Estudian crear nieve artificial para evitar el deshielo de la Antártida - EL ÁGORA DIARIO

Estudian crear nieve artificial para evitar el deshielo de la Antártida

Científicos de las universidades de Columbia y Postdam utilizan un modelo informático para simular una solución de geoingeniería que evite una drástica subida del nivel del mar: estabilizar la plataforma antártica con millones de toneladas de nieve artificial


En poco más de un siglo, la humanidad ha pasado de conquistar la Antártida a romper el equilibrio climático y hacer peligrar la continuidad del continente helado tal y como lo conocemos. Esta idea quizá pueda resumirse en una imagen lapidaria: construida sobre una barrera de hielo que el cambio climático volvió inestable, la base de la primera expedición que logró con éxito la hazaña de alcanzar el Polo Sur magnético, la del noruego Roald Amundsen, hace décadas que se perdió a la deriva sobre un iceberg.

Ahora, investigadores del Observatorio de la Tierra Doherty de la Universidad de Columbia, del Institute for Climate Impact Research de Potsdam y del Instituto de Física de la universidad de esta misma ciudad alemana plantean, al menos sobre el papel, la posibilidad de que la misma humanidad responsable del derretimiento de los glaciares sea la que los intente estabilizar mediante la creación de millones de toneladas de nieve artificial; un proyecto basado en modelos informáticos que los mismos autores ponen en duda por sus posibles impactos ambientales en un artículo publicado en la revista Science Advances.

Pendientes de la Plataforma de Hielo de la Antártida Occidental

Hace años que los expertos miran con recelo la evolución de la capa de hielo de la Antártida Occidental (WAIS en sus siglas en inglés), una enorme masa de agua helada que duplica la superficie de Francia y que retiene alrededor del 10% de la reserva hidrológica del continente. Tanto es así que el tercer informe de evaluación del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) advertía de las desastrosas consecuencias que conllevaría su desaparición.

Si toda la capa de hielo de la Antártida Occidental colapsara el nivel del mar subiría tres metros y podría en grave riesgo a ciudades como Calcuta, Shangai, Nueva York y Tokio

En esta zona es especialmente importante el papel de glaciares como el Pine Island y el Thwaites que, junto a las barreras de Ross y Fichner-Ronne, actúan como muros de contención naturales reteniendo el flujo de las grandes masas de hielo hasta el mar. Sin embargo, según se describe en el estudio, se trata de una región especialmente vulnerable al calentamiento global puesto que se asienta sobre un lecho de roca que, a más de 1.500 metros por debajo de la superficie del mar, permite la entrada de aguas oceánicas tibias bajo las capas inferiores de hielo, lo que está acelerando su derretimiento. En tan solo treinta años ambos han triplicado sus aportes al océano, pasando de unas 36 gigatoneladas anuales a las más de 92 actuales. Esto supone la mayor contribución de la Antártida al aumento del nivel del mar.

Pero los 0,44 milímimetros que subieron los océanos en 2017 a causa de estos gigantes de helados suponen una cifra casi irrisoria si se comparan con los tres metros que podría incrementarse si toda la capa de hielo de la Antártida Occidental colapsara. Se trata de un escenario que en un mayor o menor plazo aparece en las simulaciones desarrolladas por los investigadores de Columbia y Postdam y que supondría un grave riesgo para ciudades tan pobladas como Calcuta, Shangai, Nueva York y Tokio

Cuando la geoingeniería suena

Los científicos han simulado mediante modelos matemáticos el comportamiento de la capa de hielo de la Antártida Occidental tomando como referencia las temperaturas actuales. El resultado es el esperado en todos los casos: si se mantiene el escenario más previsible (o, como todo apunta, empeora) esta región acabará por fundirse.

No obstante, lo más destacado del estudio no es esto, sino que sus autores decidieron simular qué pasaría si de manera artificial se añadieran cantidades ingentes de nieve a las regiones costeras que rodean los glaciares Pine Island y Thwaites, llegando a la conclusión de que, con nada más y nada menos que 7.400 gigatoneladas aplicadas a lo largo de diez años, podría revertirse el proceso por el que las capas de hielo se deslizan al océano.

De esta manera, aunque afirman que se trata de un ejercicio teórico que “pretende apuntar futuras técnicas que pudieran paliar los efectos de cambio climático, más que de un trabajo técnico”, dejan abierta la puerta a futuros proyectos de geingeniería que se unen a otros ya clásicos, y no exentos de polémica, como la gestión de la radiación solar mediante aerosoles estratosféricos o la fertilización oceánica para propiciar un crecimiento intensivo de fitoplancton que por fotosíntesis extraiga el CO2 de la atmósfera.

De hecho, solo hay que avanzar en el artículo para toparse con los inconvenientes que suelen rodear a estas técnicas como son el coste asociado, dado lo enorme de su magnitud, y unos impactos indirectos que podrían tener consecuencias negativas inesperadas, incluso catastróficas, que en este caso podrían suponer “la pérdida de una reserva natural única, con graves efectos en sus ecosistemas marinos y costeros sensibles”.

Una larga lista de contrapartidas

Teniendo en cuenta que la extensión sobre la que se quiere actuar es de 52.000 km2, aproximadamente la de Costa Rica, generar y distribuir 7400 gigatoneladas de nieve demandaría una cantidad de energía inmensa y requeriría unas infraestructuras de unas dimensiones que nunca han sido vistas hasta el momento. “Un esfuerzo sin precedentes para la humanidad en uno de los entornos más duros del planeta”, explican los autores, “que requeriría un mínimo teórico de 145 GW, para lo que serían necesarias al menos 12.000 turbinas eólicas de alta potencia”.

El proceso conllevaría una liberación de calor latente asociado al cambio de estado del agua que, como los investigadores de Columbia y Postdam advierten, no se ha tenido en cuenta en las simulaciones. A esto habría que añadir que, para evitar que el agua convertida en nieve no perjudicara la

dinámica del flujo de la capa de hielo, esta debería ser desalinizada, proceso que elevaría unos costes ya de por sí desorbitados y, aún más, la cantidad de energía requerida.

Pero la lista de posibles contrapartidas no queda aquí. No puede descartarse que la extracción de agua de mar perturbara el régimen de circulación del océano a nivel local, lo que podría incluso facilitar la intrusión de corrientes tibias en las cavidades de la plataforma de hielo de los glaciares, acelerando el proceso que precisamente se quiere evitar.

Por último, todo lo descrito supondría la pérdida de una reserva natural única, “con graves efectos sobre los ecosistemas marinos y costeros sensibles, entre los que se encuentran la emisión de ruido submarino, los campos electromagnéticos o las colisiones mortales con las infraestructuras energéticas, sin descontar los peligros potenciales que conllevaría una operación enorme y que probablemente tendrían un impacto devastador”, apuntan.

Implementar técnicas de geoingeniería en la Antártida podría suponer la pérdida de una reserva natural única, con graves efectos sobre los ecosistemas marinos y costeros sensibles

Por otro lado, en la discusión de la investigación se reconoce que los modelos utilizados no tienen en cuenta mecanismos que podrían alterar los resultados descritos, como es el posible aumento de las nevadas en la zona asociado al cambio en las dinámicas atmosféricas, o las fracturas que podría provocar en la capa de hielo el calentamiento atmosférico futuro. Incluso advierten que los escenarios de deposición en masa de nieve calculados solo son válidos bajo una “reducción drástica y simultánea de las emisiones globales de CO2”.

De vuelta a la mitigación

“Destacamos que estos proyectos no son una alternativa al fortalecimiento de los esfuerzos de mitigación del cambio climático. La ambiciosa reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero es y será la principal palanca para mitigar los efectos del aumento del nivel del mar”. Quizá esta frase, con la que se cierra la discusión del artículo, resume las prioridades en la lucha contra el calentamiento global.

El reto de reducir las emisiones, según la mayoría de organismos internacionales, supone nada más y nada menos que un cambio en los modelos energético, industrial (con sustitución de materiales derivados del petróleo por otros renovables) y de movilidad. En su último informe el IPCC apuntaba a un recorte necesario de un 45% del CO2 para el 2030 (respecto al 2010) con emisiones cercanas a cero en el 2050. Aunque ya no exista la base del explorador que le dio nombre, parece que solo así podrá garantizarse un equilibrio ecológico en el Mar de Admunsen.

Geoingeniería y cambio climático, una vieja historia

Sin citarla directamente, en su último informe el Panel Intergubernamental de Cambio Climático dejó abierta la puerta a la geoingeniería, generando una importante controversia científica por los posibles efectos adversos resultantes de las actuaciones a gran escala sobre el clima y por la posibilidad de que sirva para desviar fondos y atención de la necesaria reducción de gases de efecto invernadero. Las alternativas más citadas son estas:

  • Captura del CO2 atmosférico, ya sea mediante procesos químicos que permitan captarlo del ambiente y almacenarlo bajo tierra, fertilizando el mar para que se encargue el fitoplancton o mediante la plantación de árboles.
  • Modificación de la radiación solar mediante medidas como el incremento de la capacidad de reflexión de las nubes, el uso de aerosoles estratosféricos o la instalación de reflectores en el espacio exterior.


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