El COVID-19 rebaja el tono político y "casi todos" se unen en la lucha por la vida

El COVID-19 rebaja el tono político y “casi todos” se unen en la lucha por la vida

El imparable avance del coronavirus, COVID-19, que ha infectado a más 14.000 españoles y matado a 560 personas, ha llegado al Congreso para cambiar el tono del debate político y aparcar la pugna ideológica. Casi todas las fuerzas con representación parlamentaria se unen a los esfuerzos del Gobierno por combatir una guerra que deja muchas bajas y secuelas económicas sin precedentes


El Pleno del Congreso de los Diputados ha respaldado esta mañana la Declaración el Estado de Alarma decretado el pasado sábado por el presidente del Gobierno Pedro Sánchez que, dejando al margen el sesgo por retrospectiva y, casi igualmente el de ideología, ha pedido lealtad y apoyo para superar la pandemia y la profunda crisis económica sobrevenida que quedará de secuela.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante su comparecencia ante un hemiciclo casi vacío para explicar la declaración del estado de alarma y las medidas para paliar las consecuencias de la pandemia provocada por el coronavirus, en Madrid (España), a 18 de marzo de 2020.

Pocas críticas, en general y compromiso de remar en la misma dirección, con una primera lección aprendida, el sistema sanitario es vital, valga la redundancia, siempre y ante crisis como esta, más.

Al margen del lenguaje ha quedado patente que no es momento de confrontar lo público con lo privado puesto que, como ha señalado uno de los líderes políticos, “todos somos privados que formamos parte de lo público”.

Con el objetivo y el compromiso claro, solo queda avanzar en la lucha contra el coronavirus, primero reforzando a nuestros héroes de bata blanca que necesitan con urgencia un material de protección que no termina de llegar, a pesar de las confiscaciones que la autoridad competente va haciendo a diestro y siniestro. Se entiende que para centralizar un reparto que, de momento, parece que solo ralentiza el auxilio.

Si ayer era la Junta de Andalucía quien denunciaba la “requisición” de una partida de 250.000 mascarillas, como si de un alijo se tratara, con destino a la sanidad andaluza, hoy han sido las autoridades catalanas las que han lamentado el mismo hecho, no sabemos si por temor a que alguna de “sus mascarillas” acabe en Madrid o porque realmente este mecanismo retrasa la llegada de ese material imprescindible en los hospitales.

Esas mismas autoridades catalanas que lejos de agradecer la colaboración de entidades privadas de toda índole enarbolan el “sesgo ideológico” para, cual macho alfa, alardear de intervención de la sanidad privada catalana. ¿Será que no entendieron lo del mando único?

La realidad, al margen de la política se vive no ya en la calle sino en las casas donde, tras tres días laborales de confinamiento, ya se percibe la incertidumbre y la penumbra de la crisis económica que se nos viene encima.

La Organización Internacional del Trabajo advierte de que el COVID-19 podría acabar con 25 millones de empleos en todo el mundo

Una crisis que por más medios que se pongan sobre el tapete, ni 200.000 millones serán suficientes, podría llevarse por delante 25 millones de empleos en todo el mundo, según advertía hoy la Organización Internacional del Trabajo.

Y nada tan real como el miedo, el miedo a perder lo que teníamos hasta ahora, a perder la salud y hasta la vida. Lo vemos cada día en esta “guerra” retransmitida a golpe twit y de wasaps que nos enseñan cómo nuestros mayores no pueden con el COVID-19 y que cada vez se hace más fuerte entre los jóvenes. Y que además corre más que la ciencia que se afana por lograr retrovirales y vacunas en una carrera internacional donde China y Estados se juegan el prestigio…y la patente.

Pero volviendo a lo doméstico, las ciudades inteligentes de este país ya dan de comer a esos niños madrileños de familias perceptoras de rentas mínimas de inserción que de otra manera pasarían hambre a falta de comedores escolares, gracias a dos cadenas privadas de restauración.

El Hospital del Meixoeiro en Vigo ha implantado un sistema que permite a los facultativos realizar test a personas sospechosas de haber contraído el coronavirus sin necesidad de que se apeen del coche

En Vigo se empiezan a hacer test de diagnóstico desde el coche, esas pruebas que España no realiza a los casos sospechosos y que, una vez se empiecen a usar sistemáticamente a finales de semana, desenmascarará unas cifras de contagiados desorbitadas; cifras que no querremos oír pero que son vitales para que la epidemiología nos ayude a saber cómo avanza la pandemia.

Lo peor está por llegar, nos repiten y algo intuimos cuando vemos la situación de esas cinco residencias de mayores desbordadas por una situación difícilmente controlable y que nadie supo prever.

También cuando vemos languidecer los ánimos de todos esos millones de españoles sin perro que miran por la ventana añorando hasta salir a trabajar, y que, pese a todo siguen asomándose a  la ventana cada día a las ocho para aplaudir a los héroes de hospital, a las fuerzas y cuerpos de seguridad el Estado, a las cajeras del super, a los transportistas, a los periodistas, a los agricultores, a los gestores del agua, a los barrenderos,… a tantos y tantos entre los que no nos podemos olvidar de los operadores de telefonía que nos brindan la oportunidad de seguir conectados y abrazarnos en la distancia.

Para todos ellos, y para los que se quedan en casa por responsabilidad, el aplauso de El Ágora, también desde casa.


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