Cincuenta años del nacimiento del Día de la Tierra

Cincuenta años del nacimiento del Día de la Tierra

Hoy, 22 de abril, se celebra el Día de la Tierra, una jornada que debe sus orígenes a la labor de Gaylord Nelson. Este senador de los Estados Unidos, preocupado por la contaminación del ambiente de su país, decidió iniciar un movimiento universitario que se transformó en el germen del actual movimiento ecologista


El cambio climático y la destrucción de la biodiversidad son para algunos términos modernos lanzados deliberadamente por los científicos y políticos, que los manejan para alterar el actual orden mundial en favor de sus intereses.

Sin embargo, lejos de lo que puedan llegar a pensar los más conspiranoicos, se trata de dos términos que responden a un problema que la humanidad lleva arrastrando desde hace siglos, pero que no ha sido hasta hace apenas 50 años cuando ha empezado a penetrar poco a poco en el ideario de las personas.

Ese cambio de paradigma comenzó el 22 de abril de 1970, una fecha que se conoce a día de hoy como Dia de la Tierra. Esa jornada marca el origen del movimiento ecologista moderno y nos invita a reflexionar sobre la necesidad de proteger el planeta frente a la contaminación y la sobreexplotación de recursos naturales.

Para entender qué pasó aquel día, es necesario retroceder hasta finales de la Segunda Guerra Mundial, una época que marca el inicio de lo que para muchos científicos se conoce como “la edad antropogénica“.

El río Cuyahoga, en Ohio, estaba tan contaminado en las décadas de 1950 y 1960 por distintos aceites que en 1969 una chispa provocada por un tren hizo que el agua comenzase a arder

En aquel momento, gran parte del mundo estaba sumido en la miseria tras pasar una guerra devastadora, tanto para los humanos como para el planeta, y era necesario elaborar un plan que impulsase el desarrollo de los países que antaño estaban a la vanguardia del progreso.

Como no podía ser de otro modo, los Estados Unidos y su modelo capitalista abanderaron aquel desafío con un enorme éxito y consiguieron paralelamente situarse como la nación más avanzada del planeta. Sin embargo, lo que este país no tuvo en cuenta fue que el coste ambiental de aquella victoria supuso el comienzo del declive total de la salud del planeta, que era incapaz de seguir el ritmo de desarrollo de los países.

A comienzos de los años 60, las evidencias de esa insuficiencia eran palpables en muchas ciudades de los Estados Unidos, donde el aire, por ejemplo, estaba altamente contaminado por los humos de las fábricas que, en ocasiones, llegaban a nublar la visión de los viandantes que las habitaban.

En 1969, la preocupación por el medio ambiente llegó a las altas esferas de la mano de Gaylord Nelson que, conmovido por los estragos de un derrame de petróleo en California, quiso impulsar su intranquilidad por la contaminación del aire y el agua en la sociedad americana.

Para ello, se inspiró en el movimiento estudiantil contra la guerra y lanzó en 1969 una propuesta de enseñanza ambiental en los campus universitarios junto a Pete McCloskey, un congresista republicano con mentalidad conservacionista que copresidió la iniciativa.

Ambos reclutaron a Denis Hayes, un joven activista, para organizar las enseñanzas del campus y eligieron el 22 de abril, un día de semana entre las vacaciones de primavera y los exámenes finales, para maximizar la mayor participación de los estudiantes.

¿Un día comunista?

El día de la Tierra estuvo en su momento rodeado de la más controvertida polémica. Como hemos comentado, la fecha se eligió teniendo en cuenta el calendario escolar. Sin embargo, Nelson no se percató de que la primera celebración oficial del Día de la Tierra coincidió con el centenario del nacimiento de Lenin en el calendario gregoriano.

Todo esto ocurrió en un ambiente de Guerra Fría, por lo que muchos pensaron que la elección de ese día no se trató de una mera coincidencia y menospreciaron la propuesta. Incluso la revista Time calificó al evento como un engaño comunista.

“Queríamos aire limpio, queríamos agua limpia, queríamos tener la capacidad de comer nuestros alimentos sin estar contaminados con pesticidas. Y todo eso fue lo que tratamos de trasladar en cada acto que realizábamos”, comenta Denis Hayes en una reciente entrevista.

Poco a poco el movimiento fue ganando más adeptos gracias a las capacidades persuasivas de Hayes, que creó una división de 85 personas que se dedicaron a promover eventos diseminados por todo el país.

“Nosotros no teníamos el control de las cámaras del congreso y tuvimos que pelear para alcanzar nuestros objetivos. Fue un movimiento de base”, explica Hayes.

El punto de inflexión ocurrió cuando a la cúpula de este movimiento se le ocurrió bautizar el 22 de abril como el Día de la Tierra.

 

El nuevo nombre despertó rápidamente la atención de los habitantes y de los medios nacionales, que se reunieron en masa el 22 de abril de 1970, en una serie de manifestaciones que aglutinaron al 10% de la población del país, para protestar contra los impactos de lo más de 150 años de desarrollo industrial que habían dejado un creciente legado de graves consecuencias en la salud humana.

Para finales de 1970 el impacto del movimiento fue tal que se creó en el país la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos (EPA) y se aprobaron una serie de leyes ambientales de primer nivel, como la Ley Nacional de Educación Ambiental, la Ley de Salud y o la Ley de Limpieza del aire.

Un germen imparable

Aunque antes del inicio de ese movimiento se alzaron algunas voces que clamaron por la salud de nuestro planeta, como la de Rachel Carson, que mostró su inquietud sobre los peligros de los pesticidas en el medio ambiente en su libro Silent Spring (Primavera Silenciosa), no fue hasta la llegada del Día de la Tierra cuando realmente esta preocupación se hizo notable en el mundo.

Rachel Carson, autora de la obra Primavera Silenciosa

Una preocupación, por otro lado, que no solo estaba presente en la ciudadanía, sino en los líderes políticos, que a raíz de ese gran día comenzaron a trabajar sobre este tema. De hecho, dos años después del primer Día de la Tierra tuvo lugar en Estocolmo el antecedente de la primera cumbre del clima.

En aquel momento, el cambio climático no era considerado como una amenaza real como lo es hoy en día, pero si lo eran otros muchos, como la contaminación química, las pruebas de bombas atómicas y la caza de ballenas, a los que trataron de poner remedio.

Según la Organización de las Naciones Unidas, aquella conferencia “sentó las bases de la toma de conciencia mundial sobre la relación de interdependencia entre los seres humanos, otros seres vivos y nuestro planeta”, que siete años más tarde dieron lugar a la primera conferencia mundial sobre el clima en Ginebra en 1979.

La década de los 90 fue otro período de gran importancia para el movimiento ecologista: el vigésimo aniversario del Dia de la Tierra movilizó a 200 millones de personas en 141 países y se allanó el camino para la Cumbre de la Tierra de las Naciones Unidas de 1992, en Río de Janeiro, en la que más de 178 países firmaron la Agenda 21, la Declaración sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo y la Declaración de Principios para la Gestión Sostenible de los Bosques.

Desde entonces, todos los esfuerzos por crear conciencia medioambiental “crecieron exponencialmente”, según la ONU, alcanzando grandes hitos en distintas fechas, como en 2002, cuando la sociedad civil participó por primera vez en la Cumbre de la Tierra de Johannesburgo, o en 2015 con el nacimiento del Acuerdo de París.



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