El coronavirus secuestra Italia ¿Y si fuera España?

El coronavirus secuestra Italia ¿Y si fuera España?

El país transalpino ha puesto en cuarentena a 50.000 personas tras registrar más de 150 contagios de coronavirus y siete víctimas mortales. España presume de capacidad de respuesta, pero ¿habría estado preparada para vivir la misma situación que Italia?


Italia, año 2020. Pueblos cerrados a cal y canto, con la policía vigilando que nadie entre y salga bajo la amenaza de multas y penas de prisión. Trenes y autobuses que pasan de largo localidades fantasmas, en las que nadie se atreve a salir a la calle. Alimentos y medicamentos que llegan a través de “pasillos estériles”, vías seguras controladas por la policía en las que los proveedores cargan con los suministros para los afectados con mascarilla y guantes. Y en las ciudades cercanas, ni clases, ni bares, ni teatros, ni discotecas, ni misa: cualquier aglomeración humana es tabú.

Aunque lo parezca, esta estampa apocalíptica no es la premisa del último blockbuster de Hollywood ni es la fantasía con la que arranca la trilogía de ciencia ficción de moda. Las crónicas periodísticas dibujan este paisaje nada menos que en el norte de Italia, la zona más próspera del país, donde el coronavirus ha hecho su aparición este fin de semana obligando al Gobierno italiano a tomar medidas drásticas. Todo esto, en una zona que está a solo 500 kilómetros en línea recta de Barcelona, lo que hace más palpable en España la amenaza de una posible pandemia global, frente a la que ya está alertando la OMS.

La alerta saltó el viernes por la tarde, cuando el Gobierno italiano anunció que había puesto a 250 personas en cuarentena y que había pedido a miles de residentes de once localidades del norte de Italia que permanecieran en sus casas. Tres días y siete víctimas mortales después, la advertencia se ha convertido en una norma de obligado cumplimiento: los 50.000 habitantes de esos once pueblos no pueden entrar ni salir de los distritos afectados, bajo la amenaza de enfrentarse a penas que van desde los 200 euros de multa hasta los tres meses de prisión.

El decreto de aislamiento va a estar en vigor al menos 14 días, y ya hay medio centenar de agentes desplegados en 43 puntos de control para velar por que se cumpla el blindaje de este nuevo epicentro del también llamado COVID-19. Pero el problema va mucho más allá de estas zonas del Véneto y Lombardía que se ha convertido en no-go zones.

Todo esto, sin que se sepa todavía quién ha sido el paciente cero ni cómo se ha propagado la epidemia por Italia, un país que está a más de 10.000 kilómetros de la zona cero de la pandemia, en la ciudad china de Wuhan.

Europa responde

El virus ha golpeado ya la actividad de tres grandes ciudades: Turín, Venecia y Milán. En esta última, capital económica de Italia, permanecerán cerradas todas las escuelas, cines, museos y teatros durante la próxima semana. También se han suspendido las concentraciones laborales y las manifestaciones. Y en Venecia no se ha salvado ni su famoso carnaval, que ha tenido que cancelar los últimos dos días de festejos ante el peligro de la pandemia.

La amenaza del COVID-19 amenaza con lastrar también la economía italiana, tal y como ya está pasando en una China económicamente paralizada desde hace casi un mes. La bolsa de Milán ha abierto esta semana con caídas de hasta el 4% y, si la crisis continúa, las limitaciones al movimiento frenarán previsiblemente la actividad industrial y económica del considerado centro neurálgico del país.

Por ahora, sectores tan dispares como el fútbol o la moda ya se están viendo afectados: ya se han cancelado cuatro partidos de la liga italiana de fútbol que se iban a celebrar en Milán, Atalanta, Turín y Verona. Y en la semana de la moda de la capital económica del país se están celebrando desfiles, como el de Giorgio Armani, a puerta cerrada para “salvaguardar el bienestar de todos los invitados”.

La Unión Europea ya está tomando cartas en el asunto. Este lunes, la Comisión Europea ha pedido a los países miembros una actuación coordinada desde Bruselas que no implique el cierre de fronteras ni la suspensión de Schengen, una medida drástica que suena con cada vez más fuerza aunque la OMS no recomienda por el momento restricciones a la libre circulación.

Para combatir lo que ya empieza a ser una crisis en toda regla, la Comisión ha anunciado un paquete de ayudas de 232 millones de euros, de los cuáles la mitad irá a parar a la OMS para invertirlo en países más vulnerables. El resto se repartirá entre la investigación de una vacuna junto con la industria farmacéutica, la investigación epidemiológica en general y la repatriación de europeos asentados en China.

¿Y si hubiera sido España?

Barcelona, Mobile World Congress (MWC) 2020. A pesar de las dudas y el abandono de muchas empresas, la feria internacional de telefonía más grande del mundo sigue adelante y abre sus puertas justo este lunes, 24 de enero. Miles de personas venidas de los cuatro rincones del globo se agolpan en la Fira de Barcelona, dispuestos a conocer y discutir los principales avances tecnológicos de su sector.

De pronto, salta la alarma. Dos personas han sido ingresadas en el Hospital Clinic I Provincial de Barcelona, el mejor preparado de la zona para enfermedades infecciosas al tener disponibles Unidades Hospitalarias de Aislamiento de Alto Nivel. Los cuadros sintomáticos hacen pensar en un posible contagio de COVID-19, una sospecha que se confirma a las 24 horas cuando se realizan las pruebas pertinentes. El MWC, por el que han paseado toda la jornada las dos personas ahora ingresadas, decide cancelar el resto del evento y suspender todas las actividades programadas.

Pero ya empieza a ser demasiado tarde. Al haber estado expuestos a los dos contagiados, y sin tener información todavía sobre el posible paciente cero -recordemos que en Italia aún no han sido de capaces de dar con él cuatro días después del comienzo de la alerta sanitaria-, todas las personas que han pasado por el MWC son ahora susceptibles de ser portadores del virus, por lo que se impone la precaución. Cuarentena obligatoria.

Pero, ¿en dónde? ¿Se les retiene dentro del propio recinto de la Fira, con todos los problemas que ello conlleva a nivel de salud pública y de seguridad para los infectados? ¿Se les aísla en sus hoteles o apartamentos? En 2019 hubo más de 100.000 asistentes a esta cita, lo que supone dos veces la población en cuarentena ahora mismo en Italia. Además, se trataría en su mayor parte de turistas y personas desplazadas de su lugar de origen, por lo que la posibilidad de quedarse en su casa no sería una opción. Los retos logísticos y sanitarios que supondría un contagio en el MWC desafían todo el sistema español de control de enfermedades, por lo que habría que inventar y buscar fórmulas para intentar solucionar la crisis.

De la ficción a la realidad

Esta apocalíptica crónica no es más que un ejercicio de política ficción, pero podría haber sido muy real. Y es que, cuando se canceló el congreso, la vicepresidenta primera del Gobierno, Carmen Calvo, no dudó en salir a decir que la suspensión no se debía en ningún caso “a ninguna alerta sanitaria en nuestro país” que, según ella, está “en una situación de respuesta muy buena”.

Una opinión que enseguida corroboró la vicepresidenta tercera, Nadia Calviño: “Tenemos una salud pública excelente y los contagios que ha habido han sido tratados correctamente. No hay motivos”. Sin embargo, como ha demostrado el salto del COVID-19 de China a Italia sin que sepa muy bien el porqué o el cómo, el estar lejos o tener un buen sistema sanitario no libra a los países de sufrir una rápida expansión de la pandemia. De hecho, el norte de Italia es la región más próspera del país y Milán, como ciudad importante económicamente frente a la capitalidad de Roma, tiene paralelismos obvios con Barcelona.

Dos semanas después de que se tranquilizara a la población con un supuesto “riesgo cero” de que llegara el brote a nuestras fronteras, el Ministerio de Sanidad ya está reforzando la prevención ante el nuevo brote de coronavirus en Italia para sensibilizar a los centros sanitarios y a la población viajera. Y aunque todavía no se puede hablar de pandemia, al no estar designada como tal por la OMS –aunque esa decisión puede ser inminente-, el miedo ya es global.

Es cierto que España ya ha hecho frente con éxito a otras crisis sanitarias, siendo la más reciente el brote de ébola que tuvo en vilo al país, con una enfermera infectada por asistir a religiosos con la enfermedad en 2014. Pero en ningún caso se puede afirmar, como hizo el Gobierno tras la suspensión del MWC, que es imposible que estos casos se den aquí solamente por la calidad de nuestra sanidad pública. Como acaba de recordar Italia, los virus en la época de la globalización no reconocen ni las fronteras ni los niveles de renta.

Un virus de morbilidad baja, salvo para personas mayores, y trasmisión alta

El COVID-19 está ahora mismo en todas las noticias, pero no se sabe aún mucho sobre él por su condición de enfermedad nueva entre humanos. Sin embargo, sí que se conocen ya algunos patrones: su tasa de tramisión es muy alta pero su morbilidad es muy baja. De 44.000 casos confirmados en China, apenas 1.000 han acabado en muerte, correspondiendo más de 800 a personas mayores de 60 años. En total, tiene una tasa de mortalidad en la ciudad de China donde se originó de entre el 2 y el 4% (que cae al 0,7% cuando se sale de Wuhan).

Ester Lázaro, investigadora en virología del CSIC, ha aportado algunos datos para situar el coronavirus y relativizar su posible impacto en la población: el coronavirus ha causado 80.000 afectados y 2.500 fallecidos, una cifra preocupante pero que hay que situar en contexto. La última campaña de gripe en España causó 525.300 casos (6.300 muertes), de forma que en solo un año, causó muchos más casos y muertes que COVID-19 en todo el mundo.



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