Los océanos pueden expulsar en 2075 un gas destructor de la capa de ozono

Los océanos pueden expulsar en 2075 un gas destructor de la capa de ozono

Un equipo de científicos ha descubierto que los océanos pueden pasar de ser un sumidero de clorofluorocarbonos a un emisor potencial a partir del año 2075. Estos gases se prohibieron en la década de los 80 por impulsar la destrucción de la capa de ozono, por lo que su vuelta al tablero de juego podría poner de nuevo en peligro esta capa vital para la vida en el planeta


Un antiguo enemigo de la capa de ozono está resurgiendo de sus cenizas. A pesar de que el Protocolo de Montreal prohibió a finales de la década de los 80 el uso de clorofluorocarbonos (CFC) por ser destructores de la capa de ozono, una investigación liderada por el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) apunta a que otro agente no humano posiblemente los empezará a liberar en el año 2075, amenazando la integridad de esa capa atmosférica vital para la vida.

Ese agente no es otro que el océano, uno de los grandes depósitos de este gas que durante años lo ha estado absorbiendo y secuestrándolo en sus profundidades. De hecho, los CFC marinos se han estado utilizando como trazadores para estudiar las corrientes oceánicas, asumiendo que no tenían un gran impacto en las concentraciones atmosféricas.

No obstante, los expertos del MIT han descubierto que la realidad es totalmente contraria a esas suposiciones y que al menos un tipo de CFC oceánico, el CFC-11, afecta a las concentraciones de clorofluorocarbonos en la atmósfera.

Según los investigadores, los océanos perderán la capacidad para almacenar este gas a partir del 2075, aunque podría serlo 10 años antes debido a los efectos del cambio climático. Las emisiones de CFC-11 del océano extenderán efectivamente el tiempo de residencia promedio de la sustancia química, haciendo que permanezca cinco años más en la atmósfera de lo que lo haría de otra manera.

“Para cuando lleguemos a la primera mitad del siglo XXII, habrá un flujo suficiente que saldrá del océano y podría parecer que alguien está engañando al Protocolo de Montreal, pero en cambio, podría ser simplemente lo que sale del océano”, ha comentado Susan Solomon, coautora del estudio. “Es una predicción interesante y, con suerte, ayudará a los futuros investigadores a evitar confundirse sobre lo que está sucediendo”, ha añadido la experta.

El tiempo se agota

En el artículo, el equipo de científicos trató de buscar el momento en el que el océano pasaría a convertirse en una fuente de esta sustancia química y hasta qué punto el océano contribuiría a las concentraciones de CFC-11 en la atmósfera. Del mismo modo, también pretendieron averiguar qué impacto tendría el cambio climático en este fenómeno.

Para ello, utilizaron una jerarquía de modelos para simular la mezcla dentro y entre el océano y la atmósfera. Comenzaron con un modelo simple de la atmósfera y las capas superior e inferior del océano, tanto en el hemisferio norte como en el sur.

A este modelo agregaron las emisiones antropogénicas de CFC-11 que se habían reportado previamente a lo largo de los años, para después ejecutar el modelo en el tiempo, desde 1930 hasta 2300, para observar cambios en el flujo químico entre el océano y la atmósfera.

Luego reemplazaron las capas oceánicas de este modelo simple con el modelo de circulación general del MIT, o MITgcm, una representación más sofisticada de la dinámica del océano, y ejecutaron simulaciones similares de CFC-11 durante el mismo período de tiempo.

Ambos modelos produjeron niveles atmosféricos de CFC-11 hasta el día de hoy que coincidían con las mediciones registradas, lo que le dio al equipo confianza en su enfoque. Cuando observaron las proyecciones futuras de los modelos pudieron ver que el océano comenzó a emitir más sustancias químicas de las que absorbió, sobre todo a partir del 2075.

Para 2145, el océano emitiría CFC-11 en cantidades que serían detectables por los estándares de monitoreo actuales.

Por otro lado, para medir los posibles impactos del cambio climático, el equipo utilizó un escenario pesimista en el que las temperaturas aumentarán cinco grados Celsius para finales de siglo. En este contexto, descubrieron que la crisis podría adelantar la emisión de esos gases para el 2030 y se convertirá en fuente estable para el 2140.

“Generalmente, un océano más frío absorberá más CFC. Cuando el cambio climático calienta el océano, se convierte en un reservorio más débil y también se desgasifica un poco más rápido”, ha indicado Peidong Wang, coautor del estudio.

“Incluso si no hubiera cambio climático, a medida que los CFC se descomponen en la atmósfera, eventualmente el océano tiene demasiado en relación con la atmósfera y volverá a salir. Creemos que el cambio climático hará que eso suceda incluso antes. Pero el cambio no depende del cambio climático”, ha agregado Susan Solomon.

Sus simulaciones mostraron que el cambio del océano ocurrirá un poco más rápido en el hemisferio norte, donde se espera que los patrones de circulación oceánica a gran escala disminuyan, dejando más gases en el océano poco profundo para escapar de regreso a la atmósfera. Sin embargo, conocer los impulsores exactos de la inversión del océano requerirá modelos más detallados que los investigadores pretenden explorar.

“Algunos de los próximos pasos serían hacer esto con modelos de mayor resolución y enfocarse en patrones de cambio. Por ahora, hemos abierto algunas preguntas nuevas y geniales y hemos dado una idea de lo que uno podría ver”, ha concluido Jeffery Scott, otro de los investigadores que participó en el estudio.



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