permitir recuperar variedades antiguas de cultivos con características interesantes ante los nuevos desafíos ambientales.

Semillas que reviven tras 32.000 años en hielo

Plantar una semilla de 2.000 años puede parecer un hito formidable, sin embargo, la realidad es que se queda muy lejos del récord mundial llevado a cabo por un equipo de científicos rusos, que resucitaron unas semillas de 32.000 años de antigüedad.

En ese caso, los científicos descubrieron un almacén de semillas de Silene stenophylla, una planta con flores nativa de Siberia, que había sido enterrada por una ardilla de la Edad de Hielo cerca de las orillas del río Kolyma.



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