Bosnia se asfixia por la contaminación del carbón y los vehículos

Bosnia se asfixia por la contaminación del carbón y los vehículos

Los pasados días 11 y 12, Sarajevo fue la ciudad con la peor calidad del aire del mundo. Una situación que no es nueva: el uso del carbón en Bosnia está todavía muy extendido y la ciudad está sumida en una densa nube, mezcla de niebla y polución


Las colas para usar el funicular al monte Trebevic, en Sarajevo (Bosnia y Herzegovina), son estos días más largas de lo normal. Miles de personas lo usan para escapar de la crónica contaminación que afecta a la ciudad y que durante este invierno ha tenido picos como la capital con peor calidad de aire del mundo. Al salir del ascensor, a 1.150 metros, los bosnios pueden finalmente respirar aire limpio. A su pies, Sarajevo aparece sumergida en una densa nube, mezcla de niebla y polución.

Los pasados días 11 y 12, Sarajevo fue la ciudad con la peor calidad del aire del mundo, según los datos de la página web suiza AirVisual, con valores de 480 y 426 en el índice que mide parámetros como las partículas en suspensión, el dióxido de nitrógeno, el ozono, o el dióxido de azufre. Muy por encima de los 100 que ya son considerados como peligrosos para niños, ancianos y personas con problemas de salud y rebasando también los 300 a partir de los cuales se considera “situación de emergencia”.

En Sarajevo es difícil encontrar estos días mascarillas en las farmacias, por la alta demanda. Pero la mala calidad del aire, acentuada este invierno, no es nueva. Su ubicación en un valle provoca que, cuando la temperatura del aire es más altas en los montes que en la ciudad, el aire deje de circular y se concentre el esmog, mezcla de niebla y contaminación.

Pero sobre todo, el problema de contaminación se debe en gran medida a que Bosnia no ha abandonado el carbón. Decenas de miles de sarajevitas siguen usandolo en sus casas, más barato que el gas pero también más contaminante. Y las centrales térmicas de carbón producen todavía el 70% de la electricidad que consume el país

A esto se une que la edad media de los vehículos en Bosnia es de 15,5 años y que en la región de Sarajevo aproximadamente el 63 % de los vehículos corresponden a la norma Euro3 de gases contaminantes, aprobada en el año 2000, y cuyo límite de emisión de partículas es once veces más alto que la actual Euro6.

Más cancer de pulmón

Bosnia
En Bosnia, el 70% de la electricidad aún viene de las centrales térmicas de carbón.

En Tuzla, en el noroeste de Bosnia, los niveles de contaminación del aire son, a veces, 14 veces mayores de los normales, explicó recientemente el pulmonólogo Suad Dedic, quien advirtió de que ese es el motivo del alarmante aumento de las enfermedades de pulmón. Los casos de cáncer, asma, neumonía y enfermedad pulmonar obstructiva crónica han aumentado considerablemente en la zona. Y las estadísticas dicen que los vecinos de Tuzla viven de media tres años menos que en el resto de Bosnia.

“Las cosas van de mal en peor. No puedo imaginar qué pasará el año que viene, ya que tenemos un aumento constante de la contaminación. Los que adoptan decisiones, deben espabilarse”, ha asegurado Nurka Pranjic, coordinadora para Bosnia en la Organización Mundial de la Salud.

De hecho, los ciudadanos temen que las cosas empeoren si las autoridades ejecutan el proyecto de construir una nueva central termoeléctrica de carbón en Tuzla, donde ya hay una planta térmica que lleva cinco décadas funcionando. “Tres centrales térmicas de Bosnia y Herzegovina deben dejar de funcionar en 2021 y 2023. Entre los diez mayores contaminadores de Europa se encuentran las centrales térmicas de Bosnia“, denunció el pasado martes ante el Parlamento bosnio Janez Kopac, director de Energy Community.

Esa organización, que busca crear un mercado energético integrado en Europa, recordó que en los Balcanes occidentales hay 16 centrales termoeléctricas sin filtros apropiados, que producen más dióxido de azufre y óxido de nitrógeno que las otras 250 centrales de Europa en conjunto, y causan la muerte de unas 3.000 personas al año.

De momento, las autoridades bosnias no han reaccionado ante la crisis de este invierno, más allá de recomendar a la población que no salga a la calle, use el transporte público y no queme sustancias contaminantes. Mientras, como cada invierno, los sarajevitas miran al cielo, con la esperanza de que sople el viento y arrastre la nube de polución.


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