Plan climático: la cuenta pendiente de Joe Biden

Plan climático: la cuenta pendiente de Joe Biden

Plan climático: la cuenta pendiente de Joe Biden

Joe Biden acude a la  cumbre del clima, en la que faltarán otros líderes mundiales como los de China o Rusia. Quiere lanzar el mensaje de que Estados Unidos vuelve a creer en el calentamiento global. Sin embargo, internamente le está costando sacar adelante su ambicioso plan de apuesta por las renovables debido a su falta de control de la cámara legislativa


Argemino Barro | Corresponsal en EEUU
Nueva York | 29 octubre, 2021


En un mundo demócrata ideal, la Administración Biden habría aprobado ya su plan original de 3,5 billones de dólares. Un oasis de gasto climático-social. Un paquete capaz de elevar, en la mejor tradición rooseveltiana-johnsonesca, a toda una generación de estadounidenses necesitados de buenas cobertura médica, cuidados infantiles, universidades asequibles y un modelo energético limpio, con millones de vehículos eléctricos resbalando silenciosamente por carreteras y puentes renovados.

No menos importante era poder lucir este plan en el extranjero. El presidente Joe Biden, que desde anoche está en Roma, viajará el domingo a la cumbre climática de Glasgow con la idea de actualizar y relanzar los compromisos de la de París, de 2015. Han pasado muchas cosas en estos seis años, entre ellas la presidencia de un escéptico del clima, Donald Trump, y el equipo de Biden quiere entregar el mensaje de que Estados Unidos vuelve a creer en el calentamiento global y en la reducción de gases contaminantes. Un plan firmado en Washington hubiera ayudado a la causa.

Pero la política es la política, y ese paquete está siendo reducido a la mitad en un largo e intricado proceso de negociación, que la vicepresidenta de EEUU, Kamala Harris, ha comparado con embutir carne picada. “Es mejor no ver cómo se hace una salchicha, y es mejor no ver cómo se hace una ley”, declaró Harris. “A veces no es una imagen bonita, pero el resultado final (…) suele ser bastante bueno”.

Paneles solares instalados en un campo de Maryland, EEUU. | Foto: Tokar

Los aledaños del Gobierno demócrata dicen que la aprobación del plan es cuestión de tiempo. “Son políticos profesionales y van a llegar a un acuerdo”, dice a El Ágora Felipe Benítez, director ejecutivo de Corazón Latino, una asociación sin ánimo de lucro que promueve la conciencia ecológica entre las comunidades hispanas. El plan “es el paso, la señal que envía el Gobierno de tomarse verdaderamente en serio la inversión que se necesita para mantener en la vanguardia a EEUU e inspirar al mundo para esta transición. El planeta ya no puede esperar más”.

De momento, la situación es esta: los moderados del partido, en concreto el senador Joe Manchin, que, como voto bisagra, tiene un poder extraordinario, ha obligado a recortar algunas propuestas de gasto social. Por eso, los gastos de la baja de maternidad pagada, dos años de universidad pública gratuita y una subida de impuestos a los activos no vendidos de los milmillonarios, han sido liquidados.

«Los moderados del propio partido de Joe Biden le han obligado a recortar algunas de sus propuestas más atrevidas»

Cuando este plan reducido, de 1,8 billones de dólares, en lugar de los 3,5 billones previstos originalmente, llegó a ojos del ala izquierda del partido, esta dijo que nyet: que el plan se había quedado en casi nada. Y se negaron a tragar, volviendo al encasquillamiento y privando a Biden de la credibilidad que buscaba para la COP26 de Glasgow.

“Lo que Biden necesita es demostrar que él puede ganar un avance en todos estos temas, particularmente el cambio climático, porque es un tema fundamental para los progresistas”, dice a El Ágora Vanessa Cardenas, estratega demócrata y asesora de Climate Power. “Él ha mostrado ambición en sus planes y una visión en línea con el ala progresista del partido, pero se ha encontrado con la realidad de la política y de senadores como Manchin, que son moderados y tienen el poder para cambiar la legislación. Manchin está cómodo con un número más bajo”.

El poder de las regiones del carbón

El senador Manchin están en boca de todos. Con la cámara alta dividida entre 50 demócratas y 50 republicanos, Manchin se ha convertido en una especie de pequeño césar. Un hombre capaz de tumbar propuestas de ley con solo bajar el pulgar. Especialmente cuando se trata de propuestas referentes al medio ambiente.

El estado que representa Manchin, Virginia Occidental, depende de dos industrias: la del gas natural y la del carbón. Dos sectores que no tienen, precisamente, un lugar de honor en los planes demócratas. Por eso ha sido Manchin el responsable de liquidar el pilar central climático del paquete: aquel que incentivaría a las empresas que aumentasen un 4% anual la producción de energía limpia y penalizaría, por el contrario, a las que no llegasen a ese porcentaje. Por ejemplo, las carboníferas.

Un minero en un yacimiento de Virginia, EEUU, en una imagen tomada en 1938 por Marion Post Wolcott FOTO Everlett Collection
Un minero en un yacimiento de Virginia, EEUU, en una imagen tomada en 1938 por Marion Post Wolcott FOTO Everlett Collection

Manchin tiene un electorado que satisfacer, y en Virginia Occidental, que se ha ido volviendo progresivamente republicano hasta ser uno de los principales bastiones de Trump, el carbón es Dios. Al menos en algunas localidades que dependen enteramente de él. Es una cuestión de pan y de mantequilla, y de honor. Manchin ha llegado a comparar a los mineros con los veteranos de la guerra de Vietnam: hombres rudos que han dado lo mejor de sus vidas por América, muriéndose de enfisema pulmonar para que las plantas produjeran energía, y que ahora son arrojados a un lado como seres cubiertos de hollín, vetustos y contaminantes.

Los demócratas lo han intentado todo para cortejar su voto. Han sugerido que Virginia Occidental se convierta en una explotación de “tierras raras”, con vistas al sector de la tecnología, pero sería un proceso largo y dañino con el que no casan algunas voces ecologistas. Y le han ofrecido subsidios para los mineros, pero Manchin dice que estos no quieren una paga. Sino un trabajo.

Así ha sido cómo la vía más rápida y barata de reducir los gases contaminantes un 50% para 2030, como ha prometido Biden, fue a parar al cementerio legislativo.

“El equipo de Biden quiere entregar el mensaje de que EEUU vuelve a creer en el calentamiento global”

Según Felipe Benítez, el plan seguirá siendo multifacético; una “señal”, según sus palabras, para orientar las energías ambientalistas de la sociedad. “El gobierno no lo va a hacer todo, pero sí que puede generar las condiciones para que esto suceda”, dice en referencia a la transición energética. “Ya lo vimos esta semana cuando Hertz hizo el pedido histórico a Tesla, porque tiene sentido económico”.

Benítez se refiere a la compra de 100.000 coches eléctricos por parte de Hertz, la compañía de alquiler de vehículos más grande de Estados Unidos. Un movimiento que puede marcar la hoja de ruta para las competidoras, en una dirección verde, y que elevó las acciones de Tesla aún más allá del billón de dólares.

Aún si se hubiera aprobado el paquete, la cumbre de Glasgow no es un terreno de juego fácil. Un reciente informe de Naciones Unidas ha alertado de que, por muchas promesas que se hicieran en París en 2015, el mundo va por el camino contrario al que debería de haber emprendido. Si continúa contaminando igual, las emisiones, en lugar de bajar ese 50% soñado, subirán un 16% para 2030. El aumento de la temperatura, en lugar de limitarse a grado y medio, podría ser de tres grados para finales de siglo. Y eso que los países que representan dos tercios de la economía mundial han fijado calendarios para bajar las emisiones a cero en algún momento.

Protesta celebrada en Washington contra el senador Joe Manchin en octubre de 2021. | FOTO: Phil Pasquini

La voluntad política, por tanto, está siendo cuestionada. Los presidentes de China y Rusia, respectivamente Xi Jinping y Vladímir Putin, no estarán presentes. Y China y la India no se han molestado en actualizar sus promesas hechas en París, como sí han hecho la mayoría de los firmantes.

En el caso de Estados Unidos, la dificultad radica en su política interna. No hay tema que se libre de la licuadora de la polarización, y solo una mitad del espectro político dice estar preocupada por la aceleración del cambio climático. Esto ya se sabía en 2015, por eso la administración Obama incluyó una cláusula para retrasar cuatro años el proceso de retirada del acuerdo, en caso de que lo decidiese algún miembro. Meses después, la elección de Trump justificó las cautelas de Obama.

Vanessa Cardenas dice que la presencia en Glasgow del presidente de EEUU, después del hiato de los últimos cuatro años, es señal suficiente del compromiso americano. “Las elecciones tienen consecuencias y Biden ganó las elecciones de forma clara”, dice a El Ágora. “Los estadounidenses se pronunciaron a favor de la agenda progresista que él presentó, incluyendo la agenda climática. Lo que estamos viendo ahora es la tensión de que Biden necesita cumplir su palabra, mostrar que puede sacar adelante este paquete”.

Tanto Cardenas como Benítez son veteranos de otras cumbres climáticas, y aseguran que su vitalidad no solo se reduce a la presencia de tal o cual jefe de Estado. Cuando Trump dejó de asistir, otras fuerzas de la sociedad civil, oenegés, mecenas, corporaciones, etc, tomaron el testigo. Glasgow, este domingo, brindará una nueva oportunidad para volver a poner a circular estas energías.



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