El coronavirus altera el mapa de la energía y las emisiones - EL ÁGORA DIARIO

El coronavirus altera el mapa de la energía y las emisiones

El coronavirus altera el mapa de la energía y las emisiones

El parón del transporte aéreo, el descenso del tráfico rodado y la bajada del consumo eléctrico reducen las emisiones de CO2 y la contaminación del aire. También dibujan un mapa energético nuevo en el que el precio del barril de crudo cae  a mínimos históricos


Pedro Cáceres | Director Adjunto
Madrid | 27 marzo, 2020


Estamos todavía en plena emergencia por el coronavirus, con la epidemia atenazando Europa y a punto de arrasar en otros lugares, como EEUU, que en pocos días ha escalado a los primeros puestos de infecciones por país.

No sabemos cuánto se alargará esta situación, pero sí está claro que el mundo que veremos después de la cuarentena será otro. El descenso del PIB mundial se prevé grande. Solo para España, algunas estimaciones, como la realizada por el economista Ramón Tamames en nuestro diario, apuntan a una bajada del 12 % este año. Y junto a ello asistiremos a una reconfiguración del mapa de la energía que tendrá implicaciones en la estrategia internacional contra el cambio climático.

Las incertidumbres son muchas. Y algunos de los fenómenos que hemos visto estas semanas apuntan señales contradictorias. Por una parte, ha quedado claro que es posible reducir las emisiones y la contaminación atmosférica de forma brusca y rotunda. En Madrid, Barcelona, Roma, Milán o Lisboa las emisiones de gases dañinos para la salud se han reducido en más del 50 % de una semana para otra según los datos oficiales de la Agencia Europea de Medio Ambiente. Las mediciones indican la reducción de distintos tipos de gases. Las de CO2, que dañan el clima, y las de óxidos de nitrógeno y de azufre, que afectan a la salud humana.

Lo que no han podido hacer durante años los acuerdos internacionales sobre el clima ni las recomendaciones de la OMS y la UE para la mejora de la calidad del aire lo ha conseguido en tres meses un virus. Recordemos, una porción de material genético rodeado de proteínas. Algo sin capacidad de autorreplicarse. Es decir, un ente que está en la frontera de lo que se considera un ser vivo. Solo una pequeña cantidad de información, un código, capaz de matar decenas de miles de personas y amenazar la civilización.

No se mueve un avión

La aviación, responsable por sí sola del 4 % de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, ha reducido operaciones en Europa a niveles no vistos desde antes de la Segunda Guerra Mundial. O sea, cuando apenas existía el tráfico comercial de aviación.

Los datos ofrecidos por el servicio de Eurocontrol muestran que los vuelos de pasajeros han bajado más de un 90 %, acercándose al 100 % en países con bloqueos absolutos como España a Italia. Solo se mantienen los vuelos de carga, que apenas bajan un 1 %. Son los mismos vuelos que transportan, entre otros materiales, los recursos sanitarios que España está tratando de importar a toda prisa de otros países.

Demanda eléctrica en mínimos

Respecto al consumo eléctrico, En España hemos visto un descenso del 10 % desde que comenzó el encierro domiciliario. No es mucho, podría pensarse, para el brusco bloqueo de la actividad del país que estamos viviendo. Para entenderlo, hay que tener en cuenta, en primer lugar que, aunque hay actividades industriales que han dejado de demandar energía, son pocas las industrias intensivas en consumo eléctrico, pues los sectores duros e intensivos energéticamente no dependen del vector eléctrico sino de fuentes térmicas.

Evolución diaria de la demanda de electricidad en la península durante el mes de marzo. | Fuentes: REE

Por otra parte, es significativo ver que lo que sí ha ocurrido es un cambio notable en el foco de consumo y en la curva horaria. Gran parte de la demanda se ha desplazado al entorno doméstico, donde millones de españoles teletrabajan o pasan todo el día. Lo explicaba el director de Operaciones de Red Eléctrica de España a El Ágora en una de las informaciones publicadas por nuestro diario estos días.

Bajan las emisiones de CO2

Este cambio en los patrones de movilidad y consumo de energía lleva aparejado un descenso en las emisiones de gases de efecto invernadero. China vivió los momentos duros de la epidemia en enero y febrero, cuando el gigante asiático prácticamente se bloqueó, como muestran las imágenes de satélite. Ahora, el dragón asiático ya está saliendo de la crisis y dispuesto a ver cómo sus competidores internacionales caen en cadena para dar el golpe de mano definitivo y convertirse en la potencia mundial de la era post-coronavirus.

Los niveles de polución por óxidos de nitrógeno en China entre el mes de enero (izquierda) y febrero (derecha). | NASA.

Pero en el tiempo que la fábrica china paró, pudimos ver cómo sus emisiones caían brutalmente. ”La reducción del consumo de carbón y petróleo muestra una reducción de, al menos, un 25% de las emisiones con respecto al período comparable el año pasado”, equivalente a una reducción del 6% de las emisiones mundiales durante el período, según un comunicado de Carbon Brief, una entidad internacional centrada en la cuestión de las emisiones que dañan al clima.

En España, según el Observatorio de la Sostenibilidad, se prevé “una caída espectacular” de las emisiones de CO2 en 2020 debido al parón económico por el coronavirus.

Un futuro incierto

Pero esta bajada de las emisiones de gases de efecto invernadero, lograda al coste de cortociucitar la economía de muchos países, no es perdurable a largo plazo. Es un espejismo.

¿Qué ocurrirá cuando las medidas de alerta cesen? ¿Cuánta energía necesitará el mundo para despertar del letargo y de dónde la obtendrá? Por el momento, China ya ha avanzado un plan de recuperación económica que incluye la construcción de 50 nuevas centrales térmicas de carbón. Una señal que indica que el mayor emisor del mundo no va a renunciar a seguir explotando sus enormes reservas del mineral más contaminante. Pese a la ingente inversión que Pekín hace también en renovables, su apetito energético es tan grande que debe recurrir a todas las fuentes posibles, incluido también el mineral más perjudicial para el clima.

Negociación internacional

A nivel diplomático está por ver lo que ocurrirá con la COP26 prevista para celebrarse en Glasgow a final de año. Iba a ser la cumbre internacional del clima decisiva desde la de París en 2015, donde debían aprobarse medidas vinculantes para la próxima década tras la cumbre climática de transición celebrada en Madrid en diciembre del 2019 (COP25). Si se han aplazado eventos como los Juegos Olímpicos de 2020 en Japón, cualquier cosa es posible.

En cualquier caso, y a pesar de que la cumbre del clima británica sea a final de año y no en verano como era la competición deportiva mundial, aún es pronto para saber si Gran Bretaña llegará a tiempo de montar el encuentro, si la comunidad internacional se sentirá segura de acudir o si los estados irán con un plan concreto, como correspondía,  o decidirán pasar bola hacia el futuro como los tiempos del coronavirus imponen.

Mientras tanto, se han infectado por coronavirus el primer ministro Boris Johnson, y el heredero de la Corona, el príncipe Carlos, lo que no hace creer que estén pensando en la COP26 en este momento.

El petróleo por los suelos

El fenómeno más significativo a nivel energético que estamos experimentando durante estas semanas de crisis mundial por el coronavirus tiene que ver con la caída del precio del petróleo a mínimos históricos cercanos a los 20 dólares por barril.

Las disputas en el seno de la OPEP y el enfrentamiento entre Arabia Saudí y sus competidores han hecho que se pugne a la baja para ganar cuota de mercado, y en ese pulso el que tiene las de ganar es el gigante saudí, que tiene los márgenes de explotación más bajos por la facilidad de acceso a sus recursos y la amortización de infraestructuras antiguas. La Meca obtiene los mejores márgenes en condiciones de precios bajos y por tanto siempre gana, más o menos según las fluctuaciones del mercado, pero gana.

La consecuencia es que tenemos precios del petróleo por los suelos. Analistas expertos, como el fisico y experto en mercados de crudo Antonio Turiel, indican que hemos llegado al oil peak, el día en el que la producción de crudo llegaría al máximo para luego descender, sin darnos cuenta. El temido crash del petróleo ha tenido lugar mientras miramos aterrados al coronavirus y vemos con naturalidad datos como que el 80% de la producción eléctrica de España venga de las renovables, la nuclear y el gas con apenas vestigios del fuel o el carbón.

Por mucho que baje el el petróleo, eso no implica que gane la cuota de mercado que ya no puede recuperar. Solo el transporte lo manteiene con vida, pero no otras demandas, como la elécrica.

El petróleo estaba herido y el virus le ha empujado un poco más hacia la tumba. El director de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), Fathit Birol, corroboraba esta idea esta semana. La AIE dice que la demanda mundial de petróleo va en caída libre por la pandemia. Según publicaba Bloomberg esta semana, La demanda mundial de petróleo va en caída libre por la pandemia.

“Hoy, 3.000 millones de personas en el mundo que están encerradas. Como resultado, evidenciamos una caída de la demanda” de hasta 20 millones de barriles por día, afirmaba  Birol, antes de que India se sumara al encierro global, sumando 1.300 millones de habitantes y alcanzando la mitad de la población del mundo metida en casa.

EEUU tiene varios problemas

El más directamente perjudicado en la batalla a la baja del barril es EEUU. Sobre la gran potencia del siglo XX se cierne una tormenta sanitaria, otra comercial y una energética que anticipan un siglo XXI de declive.

El shale gas, los hidrocarburos no convencionales por los que EEUU ha apostado en los últimos años inundando el mercado internacional con gas barato, se queda fuera de juego en la situación actual. Por debajo del precio barril de 50 dólares, el gas de esquisto no es competitivo debido a sus altos costes de extracción. Es estos momentos esta fuente está quedando sin mercado.

Muchas compañías de EEUU están pasando apuros, especialmente las de pequeño y mediano tamaño, pues la extracción de este recurso reciente y no convencional está muy atomizada, como explica Concha Raso en un excelente texto en El Economista. El presidente Trump ya ha tomado medidas, como destinar fondos a aumentar reservas y promocionar el mercado nacional, pero los analistas indican que, en la situación actual, el shale gas está en la UVI.

En el caso de la generación eléctrica, y aplicado de España, un descenso de demanda, unido al enorme crecimiento de potencia instalada en renovables, hará que haya fuentes que no vuelvan a ser necesarias. Si el carbón se quedó en el 5 % el año pasado, su aportación al mix podría ser mucho menor en 2020. La eólica, la nuclear, la hidráulica y la solar, en cifras cercanas en 2019 esta última al  5 % anual y superiores al carbón pueden ofertar gran parte de la demanda.

Cada bajada en consumo y cada mejora de rendimiento de las energías limpias, que ya han superado la curva de aprendizaje y están en precios de rendimiento de mercado sin necesidad de ayudas, expulsan al carbón, al fuel y al gas del mix mundial. Esto tendrá una aplicación inmediata en la reducción de CO2, aunque no sea el objetivo buscado,.

Las compañías inteligentes y complejas lo saben y llevan años diversficando inversión y cuotas de mercado, reconfigurando estrategias según las circunstancias coyunturales y a largo plazo. Los viejos dinosaurios del petróleo estaban tratado de encontrar su acomodo. British Petroleum, una de las grandes del mundo movía, por ejemplo, sus inversiones y su discurso público hacia el negocio solar.

El coronavirus ha cogido a muchas de ellas en mitad de la transición. Son tiempos fascinantes, y preocupantes, para ver lo que va a pasar.

De momento, toca quedarse en casa.



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