El jefe de la investigación europea dimite tras criticar la gestión del COVID-19

El jefe de la investigación europea dimite tras criticar la gestión del COVID-19

El profesor italoamericano Mauro Ferrari, que era presidente del Consejo Europeo de Investigación desde el 1 de enero, ha renunciado a su puesto “profundamente decepcionado” por la falta de coordinación en la respuesta sanitaria de la UE al coronavirus


La Unión Europea parece resquebrajarse ante el coronavirus. Si la pasada madrugada el Eurogrupo interrumpió su maratón de teleconferencias sin llegar a un acuerdo sobre las medidas que tomará la eurozona para contrarrestar los efectos económicos de la pandemia, este miércoles la falta de una respuesta coordinada ha motivado la dimisión de la mayor autoridad científica de la UE. El profesor Mauro Ferrari, presidente del Consejo Europeo de Investigación (ERC), ha dejado su puesto tras no conseguir persuadir a Bruselas de la necesidad de organizar un gran programa científico a escala comunitaria para luchar contra el COVID-19.

El líder científico, que comenzó su mandato hace apenas unos meses, el 1 de enero de este año, ha justificado su decisión en una carta enviada a la comisaria europea, Ursula von der Leyen, que posteriormente ha publicado el Financial Times. Todo, con unos argumentos demoledores que critican la falta de solidaridad que según el profesor ha caracterizado hasta ahora la política comunitaria contra el virus.

“Estoy profundamente decepcionado por la respuesta europea a la COVID-19. Llegué al Comité Científico siendo un ferviente seguidor de la UE, pero esta crisis ha cambiado totalmente mis puntos de vista, aunque continúo apoyando los ideales de la colaboración internacional con entusiasmo”. Ferrari denuncia “la completa ausencia de coordinación de la atención médica” y, aunque alaba al personal de la Comisión, asegura haber “perdido la fe en el sistema mismo”.

El científico italoamericano, de 60 años, asegura que las primeras fricciones con la Comisión Europea se produjeron a principios de marzo, cuando se dio cuenta de que era “evidente” que la pandemia sería una “tragedia de proporciones posiblemente sin precedentes”. Ferrari propuso entonces establecer un programa especial europeo para combatir la crisis. “Pensé que en un momento como este, los mejores científicos del mundo deberían contar con recursos y oportunidades para combatir la pandemia, con nuevos medicamentos, nuevas vacunas, nuevas herramientas de diagnóstico para poder reemplazar las intuiciones, a menudo improvisadas, de los líderes políticos“, explica el profesor.

Sin embargo, la UE rechazó el plan de Ferrari porque, por norma, se supone que el bloque solo puede financiar investigaciones propuestas por científicos, no programas iniciados desde Bruselas. El científico se dirigió entonces a Von der Leyen para buscar una fórmula alternativa de sacar adelante el plan, pero la propuesta aparentemente fue bloqueada por la burocracia de la propia Comisión.

Cruce de reproches

La dimisión de Ferrari supone un revés más para una Comisión Europea que lleva recibiendo críticas por su gestión de la crisis del conavirus casi desde que se localizó el primer foco en Italia. A pesar de esta percepción y teniendo en cuenta que sus competencias en sanidad son muy limitadas, Bruselas ha intentado dejar claro su involucramiento y se han puesto en marcha varias medidas. Algunas ya están en marcha, como la compra conjunta de material sanitario o un plan de inversión de 34.000 millones de euros, mientras que otras, como el programa de apoyo al empleo que podría tener una capacidad de hasta 100.000 millones de euros, están en proceso de aprobación.

Es importante destacar que desde ERC se ha cargado contra la carta de Ferrari, asegurando que su dimisión está motivada por la presión del consejo y no es una iniciativa propia. Según explican en un comunicado, los 19 miembros del Consejo Científico habían votado el pasado 27 de marzo a favor de que el profesor presentara la dimisión.

Es más, señalan que “el profesor Ferrari mostró una total falta de aprecio por la razón de ser del ERC” y aseguran que “no entendía” el rol de la agencia. También le acusan de no haber asisitido a varias reuniones importantes y consideran que pasaba demasiado tiempo en EEUU, donde se le permitía seguir siendo profesor.

A pesar de las contradicciones en los repartos de culpa, lo único cierto es que de las dotes de Ferrari ya no se va a beneficiar Europa. De hecho, Ferrari ha anunciado que continuará siendo profesor afiliado a tiempo parcial en la Facultad de Farmacia de la Universidad de Washington, en Seattle, donde planea establecer una iniciativa de investigación internacional para luchar contra el COVID-19 como la que había planteado en Europa, solo que esta vez centrada en Estados Unidos.



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