La cuarentena, la respuesta clásica contra las epidemias que perfeccionó la Peste Negra

La cuarentena, la respuesta clásica contra las epidemias que perfeccionó la Peste Negra

La cuarentena, la respuesta clásica contra las epidemias que perfeccionó la Peste Negra

El confinamiento de contagiados como forma de frenar una epidemia se remonta a tiempos bíblicos, pero el término cuarentena y la estrategia preventiva que tanto se está utilizando en la actual crisis del coronavirus se desarrolló en Europa a partir del siglo XIV debido a la terrible expansión de la “muerte negra”

Cuando el coronavirus apareció en la ciudad de Wuhan, la gran estrategia de contención del Gobierno chino acabó pasando por una cuarentena masiva. Cerraron la urbe, que durante meses nos ha ofrecido las fantasmales imágenes de calles vacías y controles policiales que luego harían suyas muchos países occidentales. Pero, sobre todo, la aislaron del resto del país, vigilando con puño de hierro a los ciudadanos de la provincia circundante para tratar de frenar la expansión de la epidemia. 

El resultado, a pesar del salto del coronavirus al resto del planeta, refleja el éxito de esta estrategia, al menos a nivel local: este miércoles se ha levantado el cerrojo sobre Wuhan, después de que los contagios comunitarios hayan descendido en todo el país de forma espectacular.

Las cuarentenas nunca han estado de mayor actualidad, pero lo cierto es que, desde un punto de vista histórico, no son nada novedosas. El concepto está en realidad radicalmente incrustado en las prácticas y la cultura de salud locales y globales desde hace siglos. Sin embargo, es importante distinguir entre confinamiento y cuarentena, dos términos que hoy parecen sinónimos pero que tienen connotaciones distintas, al menos a nivel histórico. Mientras que el primero se refiere al aislamiento de personas que ya están enfermas, la segunda se centra en los ciudadanos de los que se sospecha el contagio pero no hay pruebas directas.

Esta distinción es importante porque sitúa el nacimiento histórico de la cuarentena preventiva moderna en la Europa del siglo XIV, cuando la ciudad de Ragusa (actual Dubrovnik) decretó en plena peste negra el aislamiento fuera de la ciudad de todos los barcos que provenían de focos de contagio. Pero para llegar a este momento, es necesario repasar primero los antecedentes históricos de esta estrategia sanitaria, que se remontan al Antiguo Testamento.

El aislamiento en la Antigüedad

Casi desde el nacimiento de la vida en sociedad, muchas civilizaciones han adoptado diversas estrategias para prevenir y contener enfermedades, sobre todo a través de lo que ahora se llama aislamiento. Pero antes de entrar a detallarlas, es importante explicar que la enfermedad en la Edad Antigua era mayoritariamente concebida como un infortunio, consecuencia de una acción divina o demoníaca. A pesar de que ciertos pioneros, como el padre de la medicina, el griego Hipócrates, ya señalaban la interacción entre el ser humano y su entorno como fuente de enfermedades, la concepción mayoritaria era la del castigo de los dioses.

En aquella época, una de las enfermedad más comunes y fáciles de señalar era la lepra, un mal provocado por una bacteria que hacía que la carne se pudriera e incluso se cayese a trozos y que daría lugar al nacimiento de prácticas de aislamiento. De hecho, la primera gran manifestación de leprafobia de la que se tiene constancia ocurrió en Egipto alrededor de 1.250 años antes de Cristo, cuando, por orden de Ramsés II, 80.000 leprosos fueron sacados de sus hogares y reasentados en un complejo al borde del desierto del Sahara. 

cuarentena
Jesucristo curando a un leproso, en un grabado del siglo XVI de autor anónimo. | WIkipedia Commons

También hay referencias a este aislamiento de la lepra en la Biblia. En el Antiguo Testamento, concretamente en el Levítico, ya se puede leer cómo se separaba a las personas afectadas por lepra del resto de la sociedad, obligando a estos enfermos a vivir aislados de por vida. Una idea que persistitía en el Nuevo Testamento, donde la lepra continúa siendo considerada una razón para la discriminación social que solo puede encontrar solución a través de una intervención divina. 

Es decir, a pesar de desconocer el porqué de los contagios, en la Antigüedad ya había surgido un patrón pionero para contener las enfermedades: reconocer que el contacto entre personas infectadas y no infectadas o entre objetos infectados y personas no infectadas era lo que propaga la enfermedad. Las primeras pestes, un término que se usaba de manera amplia para indicar cada epidemia caracterizada por una alta mortalidad, supondrían la expansión del aislamiento como práctica aceptada en casi todo el mundo antiguo. Pero sería la verdadera peste, cuyas olas pandémicas comenzaron al final del periodo romano y se repitieron a lo largo de la Edad Media, la que haría que nacer la cuarentena tal y como la conocemos.

La “muerte negra” y la cuarentena

A partir de mediados del siglo XIV, repetidas oleadas de peste se extendieron por toda Europa. Después de llegar al sur de Europa en 1347, la conocida como “muerte negra”, debido a las manchas y bubones pestilentes de ese color que la enfermedad hacía aparecer por todo el cuerpo, se extendió rápidamente, llegando a Inglaterra, Alemania y Rusia en 1350.

La enfermedad era altamente infecciosa y saltaba de una persona a otra como un reguero de pólvora: durante este tiempo, se estima que un tercio de la población de Europa, unos 100 millones de personas, falleció por causa de la peste. Una terrible mortalidad que no aguanta comparación con ninguna otra pandemia de la historia. Aunque se desconoce el origen exacto de la “muerte negra”, la teoría más extendida actualmente es que la enfermedad la provocó el bacilo Yarsinia pestis, y se transmitía a través de las pulgas de las ratas.

El profundo impacto de esta epidemia fue lo que favoreció el nacimiento de medidas extremas de control de infecciones, que muchas veces condenaban al destierro o incluso la muerte a los infectados. Por ejemplo, en 1374, el vizconde Bernabo de Reggio, Italia, declaró que todas las personas con peste fueran sacadas de la ciudad a los campos, donde eran abandonados a su suerte.

Pintura medieval que representa a judíos siendo quemados vivos durante la Peste Negra de Europa. | Wikimedia Commons.

Pero la consecuencia social más grave la vivieron en sus propias carnes uno de los pueblos más perseguidos a lo largo de los siglos: los judíos. En muchos puntos de Europa se acusó a los practicantes de esta religión de causar la epidemia por medio de la intoxicación y el envenenamiento de pozos, lo que provocó pogromos y masacres de estas personas en ciudades tan alejadas entre sí como Barcelona, Toulon, Erfurt o Basilea.

Sin embargo, más allá de estas brutalidades, la peste negra impulsó una innovación clave: la cuarentena aparecería en 1377 en otra ciudad del Mediterráneo. Ragusa, la actual Dubrovnik.

De la ‘trentina’ a la cuarentena

El concepto moderno de cuarentena preventiva nació en Ragusa, hoy llamado Dubrovnik (Croacia), cuando el Rector del puerto marítimo de la ciudad emitió oficialmente la llamada trentina, palabra italiana derivada del número 30, que obligaba a los barcos procedentes de sitios infectados o sospechosos de estar infectados a permanecer anclados durante treinta días antes de atracar.

La medida pronto aumentaría hasta los 40 días para los viajeros que venían por tierra, probablemente porque ese período inicial más corto no se consideró suficiente para prevenir la propagación de la enfermedad. También se apunta a las connotaciones religiosas del número 40, que en el cristianismo se relaciona con la cuaresma y un gran número de eventos del Antiguo Testamento.

En cualquier caso, lo importante es que la imposición de permanecer de 30 a 40 días en un sitio aislado se determinó no sólo por razones de salud, sino también por la necesidad económica, ya que la calidad y la seguridad de la red comercial necesitaban protección contra la peste. La “cuarentena”, entendida como un sistema legal destinado a defender tanto la salud como los aspectos comerciales, acaba de nacer.

Estos eran los principios fundamentales de la ley que se promulgó en Ragusa en 1377:

  • Los visitantes de áreas donde la peste era endémica no serán admitidos en Ragusa hasta que hubieran permanecido aislados durante un mes.
  • Quien no cumpla con esta ley será multado y sujeto a un mes de aislamiento
  • A ningún habitante de Ragusa se le permite ir al área de aislamiento
  • A las personas no asignadas por el Gran Consejo para cuidar a las personas en cuarentena no se les permite llevar comida a personas aisladas.
.

Aún quedaba sin embargo un desarrollo clave: en 1423, Venecia estableció en una isla cercana a la urbe uno de los primeros lazaretos, es decir, edificios aislados en los que se confinaba a las personas con enfermedades contagiosas o sospechosas de tenerlas. Ya el médico jefe de Ragusa, Jacob de Padua, había aconsejado establecer un lugar fuera de los muros de la ciudad para el tratamiento de ciudadanos enfermos (o sospechosos de estar infectados). Pero sería el sistema veneciano el que pronto se convirtió en un modelo para otros países europeos y los lazaretos -cuyo nombre viene de San Lázaro, el santo patrón de los pobres y enfermos-, existen aún en nuestros días, aunque ahora se asemejen más a un hospital que a la cárcel a la que recordaban las primeras instalaciones de este tipo.

Vista áerea de la isla de San Lázaro, en Venecia, donde se construyó el primer lazareto. | Wikipedia Commons

Durante los siguientes 100 años se fueron introduciendo leyes similares en los puertos italianos (Pisa) o en los franceses (Marsella), y poco a poco el término “cuarentena” fue evolucionando tanto en su concepción como en sus objetivos a medida que se desarrollaba la ciencia y la medicina de la época. A lo largo del siglo XVI, el sistema de cuarentena se expandió a través de la introducción de las “facturas de salud”, un documento que certificaba que el último puerto visitado por los viajeros estaba libre de enfermedades, lo que facilitaba la toma o no de medidas por parte del país receptor.

Sin embargo, existía una gran falta de coordinación entre países sobre estas normas, un problema que no se resolvería hasta que las epidemias del cólera del siglo XIX, que avanzaron en paralelo con la creación de los estados-nación actuales, dieron lugar a las primeras conferencias y acuerdos internacionales en materia de salud. Solo a partir de entonces se empezarían a estandarizar los métodos de cuarentena que han sobrevivido hasta nuestros días, aunque el coronavirus ha demostrado una vez más que la cooperación internacional en materia de salud está muy lejos de ser perfecta.



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