Estudian el movimiento sincronizado de las esferas de musgo árticas

Estudian el movimiento sincronizado de las esferas de musgo árticas

Un grupo de investigadores ha estudiado los llamados “ratones glaciares”, unas esferas de musgo que, de manera aparentemente inexplicable, pueden moverse de una manera totalmente sincronizada. También han tratado de descubrir su esperanza de vida y origen


En ocasiones, cuando pequeños trozos de roca o hielo se desprenden de los glaciares, pueden comenzar a rodar y, con el paso del tiempo, desarrollar vida alrededor de ellos. El compuesto  que se obtiene al final de ese proceso es una esfera de musgo que proporciona hábitats clave para la colonización de la región por parte de innumerables invertebrados, como los tardígrados.

Desde hace décadas, los expertos han sido conscientes de la presencia de estos conglomerados, llamados “ratones glaciares” y, a pesar de que han estudiado su formación y composición, ningún científico se ha aventurado a adentrase en la investigación de uno de los mayores secretos que rodean a estas esferas: su movimiento.

“Uno de los misterios que rodean a estas esferas de musgo, y que es parcialmente responsable de su nombre, es su movimiento”, explica Timothy Bartholomaus, uno de los autores del estudio.

Para desarrollar su investigación, él y su equipo seleccionaron 30 ejemplares de “ratones glaciares” encontrados en el glaciar Kennicott, en Alaska, durante el verano del 2009. En ese momento, equiparon los especímenes con brazaletes GPS para seguirles el rastro y así poder estudiarlos durante los años siguientes.

Gracias a los datos, los expertos determinaron que estas esferas se mueven a una velocidad media de 2,5 centímetros por día. Sin embargo, lo más asombroso lo observaron al registrar sus patrones de movimiento ya que todo indica que estas esferas no se mueven de manera aleatoria, sino sincronizadas unas con las otras.

“Descubrimos que las bolas de musgo se movían aproximadamente una pulgada por día (2,5 centímetros) rodando sobre la superficie del hielo. ¡Pero lo más sorprendente es que todas ellas cambiaban la dirección de manera sincronizada!, como si se tratase de una manada de ñus, un banco de peces o una bandada de pájaros”, comenta Timothy Bartholomaus a través de su cuenta de Twitter.

En principio achacaron este movimiento a la acción del viento y a la inclinación del glaciar, pero teniendo en cuenta el patrón de movimiento, el análisis de las corrientes de aire y la situación geográfica del lugar, esta idea quedó completamente descartada.

Tras esto, pensaron que tal vez el origen del movimiento se debía en cierto modo a la incidencia de la radiación solar en el musgo, que podía motivar el crecimiento del musgo en la zona expuesta al sol y el efecto contrario en la zona opuesta. Esto podría provocar un desajuste en la estructura y, como consecuencia, que el musgo volcase. Sin embargo, dado los análisis, esta opción quedó también descartada.

Entonces ¿Qué secreto contienen estas esferas para lograr su movimiento? ¿Tal vez haya alguna forma de vida que las desplace? Nada de eso. Ante el aluvión de incógnitas, los expertos se decantaron por una última hipótesis basada en que la fusión del hielo podría hacer que las bolas de musgo volcasen y así generar es movimiento.

A través de una serie de cálculos llegaron a la conclusión que el principal origen del movimiento debía ser ese. No obstante, no descartan otros métodos, como el deslizamiento sobre el hielo en proceso de descongelación, ya que muchos “ratones glaciares” poseen un lado aplanado que impide voltear la estructura.

“La incidencia del sol sobre la superficie helada conduce a la fusión del hielo donde se sitúan las esferas de musgo, a una velocidad de descolocación de siete centímetros diarios”, argumenta el científico.

“No obstante, aún quedan muchas incógnitas sobre la fuerza externa que impulsa el movimiento de estas esferas. No podemos achacar su movimiento totalmente a sucesos que ocurren en la superficie de los glaciares”, añade.

Por otro lado, los expertos aprovecharon el estudio para investigar sobre la esperanza de vida de los “ratones glaciares” que, según sus cálculos, rondaba los seis años. Sin embargo, dada la escasez de estudios y características del musgo, los científicos advirtieron que podían durar mucho más tiempo.

“También descubrí que estas bolas de musgo glaciar podían persistir en el medio durante, al menos, seis años. Aunque no pudimos definir la edad máxima, que creemos que potencialmente mucho más antigua”, aclara Timothy Bartholomaus.

Además, destaca que en su formación podía entrar en juego las corrientes de aire al ser posibles fuentes de esporas que podrían quedar adheridas a la superficie de los fragmentos de roca y hielo y comenzar a germinar.

Este es solo el primer paso de esta investigación. Al suponer una vital fuente de nutrientes y unos hábitats incomparables para muchos invertebrados en estas regiones, los científicos señalan que están dispuestos a seguir desentrañando los secretos que rodean a estos ‘ratones’ de hielo.


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