Las lluvias de estrellas tienen las noches contadas

Las lluvias de estrellas tienen las noches contadas

Las lluvias de estrellas tienen las noches contadas

Las Perseidas alcanzarán su máximo de actividad el próximo 12 de agosto, pero el aumento de la contaminación lumínica hace cada vez más difícil encontrar lugares desde donde disfrutar de este espectáculo astronómico


Lucía García
Burgos | 10 agosto, 2020


Llega el mejor momento del año para organizar una escapada nocturna en la que contemplar estrellas fugaces. Ir a observar las Lágrimas de San Lorenzo es un plan que resulta especialmente atractivo en este momento al poder realizarse al aire libre, lejos de las aglomeraciones de las ciudades y en las horas de menor temperatura, pero que se ve cada vez más afectado por el aumento sin precedentes en los niveles de emisión de luz artificial nocturna.

El problema comienza poco antes del ocaso, cuando los comercios tratan de llamar nuestra atención con luminosos escaparates, las farolas comienzan a iluminar las calles y encendemos las luces en viviendas y oficinas.

Un poco más tarde le llega el turno a las luces ornamentales, que iluminan las fachadas de los edificios emblemáticos y los monumentos principales. Coches, furgonetas y autobuses también encienden sus faros para circular.

La oscuridad natural está desapareciendo y la luz artificial ilumina el cielo sobre las ciudades, generando un halo luminoso que puede verse incluso a 400 km de distancia.

Perseidas en el desierto del Namib | Vídeo: Juan Carlos Casado
Perseidas en el desierto del Namib | Vídeo: Juan Carlos Casado

El aumento del resplandor luminoso nocturno causado por la dispersión de la luz artificial en los gases y partículas del aire, genera un deterioro en las condiciones de observación astronómicas hasta el punto de que hay quien nunca ha visto la Vía Láctea, no sabe que las nubes nocturnas se ven de color negro en cielos oscuros y se sorprendería al enterarse de que las estrellas por sí mismas, generan suficiente luz como para caminar sin tropezarse.

Para proteger el cielo nocturno hay que instalar iluminación homogénea cálida, dirigir la luz hacia el suelo, utilizar una intensidad moderada y encender las luces sólo cuando se están usando

Las ciudades brillan intensamente, ahogando las estrellas en luz, por lo que resulta imposible observar los meteoros de los que podríamos disfrutar durante las próximas noches. Las ‘estrellas fugaces’ se producen cuando pequeñas partículas de hielo, polvo o rocas entran a gran velocidad en nuestra atmósfera, creando un trazo luminoso al desintegrarse, pero las observaciones de calidad de este fenómeno se reducen a unos pocos lugares lejos de la contaminación lumínica, en los que los cielos son todavía suficientemente oscuros.

 

Fotografía de larga exposición de la lluvia de Perseidas en un cielo de agosto. | Foto: Muskoka Stock Photos
Fotografía de larga exposición de la lluvia de Perseidas en un cielo de agosto. | Foto: Muskoka Stock Photos

La luz artificial y sus efectos negativos

Las consecuencias de la pérdida de la oscuridad pueden parecer intangibles, por lo que iluminamos el interior de las fábricas para poder trabajar durante las 24 horas y mantenemos las luces cada noche en invernaderos y granjas para aumentar la productividad.

La cronobióloga María Ángeles Rol de Lama, profesora titular en el Departamento de Fisiología de la Universidad de Murcia y experta en ritmos biológicos y envejecimiento, alerta sobre la importancia de mantener los días luminosos y las noches oscuras.

“La alternancia del ciclo luz/oscuridad es fundamental para el ajuste del reloj biológico, pero en la sociedad moderna 24/7/365 cada vez nos alejamos más de este. Iluminamos excesivamente la noche y nos falta luz durante el día, lo que afecta fundamentalmente a trabajadores a turnos y personas mayores, pero cada vez más a la población en general.”

Ciudades como Hong Kong presentan una iluminación muy brillante por las noches | Foto: David Mark
Ciudades como Hong Kong presentan una iluminación muy brillante por las noches | Foto: David Mark

Las pantallas de ordenador, tabletas y móviles emiten luz artificial. Utilizarlos a última hora de la noche nos altera y nos genera estrés e insomnio, impidiéndonos dormir adecuadamente, ya que necesitamos descansar en oscuridad para que nuestro cuerpo segregue melatonina, la hormona que controla nuestros biorritmos.

“Son muchas las conductas que afectan negativamente a nuestros ritmos circadianos y generan cronodisrupción. Este concepto relativamente nuevo sirve para denominar al desajuste entre la hora interna del organismo y la ambiental, así como la pérdida de orden temporal interno, y se ha relacionado con diversas patologías como el síndrome metabólico, el aumento del riesgo de algunos tipos de cáncer, así como ciertos trastornos cardiovasculares, metabólicos y neurodegenerativos entre otras alteraciones” advierte la experta.

La iluminación fría, de color blanco y con alto contenido en luz azul, es más energética, por lo que sus efectos negativos son más acusados que los de la iluminación cálida. Los expertos recomiendan utilizar iluminación tenue anaranjada para relajarse antes de dormir y alertan que hay que tratar de evitar instalar LEDs blancos.

La gran mayoría de los seres vivos utiliza los ciclos de luz y oscuridad naturales para regular algunos de sus comportamientos como la reproducción, la alimentación, el sueño o la protección contra los depredadores. La luz artificial altera los ritmos de las especies afectando negativamente a muchas criaturas incluyendo anfibios, peces, mamíferos, insectos y plantas.

Producir una cantidad excesiva de luz artificial genera a su vez un incremento innecesario del gasto energético y de los gases asociados al mismo.

Uno de los motivos por los que iluminamos más intensamente de lo que es necesario es porque la luz genera una sensación psicológica de seguridad. Sin embargo, la luz no genera, necesariamente un aumento de la seguridad real. De hecho, la luz puede hacer que nos confiemos en lugares donde realmente no estamos seguros.

Además, si la iluminación no es uniforme y combina zonas oscuras con zonas fuertemente iluminadas, nos costará mucho más distinguir los objetos que si hubiera una luz tenue homogénea. Por otro lado, una iluminación mal direccionada puede llegar a deslumbrar, lo que resulta especialmente peligroso para los conductores.

Existe escasa conciencia sobre los efectos de una mala iluminación. Por suerte, cada vez hay más iniciativas que tratan de estudiar la contaminación lumínica, sensibilizar a la población sobre sus consecuencias y proponer medios para reducirla.

No se trata de prescindir por completo de la luz artificial nocturna, sino de iluminar responsablemente. Todavía estamos a tiempo de salvar a las estrellas fugaces de morir ahogadas en luz.

 


Lucía García es física experta en contaminación lumínica y divulgación científica. Es ayudante de investigación en la Universidad Complutense de Madrid.

Las ciudades por la noche

 

Península Ibérica por la noche desde la Estación Espacial Internacional | Foto: Earth Science and Remote Sensing Unit, NASA Johnson Space Center. ISS040-E-081320

Los científicos buscan maneras de medir la cantidad de luz que derrochamos emitiéndola hacia el espacio. Una de ellas es utilizar fotografías nocturnas de nuestro planeta tomadas desde satélite. Las imágenes que toman los astronautas desde la Estación Espacial Internacional (ISS por sus siglas en inglés) son especialmente interesantes, ya que son las únicas disponibles en color.

En estas fotografías se puede observar cómo la expansión de la iluminación artificial apenas deja rincones oscuros. El proyecto de ciencia ciudadana Cities at Night, del doctor en astrofísica Alejandro Sánchez de Miguel de la Universidad de Exeter, en Reino Unido, tiene por objetivo localizar todas las imágenes de ciudades durante la noche tomadas desde la ISS y utilizarlas para fabricar un mapa nocturno del mundo.



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