Tres inventos de Ian Hunter que podrían cambiar el planeta

Tres inventos de Ian Hunter que podrían cambiar el planeta

Coches alimentados con energía solar, baterías a base de carbono, ruedas con propulsión propia… Las posibilidades de la bioingeniería para reducir las emisiones de CO2 son “enormes”, según apunta el experto Ian Hunter, profesor del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT)


A pesar de su bigote bismarckiano y sus aires de explorador del siglo XIX, Ian Hunter es un inventor y emprendedor sin filtro, una mente inquieta que está siempre saltando de un experimento a otro. Director del Laboratorio de Bioinstrumentación del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés), Hunter aprovechó su presencia el pasado jueves en un Simposio Internacional organizado por su universidad y la Fundación Ramón Areces en Madrid para dar una clase magistral sobre sus últimos proyectos. Ideas revolucionarias que podrían ayudar a reducir las emisiones de CO2 y ser claves para evitar el cambio climático.

“Hay que repensar la forma de trabajar de los ingenieros. El objetivo debería ser parecerse a auténticos hombres del Renacimiento”. Esta visión utópica de la ingeniería como ciencia todoterreno resume el pensamiento de Hunter. El profesor es un pionero de la combinación de saberes científicos: la biología, la mecánica, las matemáticas, la electrónica o la química se entremezclan en un auténtico cóctel multidisciplinar con el que ha producido más de 500 publicaciones, 150 patentes y 25 empresas. Algunas de ellas están cerca de lanzar inventos que buscan mejorar la sostenibilidad de las prácticas humanas más contaminantes, como la producción de energía o el transporte por carretera.

Baterías para unas renovables eficaces

Uno de los modelos de batería portátil para renovables. | polyjoule.com

El 25% de la emisión de gases de efecto invernadero a nivel mundial viene de la generación de electricidad. Aunque la mayoría de los países industrializados están elaborando y ejecutando planes de transición energética para pasar a utilizar un porcentaje mayor de renovables, estas siguen presentando problemas técnicos de capacidad para poder suministrar energía de manera constante. Por ejemplo, un problema clásico de los paneles solares es que los picos de consumo (de noche) no coinciden con los momentos de máxima producción (de día), lo que provoca problemas de abastecimiento.

Hunter indica que esto se podría solucionar con unas baterías sin litio, basadas en variaciones químicas del carbono. Fabricadas a escala con un tamaño similar al de un contenedor de transporte marítimo, se instalarían en la base de cada placa o molino de viento. Supondrían una forma de almacenar energía segura y económica que solucionaría el problema de los desajustes entre demanda y oferta, además de abaratar considerablemente el coste de las renovables.

Según Eli Paster, alumno de Hunter y confundador de la empresa que desarrolla las baterías, PolyJoule, éstas están diseñadas para funcionar “en cualquier entorno y clima” y tienen “una inversión inicial baja con una vida útil alta”, por lo que podrían servir a países en vía de desarrollo que tienen mayores dificultades para invertir en renovables.

Motores en las ruedas

Una rueda con motor incorporado | indigotech.com

“Hay que repensar drásticamente la cultura del automóvil. Los vehículos deberían tener otra forma, otra aerodinámica y otra forma de funcionar si queremos que los fabricantes de coches sigan siendo competitivos”. Así piensa Marshall Chapin, otro alumno de Ian Hunter, junto al que ha creado Indigo Technologies, una compañía centrada en formas alternativas de movilidad.

La idea principal de Hunter en este terreno es que es necesario romper el paradigma actual en el diseño de vehículos. Los coches del mañana tienen que ser “altamente eficientes, ligeros, modulares y flexibles” y para ello hay que prescindir de las ideas tradicionales sobre la construcción de coches. Indigo Technologies ya ha desarrollado un motor que va instalado en las ruedas y permitiría escapar del diseño actual, que obligatoriamente tiene que incorporar un tren motriz adicional (la transmisión del motor a las ruedas) para funcionar.

Al dejar el motor en las ruedas, los coches serían modulables según las plazas necesarias en cada viaje y podrían ser mucho más pequeños y aerodinámicos. Pero Hunter va aún más allá en sus ideas a largo plazo: para el profesor, lo ideal sería “encapsular” los coches en tubos cerrados que recorrerían las urbes y sustituirían las grandes autovías. La resistencia del viento sería nula, el deslizamiento óptimo y permitiría automatizar la conducción de todos los vehículos sin miedo a posibles accidentes. Por ahora, más ciencia ficción que realidad, pero es un futuro que podría estar más cercano de lo que pensamos.

Inyecciones como revolución agrícola

Otra invención de Ian Hunter que puede tener un impacto positivo en el medio ambiente viene de un área de investigación que a priori no tiene nada que ver: las inyecciones médicas. El profesor descubrió junto a su alumno Patrick Anquetil una forma de inyectar medicamentos sin usar aguja, fácil de usar y que tiene un potencial enorme en pacientes que precisan inyecciones diarias o semanales. Este descubrimiento es especialmente interesante porque Hunter encontró otra disciplina en la que podría tener un impacto ambiental enorme: la agricultura.

Y es que el sistema de inyección sin aguja que desarrolla Portal Instruments puede servir también para acabar con la distribución masiva de fertilizantes y pesticidas, que pueden dañar gravemente el suelo y los acuíferos cuando se filtran. “Con este invento podríamos inyectar la sustancia química que quisiéramos en la planta deseada de manera exacta, con control informático. Se economizaría muchísimo y se evitaría cualquier filtración contaminante para el suelo”, explica Hunter.

La inyección sin aguja podría servir también para insertar semillas a profundidades precisas y controlar su crecimiento y evolución sin necesidad de abrir la tierra. En cualquier caso, inventos híbridos y que sobrepasan los límites de cada área de investigación. Aunque no sea “un hombre del Renacimiento”, Ian Hunter se parece mucho a uno.



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