'Sí, Ministro': una brillante sátira política con plena vigencia actual

‘Sí, Ministro’: una brillante sátira política con plena vigencia actual

‘Sí, Ministro’: una brillante sátira política con plena vigencia actual

Esta mítica serie británica nos muestra los entresijos de un ministerio, los políticos, los funcionarios y sus guerras de poder. Una comedia llena de humor inteligente que sigue estando de plena actualidad


Lorenzo Mejino
Madrid | 29 abril, 2020

Tiempo de lectura: 4 min



El humor inteligente es una herramienta muy poderosa para destruir convencionalismos y Sí, Ministro ha mostrado el camino a seguir a muchas series posteriores que se han basado en su planteamiento para morder en mayor o menor medida en la arena política.

Viendo las comparecencias actuales en plena crisis de muchos responsables políticos (ministros y de la oposición) en sus ruedas de prensa públicas, con meteduras de pata y rectificaciones posteriores, me han traído a la memoria las tribulaciones del pobre ministro Jim Hacker y su maquiavélica mano derecha, el funcionario de carrera Sir Humphrey.

Por ello nada mejor que en este rincón diario de series alegres de El Ágora, recordaros y analizaros esa joya televisiva que fue Sí, Ministro y su segunda parte, ya como primer ministro.

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Jim Hacker (genial Paul Eddington) es un político bienintencionado, no excesivamente brillante y bastante idealista que entra en el Ministerio con las ideas de cambiar las cosas y sobre todo aligerar la maquinaria burocrática del Gobierno británico, desde el cargo de su ministerio ficticio de un nombre tan rimbombante como el de Asuntos Administrativos. Su carrera política hasta el momento había sido mediocre y dentro de su partido lo tenían catalogado como inofensivo.

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El funcionario permanente del Ministerio es Sir Humphrey Appleby (un impresionante Nigel Hawthorne), un funcionario ‘pata negra’ con el colmillo retorcido en temas administrativos y que conoce absolutamente todas las entretelas y resortes del gobierno, mediante la red que tiene montada con los otros funcionarios de los otros ministerios.

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Su principal preocupación es mantener su cuota de poder y la posición actual de su casta de funcionarios por lo que va a torpedear de forma sistemática cualquier iniciativa de su ministro, que pueda menoscabar sus prebendas actuales.

Sir Humphrey tiene muy claro que los políticos están de paso, pero él siempre está ahí por lo que se siente obligado a ser el garante de las esencias del gobierno, que es básicamente seguir haciendo lo que les da la gana a los funcionarios.

Estas enseñanzas las transmite al tercer hombre en discordia, el secretario personal del ministro Bernard (un divertido Derek Fowlds) que es un funcionario de rango mas bajo y se ve a menudo en la disyuntiva de apoyar a su ministro o a su jefe funcionarial del que depende su carrera posterior.

Cada episodio solía tener una estructura parecida, en la que el ministro tenía una iniciativa para cambiar o mejorar algún aspecto del Gobierno, lo que topaba de pleno con el inmovilismo de su secretario, que movía todos sus hilos para impedir que fructificaran las propuestas renovadoras.

Ese esquema, se mantuvo tanto en su cargo inicial de ministro, como en la secuela Si, Primer Ministro en que Jim Hacker, gracias a su incompetencia y carácter dócil es aupado al cargo de primer ministro, por ser más manejable que cualquier otro por la mafia funcionarial.

El punto débil del ministro era su necesidad de evitar la mala prensa, por lo que los movimientos del funcionario iban siempre encaminados a airear o filtrar temas conflictivos de las propuestas, lo que le obligaba a retirarlas antes de ver la luz. En cambio apenas veíamos detalles de la vida personal de los protagonistas, si exceptuamos a la mujer del ministro pero que sale en un papel muy secundario.

La serie nos muestra la lucha continua y permanente entre la casta política y la funcionarial, en la que casi siempre gana esta última, aunque de vez en cuando el ministro consigue alguna victoria pírrica. Algunas conversaciones entre los tres protagonistas se reducían a una sola palabra y eran desternillantes como puedes comprobar en este vídeo.

Te va a sorprender la gran vigencia que siguen teniendo la mayoría de los temas que trataban y como las cosas no han cambiado apenas en cuarenta años, con la burocracia controlando casi todos los aspectos, añadiendo además el barniz de lo políticamente correcto que todo uniformiza en nuestros días, por lo que no dudes en revisarla o descubrirla gracias a la arqueológica labor de Filmin recuperando la gran comedía británica de siempre.

Si tienes dudas de su plena vigencia, con esta escena que cierra el artículo, te vas a convencer, puesto que parece extraída de alguna reunión actual de los fontaneros de la Moncloa.

Sí, Ministro y Sí, Primer Ministro están disponibles al completo en Filmin


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