La ola verde que quiere transformar las ciudades francesas

La ola verde que quiere transformar las ciudades francesas

La ola verde que quiere transformar las ciudades francesas

Las elecciones municipales han supuesto una revolución política en varios grandes ayuntamientos galos tras la victoria de los ecologistas en coalición con los socialistas en París, Lyon, Grenoble o Burdeos. Los nuevos alcaldes apuestan sobre todo por cambiar la movilidad en las ciudades y pasar del coche a la bicicleta


Nicolás Pan-Montojo
Madrid | 10 julio, 2020


Las municipales de finales de junio han supuesto un vuelco en la política francesa. La victoria de candidaturas de coalición entre verdes y socialistas en varias de las ciudades más importantes del país ha hecho cambiar el paso al presidente, Emmanuel Macron, que se ha visto obligado a reformar su Gobierno con un baile de ministros e intenta surfear la ola verde con el anuncio de un gran paquete de medidas ambientales. A pesar de este cambio de estrategia, lo cierto es que durante los próximos seis años, ciudades como París, Lyon, Burdeos, Estrasburgo o Grenoble serán la punta de lanza de la oposición contra el Ejecutivo, con unos planes que pasan por transformar por completo la movilidad de las grandes ciudades.

Hasta ahora, el laboratorio de pruebas había sido Grenoble. En esta ciudad francesa situada al pie de los Alpes gobierna desde 2014 el ecologista Éric Piolle, que se convirtió en el primer alcalde de este signo político en ser elegido en una urbe de más de 100.000 habitantes. A lo largo de seis años de alcaldía, este exdirectivo de HP despedido tras haberse negado a aplicar un plan de deslocalizaciones, se ha convertido en una celebridad política a nivel local. Hasta el punto de que en la primera vuelta ya había reunido un 47% en la primera vuelta de las municipales y ha dedicado el tiempo de campaña de la segunda a apoyar a otros candidatos ecologistas.

Una calle de Grenoble donde se ha reverdecido la vía del tranvía. | Foto: Aliaksei Kruhlenia

Piolle le ha cambiado la cara a Grenoble. Gran parte de las calles del casco histórico han sido peatonalizadas, mientras que en otras se han ampliado las aceras. También se han construido nuevos espacios verdes y se ha creado en el centro urbano una zona de bajas emisiones, parecida a Madrid Central. Pero, sobre todo, se ha impulsado la bicicleta como medio preferente de transporte, hasta el punto de que Grenoble encabeza desde hace dos años el barómetro de las ciudades francesas mejor adaptadas al uso de este transporte sostenible.

Esta apuesta por las dos ruedas se ha materializado sobre todo con la creación de los “chronovélo”, una especie de autopistas para bicicletas que discurren en paralelo a las principales vías de la ciudad pero claramente separados de la carretera y se empezaron a construir en 2017. Actualmente, ya hay una veintena de kilómetros de estos carriles bici a los que se añaden otros tantos provisionales que se han instalado de urgencia por la pandemia de coronavirus. En 2022, está previsto que esta red cuente con 44 kilómetros a pesar de las reticencias de la derecha municipal, que denuncia que Grenoble es una de las ciudades con más atascos.

Para su segundo mandato, Piolle no rebaja su ambición de lanzar políticas que unan la justicia social y la urgencia climática. Uno de sus planes más ambiciosos pretende impulsar con 650 millones de euros la rehabilitación de edificios en los barrios más modestos del sur de la ciudad, para lograr que sean más eficientes desde un punto de vista térmico. También quiere hacer una apuesta fuerte por la alimentación local y saludable con la creación de una granja urbana, con más de tres hectáreas dedicadas al cultivo de verduras ecológicas, que después se destinarían a mejorar la alimentación de servicios sociales municipales como las residencias de ancianos o las guarderías.

Su popularidad actual es tal, que algunos expertos ya le sitúan como el candidato más fuerte que podrían presentar Los Verdes para las próximas presidenciales, previstas para 2022. Pero, por ahora, Piolle prefiere centrarse en su ciudad y seguir sirviendo de espejo en el que mirarse a sus nuevos homólogos de Burdeos o Lyon.

Un vuelco histórico

En Burdeos, la derecha había gobernado ininterrumpidamente desde 1947. En Lyon, los socialistas han ganado todas las elecciones desde 2001, aunque tras el paso de su alcalde al partido de Macron en 2017, cambiaron también sus siglas locales. En Estrasburgo, los dos grandes partidos llevaban décadas alternándose en el cargo. Sin embargo, todas estas élites políticas locales fueron derrotadas en la segunda vuelta por fuerzas ecologistas y estas tres ciudades tienen ahora mismo un alcalde verde.

El caso de Burdeos es quizás el más paradigmático. El nuevo alcalde es el ecologista Pierre Hurmic, abogado de profesión que logró unir en una lista común a Los Verdes con el Partido Comunista y al Partido Socialista para arrebatarle a la derecha uno de sus grandes feudos históricos con un programa totalmente volcado en la ecología social. Hurmic pretende que el criterio ambiental domine cualquier proyecto urbano, lo que incluye prohibir cualquier tipo de construcción sobre suelos naturales o promocionar la creación masiva de huertos urbanos.

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El nuevo alcalde de Burdeos, el ecologista Pierre Hurmic, toma posesión del cargo el pasado viernes. | EFE/Caroline Blumberg

Pero, al igual que ocurrió en el experimento de Grenoble, el principal foco transformador va a ser la movilidad urbana. Hurmic no quiere continuar con la extensión de las líneas de tranvía, principal transporte público de la urbe, porque las considera demasiado caras y centralizadoras, pero ha prometido mejorar la red de Cercanías metropolitana y doblar el número de autobuses de hidrógeno. Pero, sobre todo, el nuevo alcalde propone dedicar al menos el 50% del espacio vial a la llamada movilidad activa, es decir, caminar y usar la bicicleta. Para ello, ha prometido implementar pistas ciclables por todo el centro de Burdeos y eliminar plazas de aparcamiento.

El programa con el que ha llegado el ecologista Grégory Doucet a la alcaldía de Lyon es similar al de su homólogo bordelés. Este profesional del sector humanitario va a gobernar la tercera ciudad de Francia en solitario y ya se ha comprometido a crear una red de bicicletas exprés, similar a la de Grenoble, de 450 kilómetros y fomentar al menos uno o dos días de teletrabajo por semana para desatascar el transporte público. También tiene en mente una gran estrategia de rehabilitación de edificios de vivienda antiguos para evitar que sean depredadoras de energía.

Por último, en Estrasburgo, el bastón de mando será para la ecologista Jeanne Barseghian, una abogada especializada en derecho ambiental que se ha comprometido también a transformar la cara de la ciudad. Barseghian tiene la intención de “comenzar un gran plan para revegetar y quitar cemento” en la ciudad este mismo verano mediante dispositivos provisionales para tener islas de frescura. La nueva alcaldesa también se ha comprometido a apostar por la bicicleta y desterrar progresivamente el coche del centro de la urbe con la creación de una zona de bajas emisiones.

El caso de París

Aunque en París no han elegido un alcalde ecologista sino a la socialista Anne Hidalgo, en un país tan centralista como Francia, lo que pase en la capital será clave. “Habéis elegido la esperanza”, exclamó exultante tras su reelección Hidalgo, de origen gaditano. “Habéis elegido un París que respira, un París más agradable para vivir, una ciudad más unida que no deja a nadie en el camino”. Eso sí, la socialista se presentaba en coalición con Los Verdes y deberá ceder parte de los concejales a sus aliados ecologistas para hacer realidad un proyecto que también aspira a cambiar por completo la movilidad de la Ciudad de la Luz.

La gran máxima del programa electoral de Hidalgo era “una ciudad en 15 minutos”, un proyecto de movilidad que incluye la reforma completa de los grandes bulevares para hacerlos más accesibles al peatón, con el objetivo de que cualquier vecino tenga a menos de un cuarto de hora todos los servicios necesarios. Pero, sobre todo, la coalición entre socialistas y ecologistas quiere sacar los coches de la metrópoli con una medida sin precedentes en Francia: retirando dos tercios de los aparcamientos en la calle.

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La recién reelegida alcaldesa de París saluda a sus seguidores tras su victoria en las municipales. | EFE/ Julien de Rosa

La idea es simple pero tiene calado: si los espacios para aparcar de las calles se sustituyen por aceras más amplias y carriles para bicicletas, moverse en coche por la ciudad tendrá cada vez menos ventajas y el tráfico interno se reducirá. De esta forma, se acabará con gran parte del llamado tráfico de agitación, que consiste en vehículos buscando un sitio para estacionar y que a veces supone hasta un 30% de los desplazamientos en las ciudades. Además, los parisinos parecen apoyar este proyecto no solo con sus votos, sino con sus decisiones de consumo: entre 1999 y 2016 el porcentaje de residentes en la capital con un coche en propiedad ha pasado del 44% al 35%.

En cualquier caso, la guerra del ayuntamiento de París contra los coches no es nueva: Hidalgo ya se ha enfrentado con la justicia por intentar prohibir parcialmente la circulación en una de las orillas del Sena y ha construido muchos kilómetros de pistas ciclables para fomentar el uso de las dos ruedas. Pero su mayoría absoluta junto a los verdes insufla de aire un proyecto transformador que tendrá apoyos en las otras ciudades francesas que han apostado decididamente por el ecologismo.



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