El coronavirus adelanta el futuro de la medicina: anticuerpos modificados

El coronavirus adelanta el futuro de la medicina: anticuerpos modificados

La síntesis de unos anticuerpos para luchar contra el coronavirus pone de manifiesto que la humanidad posee la tecnología para lograr grandes avances en el campo de la medicina y que, tal vez, está llegando el momento de un cambio de paradigma en el que se pase de la bioquímica a la biofísica, donde lo artificial y modificado nos ayude a mejorar nuestra existencia


Esta historia comienza a finales del siglo XVIII, un momento en el que la viruela causaba estragos entre la población humana. Sin un tratamiento o cura, el encargado de decidir entre la vida y la muerte era el sistema inmune, que a través de herramientas como los anticuerpos, era el único capaz de luchar con eficiencia contra este patógeno.

Normalmente, la carga viral y la virulencia de la viruela era muy alta, provocando que el huésped fuese incapaz de defenderse y, por lo tanto, morir. El cambio de paradigma llegó con Edward Jenner (1749-1823), que se dio cuenta de que, si se exponía a sujetos a cepas del virus “más débiles”, estos podían conseguir la ansiada inmunidad.

Los anticuerpos son unas glucoproteínas que circulan por la sangre y que tienen como objetivo localizar y evitar la entrad de antígenos

Gracias a aquella observación, llegó la primera vacuna, y con ella uno de los mecanismos más eficaces para defendernos de los distintos antígenos que nos rodean. Ahora, casi 300 años después de aquel suceso, la humanidad busca en este método el escudo que nos proteja y salve de la pandemia de SARS-CoV-2.

“Una vacuna consiste en la transformación de un material biológico, que es el propio virus en este caso, con el fin de elaborar  un producto beneficioso para nosotros”, explica a El Ágora Carlos Rodríguez Jiménez, endocrinólogo y discípulo de Gregorio Marañón.

Sin embargo, ¿cómo es posible que en todo este tiempo el proceso de creación de una vacuna no haya avanzado del mismo modo que a la velocidad que lo ha hecho la medicina? Sí que es cierto que las nuevas tecnologías han permitido crear nuevas y más eficaces vacunas, pero, en esencia, el proceso es el mismo: la transformación de algo biológico nocivo en algo beneficioso a través de una importante inversión de tiempo.

Tal es así que, a pesar de los esfuerzos de la ciencia mundial por encontrar una vacuna, muchos expertos advierten que esta no podrá ser operativa hasta finales de este año, siendo optimistas.

Las fases de desarrollo son, en gran medida, las artífices de importante inversión de tiempo. En la primera de ellas, los científicos tienen que realizar todo tipo de pruebas en los laboratorios para poder dar con un posible candidato. En la segunda, la supuesta vacuna se debe probar en animales y observar en ellos los posibles efectos secundarios a medio y largo plazo. Una vez superado estos filtros, se testean en voluntarios humanos para registrar cualquier tipo de daño. Si todo resulta fructuoso, se obtiene una vacuna.

Los antivirales son un tipo de fármaco usado para el tratamiento de infecciones víricas

Mientras este proceso se completa, los humanos podemos recurrir al desarrollo de dos herramientas para defendernos: los antivirales y los anticuerpos.

Poniendo el foco en estos últimos, hay que destacar que estos se pueden obtener, sobre todo, de los pacientes que han pasado de forma satisfactoria un virus. No obstante, existe otro proceso por el que se pueden adquirir y que, para Carlos Rodríguez , es tal vez la prueba de un próximo avance en medicina.

A pesar de presentarse como las perfectas armas del sistema inmunológico, la ferocidad con la que atacan los anticuerpos a los antígenos, en ocasiones, puede llegar a ser tan agresiva que puede causar daños en los tejidos sanos. De hecho, este es un fenómeno que está ocurriendo en los pacientes con coronavirus.

Por ello, la ciencia lleva investigando desde hace unos años la posible creación de anticuerpos “modificados”, capaces de localizar al virus y eliminarlo del cuerpo con una eficiencia “asombrosa” y sin necesidad de causar ningún tipo de daño en el huésped.

Los más eficientes son conocidos como aptámeros, que han probado en años anteriores en otro tipo de contextos, por ejemplo, para eliminar ciertos tipos de cánceres, aunque también existe la posibilidad de crear nuevos en base a otros con el fin de adquirir esa efectividad. Esto último es lo que han hecho un grupo de científicos de la Univeridad de Kitasato para detener la expansión del coronavirus en un futuro.

Los aptámeros son ácidos nucleicos de cadena sencilla que reconocen una gran variedad de moléculas. Su estructura tridimensional les permiten unirse con gran afinidad y especificidad a las moléculas diana, en este caso, el virus

Según explican en un comunicado de prensa, se trata de unos productos sintéticos basados en anticuerpos VHH. Estos anticuerpos, que fueron descubiertos originalmente en los camélidos, un grupo que incluye a los camellos y las llamas, tiene la cualidad de ser una décima parte de un anticuerpo convencional. Además, son muy estables y pueden ser producidos por otros microorganismos y por un bajo coste.

“Mediante un proceso de síntesis han creado un anticuerpo que no solo elimina al virus, sino que, como una escoba, limpia los efectos infecciosos que haya producido. Lo que han hecho ha sido estudiar las características de ataque del virus y, con los datos, han creado una especie de corchete con gran afinidad al virus, que lo anula”, detalla explica Carlos Rodríguez .

Para él se trata de una revolución ya que, aunque los antivirales son otra herramienta distinta, en esencia, este anticuerpo está realizando su función: “es un antiviral porque, en fondo, actúa como tal, pero a través de un mecanismo antígeno anticuerpo”.

No obstante, destaca que se trata de un simple experimento y que, en estos momentos, se deben realizar más pruebas, y superar las distintas fases, para poder hablar realmente de una revolución de éxito.

De hecho, es posible que estos anticuerpos, por su propia naturaleza, no permanezcan en nuestro cuerpo durante un largo periodo de tiempo, lo que podría de manifiesto la necesidad de crear una vacuna. No obstante, bien empleado, podrían ser de gran ayuda para crear “un efecto rebaño” que acabe con el virus.

“A medida que la inmunidad avance, el virus tendrá menos espacio de actuación y, aunque haya personas que no estén protegidas, al final el virus no las podrá atacar y desaparecerá por la protección del grupo”.

La alimentación y la actividad física

La lucha contra el virus no solo se realiza a través de nuestro sistema inmunológico. Nosotros somos, en parte, responsable de la efectividad de esa herramienta.

“Nuestro ritmo de vida y nuestros hábitos son proveedores de la materia prima de nuestras defensas. Un déficit de alimentación o una baja actividad pueden influir notablemente en la manera en la que nuestro cuerpo se defiende”.

En este sentido, el experto recomienda llevar, sobre todo, una dieta variada en la que se combinen frutas, verduras y carnes de alta calidad. Además, anima también a realizar constante ejercicio físico, “el suficiente para mantenernos activos, no hace falta que tenga una carga alta”, detalla

Un nuevo futuro

Que un grupo de científicos haya modificado unos anticuerpos es una cosa y que se logre encontrar una vacuna es otra. Lo primero es temporal y lo segundo, “eterno”. “Tampoco debemos olvidar que una vacuna es biológica”, aclara Carlos Rodríguez .

No obstante, que exista la capacidad de crear anticuerpos “a la carta” hace pensar al experto en la posibilidad de un nuevo cambio de paradigma y que, algún día, nuevos cambios puedan llegar a la producción de vacunas que, incluso, se puedan fabricar a través de elementos sintéticos.

“La vacuna es algo antiguo y arcaico, que requiere de un complicado proceso, que además es lento, para poder producirse. El camino que se ha seguido con los anticuerpos, que no tiene que ver nada con la vacuna, nos enseña que es posible que se pueda llegar un día a crear una vacuna sin necesidad de depender del virus, es decir, artificialmente”

Al fin y al cabo, el objetivo de la medicina es mejorar la salud y la calidad de vida de las personas. Ahora, aunque ahora estemos estancados en la bioquímica, el futuro “pasará por la biofísica, donde lo artificial nos ayude a mejorar nuestra existencia. Un futuro donde se empiece de las células al átomo”

“Aún estamos estudiando los efectos que puede tener la energía electromagnética en nuestros cuerpos y, aunque el avance de los anticuerpos no es tan complejo, “se pone de manifiesto que necesitamos un cambio y que ha llegado el momento de arrancar esa revolución”.

Tal vez en 300 años nada haya cambiado sustancialmente, pero es posible que nuestra curiosidad y ansias por el avance, y esta pandemia, nos conduzcan ahora hacia un futuro mejor.



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