Los incendios amenazan la central de Chernóbil y aumentan la radiación

Los incendios amenazan la central de Chernóbil y aumentan la radiación

El fuego arrasa desde hace días miles de hectáreas dentro de la Zona de Exclusión de la central nuclear de Chernóbil. Las llamas han provocado un aumento en los niveles de radiación, aunque preocupa más la nube de humo que se expande hacia el resto de Ucrania


El fuego está resucitando los fantasmas de Chernóbil. Un incendio forestal descontrolado ha arrasado esta semana 3.000 hectáreas dentro del perímetro de la central ucraniana, que en 1986 vivió la peor catástrofe nuclear de la historia. Los bomberos trabajan sin descanso para controlar las llamas que queman los bosques irradiados de la Zona de Exclusión, mientras aumenta la preocupación sobre los efectos secundarios del fuego: los niveles de radiación en la zona han subido y una nube de humo potencialmente tóxico se está proyectando hacia el resto de Ucrania.

El principal enemigo, como en tantas otras situaciones similares, es el viento. Hasta ahora, las corrientes áreas habían desplazado el humo hacia zonas rurales relativamente despobladas de Rusia y Bielorrusia, pero este fin de semana han cambiado de dirección: ahora el remolino de humo tóxico se dirige hacia Kiev, la capital, que está en cuarentena por el coronavirus desde hace semanas.

Pero el peligro más inmediato no es otro que la propia central abandonada:  las fuertes ráfagas podrían propagar los incendios hacia lo que queda de la instalación, incluyendo el sarcófago de cemento que cubre los restos radiactivos del reactor siniestrado y el equipo abandonado que se utilizó en su día para limpiar el desastre, que también está muy contaminado por la radiación.

“Por el momento no podemos decir que el incendio esté contenido”, ha asegurado Kateryna Pavlova, jefa interina de la Agencia Estatal de Ucrania para la Gestión de la Zona de Exclusión. “Hemos estado trabajando toda la noche, cavando cortafuegos alrededor de la planta para protegerla”, ha explicado la política ucrania. En la zona trabajan ahora unos 400 bomberos, cien vehículos y varios helicópteros e hidroaviones.

Los incendios no son poco habituales en esta Zona de Exclusión, que se extiende en un círculo con un radio de 30 kilómetros alrededor de la antigua central. Sin embargo, las llamas de este fuego están siendo particularmente fuertes, lo que dificulta la extinción y aviva el riesgo de que se propague por la central. Las autoridades ucranianas creen que el enorme incendio podría haber sido provocado por un hombre que habría quemado rastrojos sin ninguna precaución.

Árboles con radiación

En los 34 años que han pasado desde el desastre de Chernóbil, la radiación se ha asentado en el suelo de la Zona de Exclusión y ha sido absorbida por las raíces de los árboles y la vegetación. Aunque hubo muchas plantas en las inmediaciones de la planta que murieron inmediatamente cuando explotó el reactor nuclear, la vegetación de ese área de 30 kilómetros vedada a los humanos ha sabido adaptarse muy bien en las décadas posteriores y es capaz de absorber la radiación sin morirse.

El problema es que esas mismas plantas acumulan partículas radiactivas que se liberan en humo cuando la vegetación arde en un incendio. Las raíces del musgo y los árboles de la zona son las que más han absorbido esa radiación.

El principal riesgo de los incendios proviene por tanto de la inhalación, a través del humo, de pequeñas partículas radiactivas arrojadas hace años desde el núcleo abierto del reactor de Chernóbil. Según ha explicado al New York Times Olena Miskun, experta en contaminación del aire de Ecodiya, un grupo de defensa ambiental, “el viento puede elevar partículas calientes en el aire junto con la ceniza”. Esto significa ciudadanos respirando ese aire contaminado o incluso comiéndolo, ya que el humo condesado puede aterrizar en jardines o campos y luego ser consumidas en los alimentos.

“Tenemos la suerte de tener medidas de cuarentena ahora”, asegurad Miskun. “La gente se queda en casa, camina menos y usa máscaras”, debido a la amenaza del coronavirus, lo que supone una protección también contra la radiación.

La Zona de Exclusión de Chernóbil se estableció después del desastre de abril de 1986 en la planta que envió una nube de lluvia radiactiva a gran parte de Europa. No se permite a las personas vivir a menos de 30 kilómetros de la antigua central eléctrica, donde se colocó una cúpula protectora gigante sobre el cuarto reactor en 2016. El acceso a la zona está limitado a los trabajadores que administran el sitio y a los turistas que realizan excursiones guiadas.



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