Discriminación ambiental: la cruz de los gitanos centroeuropeos

Discriminación ambiental: la cruz de los gitanos centroeuropeos

Discriminación ambiental: la cruz de los gitanos centroeuropeos

Un informe publicado recientemente apunta que las comunidades romaníes en países europeos como Hungría, Rumanía o Bulgaria no tienen acceso a servicios básicos y son regularmente empujados por las autoridades a vivir en zonas contaminadas como vertederos

Son tan europeos como sus compatriotas, pero a veces actuamos como si no lo fueran. Las comunidades gitanas sufren desde hace siglos importantes discriminaciones que se derivan del racismo con el que todavía muchos europeos miran a esta minoría. Pero aunque su  su exclusión social ha sido documentada durante mucho tiempo, también se ha pasado por alto la negación de los servicios básicos y la exposición a la contaminación que muchas de estas comunidades sufren, sobre todo en el centro y el este de Europa. Es lo que se conoce como “discriminación ambiental”.

Actualmente, la mayoría de los gitanos centroeuropeos viven y trabajan en entornos empobrecidos y están excluidos de servicios ambientales básicos, como el suministro de agua potable, el saneamiento o la gestión de residuos. Además, se ven desproporcionadamente afectados por cargas ambientales como la contaminación o la degradación ambiental derivada de los vertederos o las industrias sucias. 

La Oficina Europea del Medio Ambiente (EEB, por sus siglas en inglés) ha publicado recientemente un informe en el que denuncia esta situación en la que viven más de 150.000 personas gitanas en países del centro y el este de la Unión Europea. Esta organización paneuropea del tercer sector advierte de que las consecuencias del racismo ambiental son devastadoras para estas comunidades, ya que provocan importantes problemas para la salud que van desde enfermedades infecciosas hasta taras psicológicas. 

“Vivir y trabajar en terrenos degradados ambientalmente tiene serias consecuencias sobre la salud de las comunidades romaníes. Necesitamos una fuerte respuesta europea para acabar con esto”, asegura Patrizia Heidegger, directora de Políticas Globales y Sostenibilidad en el EBB. De hecho, la mayoría de estas situaciones en Europa se producen en Estados miembro de la UE, como Hungría, Eslovaquia, Rumanía y Bulgaria, aunque el estudio también analiza situaciones discriminatorias en Serbia o Bosnia-Herzegovina. 

Discriminación y dejadez estatal

La ausencia de agua potable, saneamiento y servicios de recolección de basura aparecen como problemas en más de la mitad de las situaciones que analiza el informe. Es el caso de Stolipinovo en Bulgaria, el asentamiento romaní más grande de Europa y parte de la ciudad de Plovdiv. Se estima que unas 60.000 personas viven en este distrito, cuya composición recuerda más a las favelas brasileñas o los slums indios.

Entre casas a medio construir y montones de basura, la mayoría de los romaníes de este asentamiento están aislados de los servicios de agua corriente y saneamiento del resto de Plovdiv, que fue paradójicamente capital europea de la cultura en 2019. Una situación insostenible ante la que el Gobierno búlgaro se defiende aduciendo falta de recursos y dificultades de gestión. 

Asentamiento romaní a las afueras de Sofía, Bulgaria.

Pero en algunos países, cómo Hungría, la discriminación es ejercida de forma activa por las autoridades. Un caso especialmente sangrante y bien documentado se produjo cuando el Gobierno decidió cerrar el acceso al suministro público de agua para algunas comunidades romaníes durante las olas de calor de los veranos de 2013 y 2017, decisiones que afectaron a 800 personas en Gulács y a 1.500 habitantes de Huszártelep en 2013.

Incluso cuando hay una inversión internacional importante, los resultados no están asegurados: la ciudad de Ózd, en el norte de Hungría, recibió casi 5,5 millones de euros de Suiza para mejorar el suministro de agua corriente a las comunidades romaníes. En un análisis posterior, los investigadores suizos descubrieron que muchos gitanos no se habían beneficiado en absoluto del esquema, una crítica frente a la que el ayuntamiento de la ciudad alegó que los hogares romaníes no pagaban sus facturas y no podían por tanto gozar de las innovaciones en infraestructuras de la ciudad.

Vivir en el vertedero

En Pata-Rât, un asentamiento situado a las afueras de la ciudad de Cluj (Rumanía), los gitanos viven en una situación de extrema pobreza que no palidece en comparación a la situación de muchos países en vías de desarrollo. En plena Unión Europea, unas 2.000 personas viven sin acceso a servicios públicos, es decir, sin agua ni electricidad, en refugios improvisados hechos de materiales reciclables que encuentran en el vertedero próximo: cartón, madera podrida o cosas por el estilo. De hecho, la mayoría de ellos trabajan buscando materiales que puedan ser vendidos en el mismo vertedero que envenena sus familias lentamente. 

El asentamiento, que data de los años 60, se ha ido agrandando en los últimos tiempos, después de que las autoridades rumanas expulsaran a los gitanos del centro de ciudades históricas como Cluj o Sibiu. Muchos viven entre la basura, en una zona en la que los suelos y el agua están fuertemente contaminados por años de infiltraciones del vertedero. 

discriminación ambiental
Vista general del asentamiento romaní de Pata Rat, Rumanía. | Melinda Nagy

Pero lo peor es que la situación de Pata-Rât ni siquiera es excepcional. Los investigadores del EBB han identificado varias comunidades romaníes que viven en los vertederos o cerca de ellos en Fakulteta, cerca de Sofía (Bulgaria). También hay familias gitanas que malviven en las afueras de la ciudad transilvana de Turda, junto a un antiguo asentamiento industrial contaminado con mercurio. 

Estas situaciones de discriminación ambiental provoca que en los 32 estudios de caso que aparecen en el informe, los romaníes eran mucho más vulnerables a enfermedades respiratorias e infecciosas, accidentes y depresión que el resto de sus compatriotas.

La punta del iceberg

Heidegger asegura que los casos analizados en el estudio son apenas la punta del iceberg de los grandes problemas de discriminación ambiental que sufren los romaníes. De hecho, a menudo se culpa a las propias comunidades romaníes de la contaminación y la degradación de la tierra en la que viven. 

“Se perciben como un problema ambiental y no como comunidades que se ven desproporcionadamente afectadas por la exposición a la contaminación o la falta de provisión de servicios ambientales, lo que luego lleva a la degradación de su medio ambiente”, explica Heidegger. 

Según los autores del estudio, la discriminación ambiental contra las comunidades romaníes en Europa ha recibido muy poca atención tanto en la formulación de políticas europeas como en la implementación y aplicación de la ley ambiental o en el gasto público en protección ambiental o servicios ambientales. 

Es necesario “cambiar por completo” la forma en la que las autoridades de la UE tratan este problema, apunta el EBB, o la discriminación ambiental de los gitanos podría agravarse aún más en los próximos años. El trabajo completo del EBB se puede consultar en la página de la organización, además de un mapa en el que se detallan geográficamente los casos país por país.



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