Tecnología, resiliencia y urgencia: qué funciona frente a la crisis climática - EL ÁGORA DIARIO

Tecnología, resiliencia y urgencia: qué funciona frente a la crisis climática

Coincidiendo con la recta final de la Cumbre del Clima de Madrid (COP25), la revista Science publica tres estudios que apuestan por la inmediatez, la adaptación y el uso de tecnologías como los smartphones para la luchar contra la emergencia climática. Los científicos piden grandes cambios y recuerdan que estas reuniones no pueden solucionar todos los problemas


Mientras en la Cumbre del Clima de Madrid las negociaciones de alto nivel encaran sus últimas horas para intentar llegar a un acuerdo lo más ambicioso posible, los científicos siguen trabajando y publicando estudios orientados a luchar contra la crisis climática.

Si de algo se ha hablado estos días en las conferencias, mesas de debate y negociaciones es de dos conceptos clave que no son lo mismo: mitigación y adaptación. “Reducir las emisiones de los gases de efecto invernadero es la principal estrategia de mitigación del cambio climático y la forma de medir el éxito es precisamente revisar y monitorizar su evolución en la atmósfera”, explica a El Ágora Fernando Valladares, profesor de investigación del CSIC en el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN).

En cambio, la adaptación es un fenómeno más difícil de evaluar y tiene que ver con la capacidad de resiliencia, es decir, de afrontar las adversidades, que se aplica a las personas, al resto de animales y a los ecosistemas. “La adaptación a los cambios climáticos futuros es mucho más compleja porque estos cambios tienen mucha incertidumbre temporal y, sobre todo, espacial. No sabemos cuándo y dónde exactamente van a ocurrir y, por lo tanto, es difícil definir actuaciones de adaptación efectivas”, resalta a El Ágora Lluís Brotons, investigador del CSIC en el Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF).

 

El aumento de las temperaturas y la escasez de precipitaciones afectan a los humedales. / Olmo1981

Un estudio publicado hoy en la revista Science pone sobre la mesa esta cuestión. Su autor principal, Michael Morecroft, experto en cambio climático del Natural England –un organismo público dependiente del Departamento de Medio Ambiente, Alimentación y Asuntos Rurales del Gobierno británico–, nos lo explica con el ejemplo de un humedal.

Si esta zona se encuentra amenazada por cambios en la temperatura y en la frecuencia de las lluvias, podremos adaptarnos tratando de mantener su suministro de agua en períodos secos. Sin embargo, si los cambios en el clima se recrudecen, según Morecroft, quizás tenga más sentido aceptar la realidad y adecuar al humedal a un tipo diferente de hábitat, mientras centramos los esfuerzos en proteger a los humedales de otras regiones donde las condiciones sigan siendo adecuadas.

Hacen falta enfoques más prácticos

“Ambos enfoques son de adaptación pero sus resultados son distintos y son apropiados en diferentes circunstancias”, compara el científico. Otra estrategia de adaptación al cambio climático es la reforestación pero no se puede plantar cualquier árbol en cualquier lugar. El artículo resalta que plantar árboles en ecosistemas históricamente abiertos, como la sabana, es perjudicial.

Para medir qué acciones son más o menos efectivas, aunque existen Planes Nacionales de Adaptación impulsados por la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (UNFCCC en inglés), los autores proponen un enfoque mucho más práctico, que mida qué estrategias tienen más éxito en la reducción de los riesgos.

“En estos momentos, la mayoría de los informes internacionales sobre adaptación se refieren a la planificación en lugar de a la implementación”, puntualiza Morecroft. Además, en opinión del científico, es importante que estas medidas se planifiquen teniendo en cuenta los impactos sobre la biodiversidad y las personas.

Los móviles, aliados de los agricultores

El estudio forma parte de la serie La Tierra del Mañana (Tomorrow’s Earth en inglés) promovida por la revista Science y en la que también se engloban otros dos trabajos publicados hoy relacionados con la crisis climática. Uno de ellos analiza el papel de los smartphones para conseguir una agricultura más sostenible.

Los pequeños agricultores podrían beneficiarse del uso de los smartphones para conseguir cultivos más sostenibles. / Miguel Ángel Masegosa Martínez.

Según el estudio –un metaanálisis que revisa investigaciones publicadas previamente–, la rápida expansión de los teléfonos móviles podría mejorar la productividad de forma sostenible de dos mil millones de personas que viven en pequeños hogares agrícolas. El artículo destaca que proporcionar información agrícola en África Subsahariana e India mediante dispositivos tecnológicos mejoró los rendimientos en un 4% y aumentaron en un 22% las probabilidades de que los agricultores adoptaran las estrategias agroquímicas recomendadas.

“Los smartphones pueden desempeñar un doble papel para ayudar a los agricultores a aumentar sus rendimientos y, por lo tanto, sus ingresos y, al mismo tiempo, reducir la huella ambiental de la agricultura, por ejemplo, ayudando a los agricultores a evitar el uso excesivo de fertilizantes o pesticidas”, señala a El Ágora Frank Schilbach, investigador del departamento de Economía del Instituto Tecnológico de Massachusetts (EEUU) y uno de los autores del estudio, en el que también participa el Premio Nobel de Economía de este año, Michael Kremer, y la economista Raissa Fabregas.

Apoyo económico de los gobiernos

Los investigadores plantean que, aunque en muchos países en vías en desarrollo está muy extendido el uso de teléfonos móviles, no lo está tanto un sistema digital de asesoramiento agrícola, por lo que los gobiernos podrían apoyar económicamente estas tecnologías y extender así su implantación.

Científicos que no han participado en el estudio valoran el uso de esta tecnología de forma distinta. Para Valladares es un “maravilloso ejemplo” de aprovechar lo que ya existe y no esperar al futuro y a nuevas soluciones tecnológicas. Y pone como ejemplo su utilidad para gestionar recursos como el agua dulce o los calendarios cambiantes de las cosechas.

Por su parte, Brotons se muestra más crítico. “Estamos en un período hipertecnológico en el que el desarrollo de nuevos gadgets aparece como la solución a problemáticas a menudo profundas y tremendamente complejas”, matiza. A su juicio, sin una mejor educación y acceso a otros servicios básicos, “incluidos mercados basados en la justicia social y ambiental”, los atajos metodológicos como los móviles pueden quedar rápidamente en vía muerta.

Hay que actuar ya

El tercero de los estudios publicado en Science urge a actuar de inmediato para atajar los daños que el ser humano ha causado en la naturaleza. El impacto humano sobre la vida en la Tierra ha aumentado drásticamente desde 1970 lo que provoca que el 70% de las superficies terrestres estén alteradas o que el 77% de los grandes ríos se vean influidos por construcciones humanas, como recoge el trabajo, que revisa numerosos estudios científicos.

El artículo, donde se resume la reciente evaluación de la Plataforma Intergubernamental de Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (IPBES según sus siglas en inglés), subraya que, a pesar de la gravedad de las amenazas y la falta de avances, estamos a tiempo de cambiar lo que ocurra en el futuro con acciones transformadoras. “Dicha acción debe comenzar de inmediato y debe abordar las causas económicas, sociales y tecnológicas del deterioro de la naturaleza”, recalcan los autores.

El 77% de los grandes ríos no fluyen libremente. / Phil Norton

Una idea con la que coincide Brotons. “La evaluación IPBES identifica el cambio climático como uno de los síntomas de un problema mucho más amplio y transversal que afecta a nuestra sociedad”, sostiene el biólogo, para quien el reto fundamental que tenemos por delante es revertir la asociación actual entre crecimiento económico y la explotación de recursos naturales. “Este reto va incluso más allá en términos de ambición y necesidad que el planteado en la COP25 sobre el cambio climático”, alega.

A solo unas horas de que finalice la cumbre y de que sepamos si los países están a la altura de lo que la sociedad les pide, Valladares recuerda que estas reuniones no pueden resolver todos los problemas ni proponer todas las soluciones necesarias a tiempo. “Son unos juegos olímpicos para enfrentarse a un problema ambiental urgente que desafía a la humanidad. Las negociaciones no alcanzarán el grado de compromiso que nos gustaría a muchos, pero son un paso más”, destaca. Habrá que ver si, como piden los científicos, ha llegado el tiempo de actuar.

Las mejores imágenes de la COP25

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Referencias bibliográficas:

D. Morecroft et al. Measuring the success of climate change adaptation and mitigation in terrestrial ecosystems, Science, 12 de diciembre de 2019.

Fabregas et al. Realizing the potential of digital development: The case of agricultural advice, Science, 12 de diciembre de 2019.

Díaz et al. Pervasive human-driven decline of life on Earth points to the need for profound change, Science, 12 de diciembre de 2019.



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