Los polos se derriten seis veces más rápido que hace 30 años

Los polos se derriten seis veces más rápido que hace 30 años

Los polos han pasado de perder 81.000 millones de toneladas de hielo al año en 1990 a 475.000 millones de toneladas por año en 2010. Esto ha supuesto una pérdida total de 6,4 billones de toneladas de hielo entre 1992 y 2017, que han incrementado el nivel del mar en 17,8 milímetros. A este ritmo, los océanos se elevaran 17 centímetros más sobre las proyecciones del IPCC para el 2100


La década de 1990 ha supuesto un antes y un después para los polos de la Tierra, que han visto cómo a partir de ese año sus capas de hielo han comenzado a fundirse a un ritmo seis veces superior, según un estudio publicado en la revista Nature.

En datos, hace 30 años la tasa combinada de pérdida de hielo en ambas regiones se situaba en 81 mil millones de toneladas por año. Sin embargo, el nuevo ritmo de calentamiento global, junto a otros factores, ha aumentado esa cifra a 475 mil millones de toneladas por año en 2010.

Ese aumento en el ritmo de fusión ha supuesto que la Antártida y Groenlandia hayan perdido 6,4 billones de toneladas de hielo entre 1992 y 2017, que han elevado el nivel del mar en 17,8 milímetros. Cabe destacar que el polo norte ha sido el que más ha contribuido a ese incremento, siendo el responsable del 60% del agua emitida a los océanos.

Para Andrew Shepherd, principal autor del estudio, si se continúa con este ritmo de fusión, es posible que para finales de siglo el mar aumente en unos 17 centímetros adicionales sobre las proyecciones del informe sobre criosfera del IPCC. Esto significaría que “400 millones de personas estén en riesgo por las inundaciones costeras para 2100, que serán devastadoras para las poblaciones que habitan esas regiones”.

Para poder descubrir estos datos, un equipo internacional de 89 científicos polares del IMBIE (ejercicio de comparación del balance de masa de la capa de hielo o  ice sheet mass balance inter-comparison exercise, en inglés) comparó y combinó datos de 11 satélites que abarcan tres décadas y produjeron una sola estimación de la ganancia o pérdida neta de hielo de Groenlandia y la Antártida, conocida como balance de masa.

Gracias a esa información han descubierto datos tan importantes como que Groenlandia sufrió a partir de 2002 un fuerte aumento en la pérdida de hielo, que alcanzó su mayor tasa entre 2007 y 2012.

Desde la Agencia Espacial Europea (ESA), que ha apoyado la investigación, junto a la NASA, han señalado que casi todo el hielo perdido en la Antártida, y la mitad de lo perdido en Groenlandia, ha tenido lugar porque los océanos derriten sus glaciares, lo que produce que se aceleren. El resto de las pérdidas de hielo de Groenlandia se deben al aumento de la temperatura del aire, que ha derretido la capa de hielo en su superficie.

En Islandia, por ejemplo, Guðfinna Aðalgeirsdóttir, profesora de glaciología de la Universidad de Islandia, ha explicado que las capas de hielo de la isla se descongelaron de forma más agresiva durante los dos últimos años, siendo el 2019 el peor de ellos debido al cálido verano que experimentó la región.

El permafrost, un desafío para los científicos

Las capas de permafrost -esos terrenos que permanecen completamente congelado durante al menos dos años consecutivos- también están acelerando su ritmo de descongelación como consecuencia de las cada vez más altas temperaturas planetarias.

El problema es que estas regiones congeladas, además de contribuir al aumento del nivel del mar, tal y como y comentó el IPCC, incrementan las emisiones de gases de efecto invernadero.Esto se debe a que estas capas de hielo contienen grandes cantidades de CO2 y, sobre todo, metano, un gas 23 más contaminante que el dióxido de carbono.

Comprender, por tanto, la evolución de estas capas es imperativo para los científicos, pero a la vez un gran desafío ya que los sensores satelitales no pueden medir el permafrost directamente.

Sin embargo, un proyecto de la Iniciativa de Cambio Climático (CCI) de la ESA ha logrado medir la evolución del permafrost gracias a datos satelitales correlativos a la pérdida de hielo, como la temperatura de la superficie terrestre y la cobertura del suelo para estimar la extensión del permafrost.

Estos datos combinados con observaciones in situ del permafrost han permitido a los científicos de esa división obtener una visión panorámica, mejorando la comprensión de la dinámica de estas masas de hielo y la capacidad de modelar su impacto climático futuro.

De momento, los mapas completos no están listos, aunque Annett Bartsch, líder científico del proyecto Permafrost CCI, ha comentado que se espera que para mediados de 2020 estén completos.

“Aunque los mapas proporcionan información útil con respecto a la variabilidad interanual durante un período de 14 años, no es posible sacar conclusiones sobre las tendencias climáticas. Es necesario esperar a mediados 2020 para disponer de una serie de 30 años”, ha destacado el experto.



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