La desconocida profesión de reparador de cables submarinos

La desconocida profesión de reparador de cables submarinos

La mayoría de las telecomunicaciones dependen de los cables de fibra óptica tendidos en el fondo de los mares. Es más de un millón de kilómetros de líneas que necesitan constante mantenimiento. Una española, Isabel Alcober, fue durante años la única mujer europea dedicada al oficio de arreglar los tendidos averiados en alta mar


Muy a pesar de lo que cree la opinión pública respecto al tráfico de datos mundial, la comunicación intercontinental o a zonas insulares se transmite en algún momento en un 99% por cables submarinos en vez de por satélites.

Tanto los cables submarinos como los terrestres actualmente son de fibra óptica, con una seguridad y capacidad millones de veces mayor que la de los satélites. Precisamente por este dato, la opción de los cables submarinos es muchísimo más económica que la de un satélite orbitando en nuestro espacio.

A finales de los 90, con la transición de los cables eléctricos a los ópticos se produjo un gran incremento cuantitativo en la capacidad de las redes de telecomunicaciones. A esta situación se añadió la nueva tecnología de transmisión de las señales ópticas que permitía llevar varias señales de transmisión por la misma fibra óptica a principios del año 2000. El resultado fue que muchos coches (muchas señales de transmisión) podían ir a la vez en paralelo por la misma carretera (por la misma fibra).

Mapa de los cables submarinos instalados en el mundo a fecha de 2015. | FUENTE: Datos por Greg Mahlknecht / Mapa a cargo de Openstreetmap
Mapa de los cables submarinos instalados en el mundo a fecha de 2015. | FUENTE: Datos por Greg Mahlknecht / Mapa a cargo de Openstreetmap

El primer cable submarino que se tendió en España fue en 1924, y cruzaba el estrecho de Gibraltar, uniendo telefónicamente Europa y África. El 27 de septiembre de 1985 se instaló en España el OPTICAN, primer cable de fibra óptica del mundo, entre Gran Canaria y Tenerife.

Para cursar todo es tráfico digital hay en el mundo una red de más de un millón de kilómetros de cables submarinos que surcan los fondos marinos, adaptándose al perfil del fondo en la medida de lo que su consistencia mecánica permite.

En España hay una red de 15.000 kilómetros de conexiones submarinas que unen la península con las islas Canarias y Baleares, interconectan las islas de los archipiélagos o enlazan la península con Ceuta y Melilla. Además de varios cables submarinos internacionales de los que Telefónica es copropietaria junto con otros operadores de telecomunicaciones y que conectan España con el norte y el este de África o con América.

«El primer cable submarino que se tendió en España fue en 1924, y cruzaba el estrecho de Gibraltar, uniendo telefónicamente Europa y África»

El funcionamiento de instituciones, organismos, operaciones de negocios, comprobaciones de seguridad y hasta el acceso a la información y la educación de una parte significativa de la población mundial depende de que haya acceso a una conexión de calidad. Y en eso juegan un papel importante los cables submarinos.

Pero, el fondo del mar es un medio hostil y, aunque se construyen con la tecnología más avanzada que existe en cada momento, las averías son inevitables. Los ataques de tiburones son una de las causas, pero no es la principal, sino la propia acción del ser humano: los barcos arrastreros o las anclas de los barcos. También, los movimientos geológicos en zonas de alta actividad sísmica, como hemos podido comprobar recientemente en Canarias.

Operarios trabajando en un barco durante una prospección sísmica. | FOTO: Jouni Niskakoski
Operarios trabajando en un barco durante una prospección sísmica. | FOTO: Jouni Niskakoski

Habitualmente, las averías se suelen producir en las zonas próximas a la costa. Pero, no siempre es así. Además, en España tenemos muchas islas, así que la red de cables submarinos es crucial y estratégica desde el punto de vista económico, político, social o incluso cultural. Nada hace más por la igualdad de las personas que el acceso a la información y la educación.

Pero… ¿qué ocurre cuando hay un corte en un cable submarino? Como medida de seguridad, todos los cables submarinos tienen uno alternativo (a veces hasta un tercero) u otro medio alternativo de conexión. Pero inmediatamente se despliega un operativo con un gran número de personas que trabajan a contrarreloj para restablecer el tráfico digital en el menor tiempo posible. Y, aunque no tengamos conocimiento de ello, se producen una media de dos averías a la semana en algún lugar del mundo.

Isabel Alcober trabajó durante 17 años en una gran empresa de telecomunicaciones como es Telefónica, en el puesto de cablera, siendo la única mujer que desempeñó ese cargo en toda Europa en ese tiempo.

«Se estima que hay más de un millón de kilómetros de cables tendidos por los fondos marinos de todo el mundo»

“Tomando como referencia la capacidad de transmisión del cable submarino Marea (instalado en 2017 por Telefónica en colaboración con Microsoft y Facebook y que conecta España con EEUU), éste sería capaz de transportar el equivalente a 11.428 películas en calidad 4K (el último formato de la industria del cine) por segundo. Si el tamaño medio de una película ronda los 14Gb en Netflix, en una hora serían más de 41 millones de películas” describe Isabel.

Pero, ¿en qué consiste el trabajo de un cablero? “Muy sencillo” responde Alcober, “en ir y reparar el cable submarino allí donde se haya producido la avería”.

Entonces comienza una actividad frenética, con muchos actores participando en distintos puntos de la geografía española. Antes de embarcar en un buque cablero especializado en este tipo de operaciones con cables submarinos, con más de 70 personas a bordo entre personal de la tripulación, operarios y técnicos, el Centro de Control de Telefónica ha iniciado la operación al detectar que las fibras ópticas se han cortado y el tráfico se ha interrumpido. «Cuando se detecta una avería, hay que ponerse a trabajar, todos a la vez para no perder tiempo», cuenta a El Ágora Alcober.

Isabel Alcober experta en reparación de cables submarinos durante una jornada de trabajo en alta mar. FOTO Archivo personal
Isabel Alcober experta en reparación de cables submarinos durante una jornada de trabajo en alta mar. | FOTO: Archivo personal

«La española Isabel Alcober trabajó durante 17 años en el puesto de ‘cablera’, siendo la única mujer que desempeñó ese oficio en toda Europa en ese tiempo»

La alerta roja pone a funcionar de manera inmediata al equipo de mantenimiento, donde estaba incluida Isabel Alcober. Para ello, hay que movilizar el buque cablero, que debe zarpar de su puerto base (Algeciras) en las 24 horas siguientes; también se ha de desplazar un equipo de técnicos de medidas a la Estación Terminal de Telefónica en tierra, donde llega el cable submarino para realizar medidas.

Y mientras tanto, gestionar con el Ministerio de Asuntos Exteriores un permiso del buque cablero en aguas territoriales españolas, comenzar a elaborar el plan de trabajo con el jefe de misión, que es el responsable técnico del operador del buque y decidir cuáles serán los materiales que el cablero deberá llevar en esa reparación y que se guardan en el depósito de Algeciras.

Una tarea crucial de la fase de preparación de una reparación es el análisis de las medidas y hacer los cálculos necesarios para determinar la posición teórica de la avería. A esa posición se dirigirá el buque cablero y no puede haber ningún error. Milímetros en un mapa pueden suponer muchos kilómetros en el mar.

Cuando el buque llega a la zona de trabajo, debe localizar el cable en el fondo marino, tarea complicada porque éste puede haber sido desplazado por algún agente externo como un ancla, un arrastre o un terremoto. Una vez localizado, el cable se recupera en el punto donde se ha calculado que está la avería y se iza a bordo por medio de un robot submarino.

Un barco dedicado al tendido de cables submarinos. | FOTO: Korn Srirawan
Un barco dedicado al tendido de cables submarinos. | FOTO: Korn Srirawan

El factor tiempo es clave

La reparación se desarrolla ininterrumpidamente y el personal trabaja por turnos, siempre que la meteorología o un incidente inesperado no obligue a interrumpir los trabajos o incluso tener que abandonar la zona y refugiarse en un puerto si hay temporal. Todo está perfectamente planificado y saben cuándo empieza una reparación, pero nunca cuándo se va a terminar.

“Es una maniobra precisa y complicada, ya que se realiza siempre en el mar, a bordo del buque, siempre pendientes de la meteorología y siempre a contrarreloj”, explica Isabel Alcober.

Cable submarino visible sobre el fondo arenoso del mar. | FOTO: Norimoto
Cable submarino visible sobre el fondo arenoso del mar. | FOTO: Norimoto

El contacto con el personal que está en las instalaciones en tierra es especialmente importante, porque es donde se encuentran los equipos de transmisión y desde donde hay que hacer multitud de medidas durante el proceso de reparación. Hasta que no se comprueba con medidas que una fase ha salido bien, no se puede pasar a la siguiente; por lo tanto, una buena coordinación con el personal de tierra es crucial para optimizar el tiempo. Estas pruebas se realizarán a cualquier hora (del día o de la noche).

Existe una exigente regulación internacional bajo el auspicio de la ONU acerca de las actividades que ocurren en las aguas de los océanos y su impacto ambiental. Las empresas de telecomunicaciones, los fabricantes de cables submarinos y los operadores de buques cableros son conscientes de la importancia de mantener los océanos sostenibles y limpios.

Por eso, luchan juntos con el objetivo de minimizar al máximo su huella. Y por ello, para la fabricación de los cables, han estudiado de forma conjunta, si los materiales utilizados se filtran (y en qué medida), si liberan compuestos orgánicos o si son adecuados para reutilizarlos, una vez que su vida útil ha terminado, para la construcción de arrecifes u otras estructuras artificiales.

Los estudios realizados demuestran el efecto neutro de este elemento extraño a la propia naturaleza marina o incluso, en algunas zonas, benigno, ya que la prohibición de pesca y fondeo de buques puede favorecer la biodiversidad y el aumento de poblaciones de flora y fauna.

 Una buceadora inspecciona los restos del naufragio de lo que alguna vez fue una nave tendedora de cables y ahora es un arrecife artificial en la costa de Florida. | FOTO: Durden Images

Una buceadora inspecciona los restos del naufragio de lo que alguna vez fue una nave tendedora de cables y ahora es un arrecife artificial en la costa de Florida. | FOTO: Durden Images

Para trazar un cableado, primero se estudia la zona y se selecciona, incluso a costa de encarecer la operación, el trayecto más favorable al ecosistema, respetando tanto los fondos marinos como las aguas intermedias.

El cable se sujeta al fondo del océano con unos sistemas de agarre para no entorpecer la vida marina, elevando el coste y generando una mayor dificultad en el proceso. Pero el resultado es satisfactorio, porque en un período de uno o dos meses se podrá comprobar cómo las poblaciones de flora y fauna autóctona anidan en él, llegando a cubrirlo en muchas zonas casi por completo. El intruso ha sido aceptado y considerado uno de los suyos.

Las averías no entienden de fechas ni de situaciones, y la vida de una cablera está siempre a disposición de las circunstancias. Incluso en fechas tan entrañables como son las Navidades. “Recuerdo un año que pasé la Nochebuena en altamar, junto a mis compañeros. Solía repetir buque (habitualmente francés) y tripulación, por lo que formábamos una pequeña gran familia. Fue muy entrañable pasar esas fiestas trabajando, pero en tan buena compañía”, recuerda la especialista española en reparación de cables submarinos.



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