Una erupción submarina cubre el Pacífico de piedra pómez flotante

Una erupción submarina cubre el Pacífico con decenas de kilómetros de piedra pómez flotante

Decenas de klómetros del Pacífico cerca de la isla de Tonga están cubiertos por una capa de piedras volcánicas emitidas por un volcán submarino. El fenómeno ha sido observado por los satélites de la NASA y varios barcos han surcado las aguas y tomado muestras de restos volcánicos de gran tamaño


Una balsa flotante de piedra pómez de decenas de kilómetros se desplaza por el Pacífico a consecuencia de una erupción submarina. La NASA ha mostrado imágenes de satélite que muestran el sorprendente fenómeno y varias tripulaciones que navegan por la zona han tomado fotografías y han recogido muestras de las piedras volcánicas, algunas de las cuales tienen el tamaño de un balón de baloncesto.

Los volcanes tienen muchas formas de anunciar su presencia; nubes de ceniza y vapor; ríos de lava fundida; desprendimientos de roca; terremotos… incluso el surgimiento súbito de una isla desde el mar. Pero sin duda, una de las más extrañas formas de mostrarse son las balsas flotantes de piedra pómez como la que ha sorprendido al mundo estos días.

Fotografía de satélite de la balsa de piedra pómez sobre el Pacífico y su comparación con el tamaño de la isla de Manhattan, en una imagen elaborada por Joshua Stvevens empleando datos del Landsat del U.S. Geological Survey.

La actividad volcánica bajo el mar puede generar también materiales sólidos pero ligeros, como la piedra pómez, cuya baja densidad y su superficie irregular llena de cavidades le permite flotar sobre el agua. Muchos de los volcanes del mundo son submarinos. Cuando entran en erupción alteran la composición y aspecto de la superficie marina con sus emisiones de gases y restos sólidos, como se pudo comprobar en España con el episodio volcánico ocurrido frente a la isla canaria de El Hierro en 2011.

Una balsa flotante de piedra pómez

El pasado 13 de Agosto, el Operational Land Imager (OLI) equipado en el satélite Landsat 8 de la NASA tomó una imagen en color natural de una vasta balsa de piedra pómez flotanto sobre el Pacífico cerca de la isla de Late, en el archipiélago de Tonga.

El satélite Terra de la NASA también detectó las rocas flotantes en una imagen del 9 de agosto. El análisis de la tonalidad de las aguas circundantes sugiere que el volcán debía estar en algún punto cercano a esa imagen.

Desde entonces, la balsa de piedra pómez ha ido variando su dirección llevada por las corrientes marinas y para el 22 de agosto se movía hacia el norte, un poco más dispersa, pero todavía visible desde el espacio y extendiéndose a lo largo de decenas de kilómetros por el Pacífico.

La web Volcano Discovery ha dado a conocer que el primer aviso del suceso llegó el 7 de agosto por parte de un navegante, que había visto humo en el horizonte en dirección a Fonualei. Se trata de una pequeña isla deshabitada dominada por un volcán cuyo cráter se eleva 180 metros sobre el nivel del mar.

Según el Global Volcanism Program (GVP) de la Smithsonian Institution de EEUU, después empezaron a llegar avisos de embarcaciones que habían visto piedra pómez flotando en el mar. La tripulación del catamarán Roam ofreció el 15 de agosto en su muro de Facebook una amplia cobertura con fotos y testimonios, con espectaculares imágenes del barco surcando un mar cubierto de piedra gris: “Olía a azufre y el mar estaba cubierto por piedras que iban del tamaño de guijarros a balones de baloncesto”, afirman los navegantes.

Una tripulante del catamarán Roam fotografía algunos de los fragmentos de piedra pómez rescatados del mar. | Foto: EFE
Una tripulante del catamarán Roam fotografía algunos de los fragmentos de piedra pómez rescatados del mar. | Foto: EFE

Los vulcanólogos del Smithsonian creen que todas las evidencias apuntan a un volcán submarino sin nombre situado cerca de Tonga a 18 grados de latitud sur y 174 oeste.

El último informe de una erupción en esa zona data de 2001, y se cree que la cumbre del monte submarino se encuentra a unos 40 metros bajo las aguas.

Un experto en este tipo de fenómenos es el vulcanólogo Erik Klemetti, de la Universidad de Denison (EEUU) quien ha declarado al Earth Observatory de la NASA: “Las balsas de piedra pómez pueden desplazarse durante semanas o años y se dispersan lentamente con las corrientes marinas. Acaban siendo excelentes refugios a la deriva para distintos organismos marinos, ayudándoles a su dispersión por el océano”.

 


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