Australia se resiste a participar en la Cumbre del Clima de Glasgow

Australia se resiste a participar en la Cumbre del Clima de Glasgow

El primer ministro de Australia, Scott Morrison, ha señalado que es posible que no asista a la histórica conferencia climática de la ONU en noviembre, una declaración que ha levantado nuevas críticas a un gobierno que ya hace gala de un pobre historial climático sin vocación de enmienda


Australia parece estarse perfilando como la villana de las conversaciones climáticas de la futura COP26. Si a comienzos de este mes de septiembre salía a la luz que el Gobierno del país oceánico tenía en mente inaugurar 79 nuevas explotaciones de carbón en su territorio y había presionado al Reino Unido para que abandonara varios compromisos climáticos clave de su acuerdo comercial bilateral, lo que le valió la reprimenda de Naciones Unidas, esta semana se ha filtrado que su primer ministro, Scott Morrison, ni siquiera tiene previsto acudir a la histórica cita de Glasgow. En una entrevista, el político conservador ha afirmado que todavía “no ha tomado ninguna decisión final” sobre su asistencia, sugiriendo además que la agenda climática era una “carga” para su país. 

“Tengo que concentrarme en las cosas aquí y relacionadas con el coronavirus. Australia se abrirá en ese momento, así que habrá muchos problemas que manejar y tengo que asegurarme de poder tratarlos todos”, ha explicado Morrison al periódico australiano The West, insistiendo en que las autoridades del país oceánico tiene previstos planes para lograr emisiones netas cero “lo antes posible”, pero sin apuntar a ninguna medida concreta para hacerlo. Una actitud poco ambiciosa en comparación con la mayoría de naciones industrializadas, que ya han establecido objetivos de reducción de gases de efecto invernadero e incluso de neutralidad climática que le he llevado a que, en julio, un informe de la ONU clasificara a Australia en último lugar entre los 170 países miembros por su respuesta al cambio climático.

En concreto, Australia se ha comprometido por el momento a reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero en un 26-28% para 2030, desde los niveles de 2005, una promesa que se encuentra muy por debajo de los compromisos renovados por los Estados Unidos, la Unión Europea y el Reino Unido, entre otras naciones desarrolladas. Además, el país oceánico no ha cumplido con la fecha límite del 31 de julio de 2021, establecida en el Acuerdo de París de 2015, para aumentar sus compromisos, aunque el Gobierno dice que lo hará antes de las conversaciones climáticas internacionales COP26 que se celebrarán en Glasgow en noviembre.

Incendios
Labores de extinción en los fuegos de Australia en febrero de 2020. | Foto: Efe

Australia tampoco se ha comprometido con las emisiones netas cero para mediados de siglo, un objetivo que sí se han fijado países como Estados Unidos, Japón, China o el Reino Unido, además de la Unión Europea. Y todo ello a pesar de que está previsto que el país sea uno de los “puntos calientes” del cambio climático. Los megaincendios forestales que sufrió el país en 2019 o la sequía de este último año son los ejemplos más evidentes, pero según el último informe del IPCC el futuro que aguarda al país océanico es aún más sombrío, con consecuencias como tasas más altas de aumento del nivel del mar que el promedio mundial, el retroceso de las costas arenosas en muchos lugares, la disminución de la capa de nieve, el aumento de la frecuencia de los días de incendios extremos y una temporada de incendios más larga, además de menos precipitaciones durante el invierno.

A pesar de esta situación, el principal escollo para una mayor participación climática de Australia es, sin duda, su modelo energético y económico. Más del 60% de la electricidad del país fue generada por carbón solo el año pasado, cuando este contaminante material generó alrededor de 50.000 millones de dólares en exportaciones y más de 3.000 millones en regalías, proporcionando empleos directos a más de 50.000 australianos. Una realidad que choca con el objetivo del presidente de la COP26, Alok Sharma, de que el mundo ponga una fecha próxima al final del carbón en la conferencia, imprecindible para que los países reorienten sus compromisos de contener el calentamiento global a 1,5 grados por encima de los niveles preindustriales.



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