La COP25 aplaza al año que viene la lucha contra el cambio climático

La COP25 aplaza al año que viene la lucha contra el cambio climático

La Cumbre del Clima de Madrid cierra con días de retraso y récord de duración, pero el bloqueo impide un acuerdo sobre mercados de carbono. La declaración final “insta” a las partes a tomar nuevas medidas para reducir emisiones


El aumento de la ambición en la lucha internacional contra el cambio climático se pospone un año más. La COP25 se ha clausurado este domingo en Madrid con dos días de retraso y tras batir su propio récord de duración, pero sin acuerdo sobre la regulación de los mercados de carbono, su principal objetivo, que se discutirá el año que viene en Glasgow. Solo la presión final de Chile y España por alcanzar un pacto de mínimos ha conseguido introducir una tímida llamada la ambición en la declaración final, que reconoce que los esfuerzos actuales no son suficientes para frenar el calentamiento global.

Es cierto que esta Cumbre del Clima era considerada por las partes y por observadores internacionales como de transición técnica, ya que solo se esperaban cerrar algunos flecos que faltaban del Acuerdo de París. Pero el pobre balance final contrasta mucho con la importancia que está cobrando el tema para la sociedad civil, como demuestra la emergencia de movimientos ambientales, las manifestaciones por el clima o el creciente número de empresas que se están sumando a la acción climática.

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No es suficiente, y por eso no estamos satisfechos. Las nuevas generaciones esperan más de nosotros, teníamos la obligación de estar a la altura de las circunstancias”, ha apuntado la presidenta de la COP25, la ministra chilena de Medio Ambiente, Carolina Schmidt. Uno por uno, los representantes de los países que han tomado la palabra en el plenario de cierre de esta mañana han resumido el resultado de la cumbre con una palabra: “decepción”.

Eso sí, la declaración final supone uno de los pocos puntos positivos de la maratón de negociaciones de este fin de semana. Con el título “Madrid-Chile, tiempo de actuar”, el documento ha tenido que hacer malabares lingüísticos para poder cosechar la unanimidad de todas los países y no se ha consensuado hasta el último segundo antes del plenario final. Para el Ministerio de Transición Ecológica, que ha llevado las negociaciones de la declaración, ésta “sienta las bases para que los países sean más ambiciosos ante la emergencia climática”.

En concreto, la declaración “anima” a las partes a “aprovechar la oportunidad en 2020” de aumentar la ambición e “insta” a cada país a presentar nuevos planes de recorte de emisiones el año que viene para superar la brecha existente entre los objetivos de París y el ritmo de calentamiento global.

Actualmente, se deberían multiplicar por tres los esfuerzos globales si se quiere limitar a 2 grados el incremento de la temperatura respecto a los niveles preindustriales, el gran objetivo del Acuerdo de 2015. Y por cinco si no se quieren superar los 1,5 grados, punto a partir del cual los daños podrían ser irreparables, como alerta la comunidad científica y la ONU.

Sin acuerdo para el artículo 6

El principal motivo del alargamiento de las negociaciones hasta la mañana del domingo ha sido el bloqueo que se ha vivido en torno al ya famoso artículo 6 del Acuerdo de París, que formaliza la figura del mercado de emisiones. Esta regulación es fundamental para reducir los gases de efecto invernadero a nivel global, ya que se trata de un sistema para que un país que emite de más pueda pagar a otro para que reduzca una cantidad de gases equivalente a través de proyectos de mitigación y adaptación.

La ministra de Medio Ambiente de Chile y presidenta de la COP25, Carolina Schmidt, en el centro, durante la comparecencia final de la Cumbre del Clima de Madrid (COP25). | Zipi/Efe

Queríamos cerrar un artículo 6 que fuera robusto, algo que es muy importante para los países en desarrollo”, ha asegurado Schmidt al cerrar el plenario de la COP25. “Por desgracia no pudimos cerrar un acuerdo, pero estuvimos tan cerca. Estuvimos a punto. Pero tenemos un avance concreto que nos hace mirar con esperanza” ha apostillado. Ese avance concreto es los documentos producidos durante las negociaciones, que servirán de base a las conversaciones en 2020, por lo que no habrá que empezar de cero.

Uno de los grandes culpables de esta falta de consenso ha sido Brasil, que apoyada por países como Arabia Saudí o India, ha impedido cualquier redacción concreta del artículo. El objetivo era claro: impedir que se cerrara del todo la puerta a la doble contabilidad, es decir, que tanto el país que comprara emisiones como el que las vendiera pudiera apuntarse el tanto de haber cumplido sus propósitos de recortes.

La resistencia brasileña ha provocado el enfado de varias de las partes más favorables al cierre del artículo de una manera transparente y que más intensamente han trabajado estos días para lograr un acuerdo, como la presidencia chilena, la UE, Japón, Canadá o Nueva Zelanda. Al final, se ha optado por posponer el asunto a la COP26 de diciembre de 2020 en Glasgow, bajo la máxima que hizo famosa la exdirigente británica Theresa May: que no haya acuerdo es mejor que un mal acuerdo.

También se ha pospuesto para el año que viene temas tan importantes como la financiación climática a largo plazo para que los países menos desarrollados puedan desarrollar planes de mitigación y adaptación. Aunque sí se ha adoptado el documento sobre el Mecanismo Internacional de Varsovia para pérdidas y daños, la gobernanza del mecanismo no está resuelta ni se ha especificado de donde procederán los fondos para financiarlo.

A la espera de los grandes contaminantes

Si el gran objetivo técnico de estaCOP25, que era desarrollar y cerrar el artículo 6, no se ha cumplido, su otro gran propósito, que era reforzar la ambición, solo se ha conseguido a medias. Solo 84 países se han comprometido a presentar planes más duros de recorte de emisiones para 2020, entre ellos pesos pesados de la política europea como Francia, Alemania, Reino Unido y España. También lo han hecho 14 regiones, 398 ciudades, 786 empresas y 16 grandes inversores, lo que demuestra que el la solución del cambio climático ha depasado claramente el marco estatal para entrar de lleno en la sociedad civil.

Pero ni China, ni Estados Unidos, ni India, ni Rusia, los cuatro mayores contaminantes del planeta –entre ellos producen el 57% de las emisiones globales– se han sumado a la causa ni han dejado entender en sus discursos del fin de semana que vayan a mostrar una mayor ambición en 2020. A ellos hay que añadir países como Australia o Brasil, que planean usar créditos de carbono que les sobran de Kyoto para cumplir sus objetivos de reducción de emisiones de la próxima década, un loophole del anterior tratado que tampoco se ha podido solucionar en Madrid.

Aunque Estados Unidos no ha tenido protagonismo en el bloqueo del artículo 6, su delegación si ha querido buscar las cosquillas de los países participantes dificultando las negociaciones sobre el Mecanismo de Varsoviaque controla la compensación a países en desarrollo por los daños climáticos sufridos-, para que sólo esté controlada por el Acuerdo de París y no la COP en general, según han denunciado países del Pacífico como Tuvalu.

Este cambio implicaría que los estadounidenses, que se han retirado del Acuerdo de París pero siguen en el marco de la COP, podrían escaparse del pago de compensaciones a pesar de ser el principal culpable histórico del calentamiento global. Este es uno de los motivos por lo que el Mecanismo ha sido aprobado pero sin desarrollar su contenido, algo que se deberá hacer también en Glasgow.

Eso sí, la situación el año que viene podría cambiar radicalmente. Las elecciones presidenciales estadounidenses son justo un mes antes de que se inaugure la COP26 y, de salir elegido un presidente demócrata, el segundo mayor contaminante a nivel mundial volvería previsiblemente a liderar los esfuerzos climáticos mundiales. Esa es la promesa que tanto la presidenta de la Camára de Representantes, Nancy Pelosi, como el excalde de Nueva York, Michael Bloomberg, han hecho en Madrid.

Motivos para la esperanza

A pesar de la “decepción” general con la falta de resultados concretos, hay algunos elementos de esta COP25 que dejan abierta la puerta a la esperanza en la lucha contra el cambio climático. No solo se ha logrado aprobar una declaración final que en gran medida salva los muebles a los negociadores, sino que también se ha logrado incluir un texto que por primera vez apunta a las relaciones existentes entre género y cambio climático. También se han aprobado instrucciones para el Fondo Verde para el Clima y, a pesar de su falta de desarrollo, se ha avanzado en la implementación del Mecanismo de Varsovia.

Además, en est COP25  –en principio dedicada a los océanos– se reconoce por primera vez la importancia crítica del océano como parte integral del sistema climático de la Tierra, y la necesidad de garantizar la integridad de los océanos y los ecosistemas costeros en el contexto del cambio climático.

Pero, sobre todo, en Madrid se ha visto por primera vez una fuerte ambición climática por parte de un grupo de países que han peleado todo el fin de semana para lograr un mejor resultado de la Cumbre. Esa ambición se ha visto plasmada en la firma por parte de una treintena de países de los “Principios de San José”, que busca asegurar la integridad medioambiental del sistema multilateral de los mercados de carbono.

Impulsado por Costa Rica, que asegura haber visto en Madrid “niveles de compromiso y ambición en ciertas partes que nunca antes habíamos conocido”, el documento es en gran medida un manual de buenas prácticas para evitar la doble contabilidad en los mercados de carbono. Pero sobre todo es una declaración de intenciones, que evidencia que existe ya un grupo de países que ha entendido la urgencia del problema climático y puede suponer un cambio de paradigma para próximas negociaciones.

Quizás esa sea la única oportunidad de que el mensaje que tan claro se oye en la calle y en el que tanto insiste la comunidad científica pueda convertirse en una realidad: el tiempo se acaba y es necesario adoptar medidas muy urgentes para frenar el cambio climático. Y aunque por ahora el multilateralismo de la ONU está demostrando una lentitud que se corresponde con la necesidad de que todos los acuerdos se adopten por unanimidad, la actitud de muchos países es cada vez más ambiciosa.

Para la ministra de Transición Ecológica en funciones, Teresa Ribera, es muy importante tener presente esta emergencia: “El mandato es claro: los países tenemos que presentar contribuciones nacionales más ambiciosas que las actuales en 2020. Es importante responder a las demandas de la gente y de la Ciencia, y comprometernos a hacer más y más rápido”. Eso sí, por ahora, habrá que esperar un año entero para cumplir con esa ambición. En la COP26 de diciembre en Glasgow, los países tendrán otra última oportunidad.

España ve reforzado su liderazgo en materia climática
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La ministra para la Transición Ecológica en funciones, Teresa Ribera. | EFE/ Paco Campos

A pesar de que la propia Teresa Ribera ha reconocido que la COP25 celebrada en Madrid le ha dejado “sabor agridulce”, la posición de España en la lucha contra el cambio climática se ha visto reforzada tras esta Cumbre del Clima. Todos los países han felicitado al anfitrión por la rápidez con la que organizaron con solidez una accidentada COP25 que tendría que haberse celebrado en Chile pero fue trasladada por los problemas sociales que atraviesa el país.

Pero, sobre todo, porque fueron los propios técnicos del Ministerio de Transición Ecológica, liderados por Ribera, los que consiguieron desbloquear la noche del sábado una declaración de mínimos para llamar a una mayor ambición climática en 2020. Fue la presidencia chilena la que pidió a la delegación española que liderara el esfuerzo en materias de ambición, mecanismo de pérdidas y daños y financiación, mientras el equipo de Carolina Schmidt seguía con las negociaciones del artículo 6, que no fructificaron.

La ministra para la Transición Ecológica se ha felicitado por haber sacado adelante la declaración “a pesar de las dificultades” y ha denunciado el bloqueo de grandes países “que no querían acelerar la acción climática”.



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