Los grandes logros de las Conferencias de las Partes

Los grandes logros de las Conferencias de las Partes

Las COP son las encargadas de tomar las decisiones que nos lleven al objetivo último de la Convención Marco sobre el cambio climático: reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Algunas de sus reuniones se saldaron con acuerdos históricos que lograron importantes avances climáticos


Tuvieron que pasar 15 años desde la celebración de la primera convención del clima, pero por fin en 1994 entró en vigor la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), el primer marco que reconocía la existencia de un inminente cambio climático antropogénica.

Para nosotros puede tratarse de una obviedad, pero en aquel momento las pruebas que apuntaban hacia una crisis climática antropogénica eran más bien escasas. De hecho, el Primer Informe de Evaluación (AR1) del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC), que sirvió como pilar para la Convención, declaraba que “las actividades humanas podían estar cambiando inadvertidamente el clima del mundo”.

Aún así, quedaba claro que las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) eran y son las responsables del problema, por lo que la Convención y se propuso como objetivo estabilizar las concentraciones de GEI “a un nivel que impida la peligrosa interferencia antropogénica (inducida por el hombre) con el sistema climático”.

Al mismo tiempo, estableció que ese umbral “debía alcanzarse dentro de un plazo suficiente para permitir que los ecosistemas se adapten naturalmente al cambio climático, garantizar que la producción de alimentos no se vea amenazada y permitir que el desarrollo económico avance de manera sostenible”.

Las Conferencias de las Partes (COP), que funcionan el órgano supremo de decisión de la CMNUCC, serían las encargadas de tomar las decisiones necesarias para promover la aplicación efectiva de la Convención a través de las distintas reuniones que tendrían lugar anualmente desde 1995.

El primer gran logro de esas Conferencias de las Partes fue el Protocolo de Kioto, adoptado formalmente en la COP3 de Kioto de 1997 y entrado en vigor en el 2005 debido a un complejo proceso de ratificación. Según la propia Organización de las Naciones Unidas (ONU), se trató de un acuerdo que comprometía solo a los países desarrollados a reducir sus emisiones de GEI un 5% por debajo de los niveles de 1990 en el período 2008-2012.

Más tarde, en la COP7 se optaron los Acuerdos de Marrakech, “que detalla las reglas para la implementación del Protocolo de Kioto, establece nuevos instrumentos de financiación y planificación para la adaptación y establece un marco de transferencia de tecnología”.

Capa de contaminación sobre la ciudad de Madrid vista desde Getafe. Madrid Central, la zona de bajas emisiones puesta en marcha a finales de 2018, ha permitido alcanzar la máxima reducción de la última década en los niveles de dióxido de nitrógeno (NO2) de la ciudad, mientras que en el resto de los contaminantes la situación es similar | Foto: EFE / Juan Carlos Hidalgo
Capa de contaminación sobre la ciudad de Madrid vista desde Getafe. EFE / Juan Carlos Hidalgo

Habría que esperar hasta la COP13, celebrada en 2007 en Bali, para el siguiente gran logro de la COP. Desde un primer momento, las Partes tuvieron claro que de aquella reunión tenía que salir una hoja de ruta con la que iniciar un proceso de negociación formal de dos años con vistas a alcanzar un acuerdo sobre el régimen climático global a partir de 2012, fecha en la finalizó el primer compromiso del Protocolo de Kioto.

Dicho y hecho, lo consiguieron. En la Hoja de Ruta de Bali especificaron que todos los países desarrollados, incluidos lo que no ratificaron el Protocolo de Kioto, debían considerar acciones cuantificables de mitigación de emisiones. Al mismo tiempo, se indicó que los países en desarrollo también deberían considerar esas acciones, aunque en un contexto de desarrollo sostenible y siempre de la mano de las herramientas facilitadas por sus homólogos desarrollados.

El problema de todas esas acciones que, si bien se guiaban por el objetivo de Kioto, todavía no se regían por un hipotético umbral límite de calentamiento, que los nuevos informes del IPCC lo situaban en 2 grados Celsius. Ese vacío quedaría relleno en la COP15, llevada a cabo en Copenhague en 2009, donde se aprobó el Acuerdo de Copenhague.

Ahora sí, los países desarrollados fijan objetivos de reducción y se establece un mecanismo financiero para ayudar a los países en desarrollo a caminar por esta senda. Sin embargo, de nuevo estas Conferencias de las Partes se encuentran con un nuevo obstáculo: tanto los objetivos como la financiación no miran más allá del corto plazo. Todo lo que sea posterior al 2012 no estaba contemplado.

En este sentido, la ONU comenta que la COP17, del 2001 en Durban, marcó “un punto de inflexión en las negociaciones sobre el cambio climático al reconocerse la necesidad de elaborar un plan para un nuevo acuerdo legal universal para hacer frente al cambio climático más allá de 2020”.

Los expertos creen que la COP25 sirvió como puente entre las negociaciones

“Se estableció un segundo periodo de compromiso para el protocolo de Kioto posterior al 2012 y se abrió una mesa de negociaciones para un hipotético nuevo instrumento legal para un periodo posterior al 2020. También se animó a ser a los países más transparentes con sus objetivos de emisiones y se aumentó la ambición para verificar si se requería limitar el calentamiento a 1,5°C”, explica la ONU.

Toda esa ambición llegó con la COP20 de Lima, del 2014. Kioto empezaba a quedar obsoleto a pesar de las enmiendas que lo actualizaron, por lo que la mesa de negociaciones acordó un nuevo tratado que tuviese en cuenta las novedosas Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC) nacidas de la COP19, siendo estas la base de la acción climática posterior a 2020. Un año después, en la COP21 de Paris, ese proceso de negociaciones culminó con la llegada del Acuerdo de París.

Entre otras cosas, este acuerdo vino a sustituir a Kioto a partir del 2020, aunque entró en vigor prácticamente un año después de su aprobación. Sus objetivos, jurídicamente vinculantes, pretenden limitar el calentamiento mundial a muy por debajo de 2 grados Celsius, preferiblemente a 1,5°C, en comparación con los niveles preindustriales a través de la mitigación de los GEI.

Las NDC en este proceso juegan un importante papel pues cada cinco años deben actualizarse para incrementar la ambición climática nacional. No obstante, el acuerdo también aúna los progresos en inversiones verdes, adaptación y apoyo a los países en desarrollo.

“El Acuerdo de París es el primer acuerdo universal y jurídicamente vinculante sobre el cambio climático”, exclama la ONU que ahora pretende que la COP26 sea la próxima reunión que marque un nuevo punto de inflexión en las negociaciones climáticas, sobre todo, en lo que al mercado de emisiones se refiere.


Se adhiere a los criterios de transparencia de

Archivado en:
Otras noticias destacadas