En el Magreb, el temor a una crisis económica preocupa tanto como el COVID-19

En el Magreb, el temor a una crisis económica preocupa tanto como el COVID-19

Aunque los países del Magreb iniciaron el confinamiento en cuanto se detectaron los primeros casos de coronavirus en la región, en Marruecos, Argelia y Túnez se temen tanto las consecuencias del parón en la débil economía de la región como el posible colapso de sus sistemas sanitarios


Carreteras vacías, tiendas cerradas y toque de queda. Las calles desoladas de Rabat, Argel y Túnez, capitales de los países que conforman la mayor parte del Magreb -el caso libio, por su situación de guerra civil, es completamente distinto- , ofrecen una imagen muy similar a la de sus homólogas europeas, ya que estos países también están totalmente paralizados, salvo servicios esenciales, a causa del coronavirus. Sin embargo, por ahora sus cifras de contagiados y muertos están muy por debajo de las de países de su entorno teóricamente más desarrollados como España o Italia y lo que más preocupa es el potencial efecto devastador de la pandemia en la economía de la región, muy dependiente del sector informal y de la inversión extranjera. Eso, y un sistema sanitario poco preparado.

Por el momento, el COVID-19 parece estarse dando un respiro en el Norte de África. Argelia ha informado de 1.914 casos y 293 muertes, mientras que Marruecos ha registrado 1.661 infecciones y 118 decesos. Túnez tiene 707 casos y 31 muertes. Los tres países han impuesto medidas de confinamiento estrictas, con la obligación de quedarse en casa para todos los trabajadores no esenciales y el toque de queda nocturno para toda la población. La policía y los soldados patrullan caminos desiertos, cafés y restaurantes han cerrado, los vendedores ambulantes han desaparecido y las pequeñas empresas han cerrado sus persianas.

Aun así, el problema que más preocupa en los tres países del Magreb, que tienen una población combinada de aproximadamente 90 millones de personas, es de índole económico. En Marruecos, Argelia y Túnez hay millones de personas que trabajan en empleos informales, no declarados o precarios. Esta gente, que vive al día y carece de protección social, es especialmente vulnerable al parón de la actividad. Desde jornaleros hasta vendedores ambulantes, pasando por artesanos, trabajadores de limpieza, cuidadores y trabajadores de la construcción, muchísimos trabajadores no saben cuánto podrán resistir sin ingresos de ningún tipo.

La situación es particularmente crítica en Marruecos, donde el empleo informal se estima en casi el 80% de la fuerza laboral, por encima del 63% de Argelia y del 59% en Túnez, según cifras de 2018 de la Organización Internacional del Trabajo. Por eso, una de las primeras medidas que tomó el Gobierno marroquí al decretar el confinamiento fue lanzar subsidios mensuales de 2.000 dirhams (alrededor de 200 euros) para empleados con seguridad social que pierden sus empleos, así como pagos diferidos de préstamos para individuos y empresas.  Y el ministro de Economía marroquí, Mohamed Benchaaboun, ya ha anunciado “medidas de acompañamiento para los aproximadamente 4 millones de hogares en el sector informal”.

Según apunta el investigador principal de Mediterráneo y Mundo Árabe del Real Instituto Elcano, Haizam Amirah Fernández, la crisis del coronavirus podría exacerbar los problemas sociales y económicos de la región. “Además de la caída del turismo, una recesión mundial puede reducir sensiblemente las remesas que envían los marroquíes que trabajan en el extranjero, principalmente en Europa, y que representan algo más del 6% del PIB de Marruecos”, explica el académico, que también apunta a problemas similares en Argelia y Túnez. A esto hay que añadir la caída de la demanda tanto interna como externa y una bajada de la producción agrícola por la sequía.

“Con ese panorama, es previsible que aumenten las muestras de descontento social ya vistas en los últimos años, provocadas por la falta de oportunidades, las desigualdades económicas y las disparidades entre unas regiones y otras”, asegura Amirah, que pide no desdeñar tampoco la posibilidad de una crisis sanitaria a pesar de las bajas cifras actuales.

Una región mal preparada

Un robot policía y un agente patrullan el centro de Túnez, avisando a los ciudadanos por megafonía sobre el confinamiento. EFE/EPA/MOHAMED MESSARA

Más allá de la esfera económica, la crisis provocada por el coronavirus ha puesto también al descubierto los problemas de salud pública en los países del Magreb, pero podría ser también una oportunidad para mejorarlos.

Aunque el control mediático en Marruecos es bastante fuerte, la presión social está consiguiendo que el Gobierno se comprometa a destinar más recursos a la sanidad. Gracias a vídeos grabados por los pacientes infectados por el virus, en los que denuncian las malas condiciones de los hospitales públicos, se ha puesto de nuevo sobre la mesa la polémica sobre la falta de recursos del sector sanitario. “Se está haciendo un esfuerzo considerable para atender a los pacientes y las condiciones de acogida son normales”, ha asegurado a la AFP el ministro marroquí de Sanidad, Jalid Ait Taleb.

Ante el avance de las críticas, el propio rey Mohamed VI ha ordenado mejorar la comida de los hospitales públicos y que se use personal militar para suplir las deficiencias de personal. Aún así, el gobierno también está teniendo grandes problemas para testear a su población y conocer la medida del contagio: en total, se han hecho menos de 3.000  pruebas desde principios de marzo.

En Argelia, los desafíos son similares. Según apunta a AFP el médico Kamel Bouzid, jefe de servicio y presidente de la sociedad argelina de oncología médica, “la crisis sanitaria ha puesto al descubierto los fallos del sistema de sanidad“. Los argelinos destinan a gasto en sanidad unos 4.000 millones de euros, menos de la mitad de los 10.000 millones que se dedican a la defensa.

El propio primer ministro argelino, Abdelaziz Yerad, ha reconocido los fallos del sistema y ha llegado a anunciar que las autoridades llevarán a cabo “una reparación total” del sistema sanitario una vez se supere la pandemia de coronavirus. “Esta crisis ha mostrado algunas insuficiencias en nuestro sistema de sanidad”, ha destacado Yerad durante una visita a Blida, la provincia del país más afectada por la pandemia.

El tiempo se agota para actuar. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ya avisó a mediados de marzo que el COVID-19 aún no había alcanzado su pico de propagación en Oriente Medio y el Magreb, advirtiendo que la región se debía preparar para lo peor cuanto antes. Además, los dirigentes de la organización se han quejado de que, a pesar de la gravedad de la situación, los países del Magreb no estaban facilitando suficiente información sobre los casos de contagio y les instaba a realizar mayores esfuerzos para luchar contra el coronavirus.

Juventud y diabetes

Las sociedades de estos tres países del Magreb son considerablemente más jóvenes que las de otras regiones del mundo (por ejemplo, la media de edad en Argelia es de 28,5 y en Marruecos de 29,5, frente a los 47,3 en Italia, 44,9 en España y 38,4 en China), un hecho que puede reducir la mortandad que provoque la pandemia en esos países, puesto que parece que las personas de mayor edad son las más vulnerables. En total, entre el 60 y el 70% de los magrebíes son menores de 30 años, lo cual puede suponer una ventaja competitiva ante una enfermedad que diezma sobre todo el grupo de población de la tercera edad.

Sin embargo, el Norte de África destaca también por sus elevados índices relativos de otras enfermedades que pueden aumentar la mortalidad por el coronavirus, como son las enfermedades cardiovasculares y la diabetes. A eso hay que añadir el riesgo que sufren buena parte de las clases dirigentes en varios de esos países, ya que debido a su avanzada edad pertenecen a los grupos más vulnerables al coronavirus.



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