Bacterias resistentes a antibióticos: cómo controlar la amenaza

Bacterias resistentes a antibióticos: cómo controlar la amenaza

Un equipo de investigadores ha descubierto la presencia de bacterias resistentes a antibióticos en poblaciones de gaviotas de España y Túnez. Los científicos alertan de que estos microorganismos están presentes en la vida silvestre y piden disminuir la presión humana en sus hábitats, un uso racional de los antibióticos y una gestión adecuada de estos residuos para controlar el problema


Más allá de la pandemia, las bacterias resistentes a los antibióticos son una de las mayores amenazas para la salud pública en la actualidad. Como recuerda la Organización Mundial de la Salud (OMS), esta resistencia se produce cuando las bacterias mutan en respuesta a estos fármacos, algo muy ligado a su uso irracional. Los supermicroorganismos pueden causar infecciones en el ser humano y en otras especies animales que son muy difíciles de tratar.

Diferentes animales son portadores de estas bacterias, algo que se ve potenciado por la pérdida y disminución de su hábitat debido a la acción humana. “Cada vez con más frecuencia ocupamos espacios naturales entrando en contacto directo o indirecto con la fauna silvestre que es portadora de patógenos que nos afectan, pero no a los animales, del mismo modo que hay patógenos que afectan a los animales pero no a los humanos”, explica a El Ágora Marta Cerdà, investigadora del Centro de Investigación en Sanidad Animal del Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentarias (IRTA).

En una investigación publicada en la revista Science of The Total Environment, Cerdà y el resto de autores han analizado nueve colonias de dos especies de gaviotas del sur de Europa, en España y Túnez, y en todas han encontrado bacterias de los géneros Campylobacter y Salmonella, incluyendo cepas resistentes a antibióticos. Estas bacterias son las principales causantes de las gastroenteritis en humanos.

Las dos especies de aves analizadas fueron la gaviota de pata amarilla (Larus michahellis) y la gaviota de Audouin (Larus audouinii), endémica del Mediterráneo. Las nueve colonias se encontraban en la isla de Zembra (Túnez) y en las islas de Alborán (Andalucía), Tenerife y Montaña Clara (Canarias), Dragonera (Baleares), Medas y Delta del Ebro (Cataluña), Ons (Galicia) y Columbretes (Comunidad Valenciana).

Ejemplares adultos de gaviotas en las islas Medas | Foto: Marta Cerdà
Ejemplares adultos de gaviotas en las islas Medas | Foto: Marta Cerdà

Como señala Jacob González-Solís, miembro del Instituto de Investigación de la Biodiversidad de la Universidad de Barcelona y otro de los autores del estudio, las gaviotas son animales que cada vez más suelen buscar alimento en zonas urbanizadas o vertederos, donde hay muchos restos de alimentos, por lo que las hace más propensas a infectarse de bacterias de origen humano.

“En función del patógeno, pueden actuar como portadoras asintomáticas, diseminándolos a través de las heces –patógenos intestinales–, como por ejemplo en el caso de Salmonella y Campylobacter”, afirma Cerdà.

Los vertederos como vía de acceso

Los científicos plantean que estas aves podrían servir como centinelas de la presión de los antibióticos que hay en el medio ambiente. Juan J. Soler, del departamento de Ecología Funcional y Evolutiva de la Estación Experimental de Zonas Áridas que no ha participado en el estudio, comenta a El Ágora: “Si encontramos muchas bacterias resistentes en las aves, estaría indicando que en el ambiente hay muchas de esas bacterias y que, en el caso que algún humano se contamine con ellas, no se va a poder desinfectar con antibióticos a los que la bacteria sea resistente”.

Los investigadores alertan de que las gaviotas podrían dispersar fácilmente estas bacterias con sus movimientos locales o migratorios. “Si tienen por ejemplo vertederos donde ir a buscar alimento, fácilmente acabarán infectadas. Por lo tanto, hay que evitar que dichos vertederos estén a su alcance, aunque eso a veces es difícil”, admite Cerdà.

A pesar de que, en general, según los autores, estas bacterias no supongan un peligro para las gaviotas ni para la fauna silvestre, recuerdan que algún brote de salmonelosis ha provocado la muerte de colonias de aves, como por ejemplo, en Estados Unidos.

La infografía muestra cómo las bacterias resistentes a antibióticos pueden llegar a las gaviotas y diseminarse por el entorno | Fuente: Science of The Total Environment
La infografía muestra cómo las bacterias resistentes a antibióticos pueden llegar a las gaviotas y diseminarse por el entorno | Fuente: Science of The Total Environment

Úrsula Höfle y Javier Pineda-Pampliega, que no han participado en la investigación, puntualizan a El Ágora que con los resultados de este trabajo no se puede asegurar que no se produzcan consecuencias negativas en las aves. Para averiguarlo, añaden que sería necesario realizar otro tipo de pruebas y comprobar si su estado de salud se ha visto alterado.

En su caso, estudian la cigüeña blanca (Ciconia ciconia). “Las cigüeñas llevan años utilizando los vertederos como fuente de alimento, lo que puede causar que porten bacterias resistentes a antibióticos. En particular, hemos comprobado que hay una mayor prevalencia de E. coli portadoras de resistencia a enrofloxacina y gentamicina, y a cefalosporinas y colistina –diferentes antibióticos–”, indican Höfle, del grupo de Investigación en Sanidad y Biotecnología del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos, y Pineda-Pampliega, del departamento de Biodiversidad, Ecología y Evolución de la Universidad Complutense de Madrid.

En cuanto a cómo evitar que las aves se contagien de estas bacterias resistentes a antibióticos, los científicos plantean un mayor control en la eliminación de los fármacos, para prevenir así que acaben en los vertederos en los que las aves se alimentan. Además, proponen limitar el acceso de las aves a estos lugares, pero reconocen que esto conllevaría problemas para estas especies, ya que perderían una de sus mayores fuentes de alimento.

“Lo que es importante es evitar que los antibióticos lleguen al medio ambiente y eso pasa por una regulación estricta de su uso y una gestión adecuada de los residuos”, sostiene a El Ágora Jordi Figuerola, del departamento de Ecología de Humedales de la Estación Biológica de Doñana. El investigador añade que no hay que olvidar que se trata de un problema global y, por tanto, es necesaria una gestión adecuada a escala mundial.

Un problema que se repite

Al otro lado del océano, en Alaska (Estados Unidos), también se han encontrado gaviotas con presencia de bacterias resistentes relacionadas con la influencia humana. Como cuenta a El Ágora Christina Ahlstrom, en estas aves descubrieron una fuerte correlación entre la prevalencia de bacterias resistentes a los antimicrobianos –que engloban antibióticos, antivíricos, antifúngicos y antiparasitarios– y el tamaño de la población humana de la comunidad donde se muestrearon. “Eso sugiere que las gaviotas adquieren bacterias resistentes a los antimicrobianos de fuentes humanas”, apunta Ahlstrom, investigadora en el USGS Science Center de Alaska.

Los científicos consultados apuntan al ganado y a su consumo de antimicrobianos como otro posible vector y proponen dirigir también las medidas de prevención hacia ellos, disminuyendo su consumo de fármacos.

“Creo que la vía más prometedora es limitar la aparición de bacterias resistentes en el ganado. La primera razón es que no sabemos con certeza cuál es el papel de las gaviotas: es probable que sean una fuente limitada de bacterias resistentes en comparación con el ganado y no está claro si la transmisión de aves a humanos es frecuente”, matiza a El Ágora Amandine Gamble, del departamento de Ecología y Evolución de la Universidad de California en Los Ángeles (Estados Unidos).

Además, según la científica, controlar la dieta y los movimientos de las aves es mucho más difícil que regular el uso de antimicrobianos en el sector de la ganadería. No obstante, como medidas enfocadas hacia las gaviotas, Gamble plantea limitar la destrucción de sus hábitats y el consumo de sus recursos, ya que eso las mueve a trasladarse de las zonas costeras hacia las ciudades, lo que aumenta los contactos con los humanos y el riesgo de contagios.

Las similitudes con la pandemia

El problema tiene puntos en común con la actual pandemia de covid-19. Si, tal y como indican las investigaciones, el origen del coronavirus SARS-CoV-2 estuvo en los murciélagos, con independencia de si hubo o no una especie intermedia hasta llegar a los humanos, nos encontraríamos ante un ejemplo de zoonosis, es decir, una enfermedad que transmiten los animales a los humanos.

En el caso de la covid-19, la causante no es una bacteria, sino un virus, pero el mecanismo sería similar a si una gaviota contagia de una bacteria resistente a un humano. “Las medidas de salud pública pueden reducir la interrelación entre los humanos y la vida silvestre, pero en realidad es extremadamente difícil prevenir el intercambio de enfermedades entre ambos”, reconoce a El Ágora Barry J. McMahon, investigador de la facultad de Agricultura y Ciencias de la Alimentación del University College de Dublín (Irlanda).

El científico recuerda que por eso ha surgido la covid-19 y hay diferentes ejemplos de transmisión entre humanos, vida silvestre y viceversa, como lo ocurrido con visones y humanos en Dinamarca. Puesto que todo está interconectado, la OMS y otros organismos piden que el problema se aborde desde el enfoque común de one health (una salud).

“Puede resultar difícil comprender la dirección y la magnitud de la transmisión entre humanos, animales y el medio ambiente. Por eso es importante realizar este tipo de estudios que miden las bacterias potencialmente zoonóticas en la vida silvestre a lo largo del tiempo y en diferentes tipos de entornos para comprender lo que impulsa y las vías de adquisición y diseminación por la vida silvestre”, concluye Ahlstrom

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Referencia bibliográfica: Noelia Antilles et al. “Occurrence and antimicrobial resistance of zoonotic enteropathogens in gulls from southern Europe”, Science of the Total Environment, 1 de abril de 2021. DOI: 10.1016/j.scitotenv.2020.143018



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