Estados Unidos y China, el conflicto decisivo del siglo XXI

Estados Unidos y China, el conflicto decisivo del siglo XXI

Estados Unidos y China, el conflicto decisivo del siglo XXI

EEUU y China continúan hundiéndose en el pozo de la confrontación, en una especie de Guerra Fría que, de calentarse, se saldaría a un precio nunca visto en nuestra historia. La última piedra puesta sobre el camino de la paz es la amenaza del cierre de TikTok en EEUU, que acusa a China de utilizar esta red social como un canal de espionaje


Argemino Barro | Corresponsal en EEUU
Nueva York | 6 agosto, 2020


La rivalidad era inevitable, como la noche después del día, o como la llegada del invierno. Estados Unidos y China han eliminado los últimos eufemismos que los disfrazaban de socios: se han convertido en adversarios de pleno derecho, enredados en un conflicto multifacético que no deja de expandirse y que tiene en la tecnología uno de sus frentes principales.

El último capitulo de esta escalada es la intención del presidente de EEUU, Donald Trump, de prohibir la red social china de vídeos cortos, TikTok. Una aplicación que se ha descargado 165 millones de veces en Estados Unidos y que resulta sospechosa, a ojos del Gobierno, de ser un vehículo del espionaje chino.

La idea, sin embargo, no ha gustado a algunos de los colaboradores de Trump, que le han presentado una alternativa: que Microsoft compre TikTok, propiedad de la china ByteDance. Trump les ha dado a las dos corporaciones hasta el 15 de septiembre para completar el acuerdo. Si no, TikTok, extremadamente popular entre los adolescentes norteamericanos, “echará el cierre en EEUU”.

El choque respecto a TikTok es solo una repetición de las tensiones con Grindr, una aplicación de citas entre homosexuales que también era de propiedad china, hasta que fue vendida; y sobre todo con ZTE y Huawei. Estos dos conglomerados de telecomunicaciones, decisivamente apoyados por el estado chino, han ido siendo aislados en varios países gracias a la presión de Washington. Pese a que la tecnología 5G de Huawei es más barata y está más avanzada que la de la competencia, Reino Unido y Australia han rechazado sus servicios. Ahora Beijing estudia contraatacar prohibiendo la exportación de los productos de Nokia y Ericsson fabricados en China.

Al mismo tiempo, Estados Unidos ha condenado por primera vez la política expansionista de Beijing en el Mar de la China Meridional, en línea con la sentencia del Tribunal de La Haya en 2016. El gesto ha sido interpretado como un guiño a los otros países implicados en este conflicto territorial, sobre todo Vietnam. Por si hubiera dudas, Washington envió dos portaaviones a estas aguas a principios de julio, “en apoyo”, según la Marina americana, “de un Indo-Pacífico libre y abierto”.

Donald Trump se mantiene tajante en su postura contra China | Foto: Joseph Sohm

Así es como paso a paso, con fichas que van cayendo una tras otra, se cumplen las predicciones más obvias de las últimas décadas: una nueva “trampa de Tucídides”, según la expresión acuñada por Graham Allison, historiador y profesor de la Universidad de Harvard.

Allison se refiere a la tendencia, desde tiempos inmemoriales, a tener dos potencias encaradas por la supremacía del mundo conocido. Una que asciende y otra que trata de mantener su posición. El choque original, o al menos el primero que fue bien documentado, fue el que enfrentó a Atenas y Esparta por el dominio de la Grecia clásica. La península helena no era lo suficientemente grande para las dos, como tampoco lo era la cuenca mediterránea para Roma y Cartago, o el Atlántico para Francia y Gran Bretaña, o el mundo para Estados Unidos y la Unión Soviética. Según Allison, la humanidad ha conocido 16 conflictos de este tipo en los últimos 500 años, 12 de ellos acabaron en guerra.

“El desafío geoestratégico preeminente de esta época no son los extremistas islámicos violentos o un resurgimiento de Rusia”, escribe Allison. “Es el impacto que el ascenso de China tendrá en un orden internacional liderado por Estados Unidos, que ha procurado una paz y prosperidad de gran poder sin precedentes durante los últimos 70 años”.

Estados Unidos, como la Gran Bretaña del siglo XIX, no está en declive. Al contrario: sigue en relativa buena forma económica y militar (si nos olvidamos por un momento del bache global de la pandemia de coronavirus). Pero los países emergentes llevan treinta años creciendo más rápido, y el peso global relativo de Estados Unidos continúa disminuyendo, como indican las cifras de PIB. En 1960, el PIB norteamericano representaba el 40% de la riqueza global. En 2014 había bajado a la mitad, el 20%, y en la actualidad está más cerca del 15%.

“Estados Unidos no está en declive, pero los países emergentes llevan 30 años creciendo más rápido”

Lo mismo sucede con el gasto militar. El Pentágono sigue siendo el ministerio más poderoso del mundo, con un presupuesto que, en el año fiscal de 2020, superaba los 700.000 millones de dólares: un 70% más que hace veinte años. En el mismo periodo de tiempo, el gasto en defensa chino se ha multiplicado por ocho, hasta los 177.000 millones de dólares.

China es, desde hace casi una década, la primera potencia manufacturera y exportadora del mundo, la que más ahorra, la que más energía consume, la que más contamina, la que tiene más reservas de divisas y más usuarios de Internet, o la que más inversión extranjera atrae, entre otros muchos récords. Una serie de ventajas, contando la asertividad china en el mundo y sus ambiciosos proyectos de infraestructuras en las naciones emergentes, que no dejan de crecer, y que han llevado a la administración Trump a emprender en 2018 una agresiva escalada arancelaria. Una presión destinada a enfriar la expansión china y a obligar a Beijing a corregir algunas de sus prácticas comerciales.

Las tensiones se saldaron en enero de este año con una frágil tregua: un acuerdo de fase 1 por el que China se comprometía a comprar un mínimo de productos agrícolas americanos, a cambio de una rebaja en los aranceles. El acuerdo, técnicamente, sigue en pie, pero la pandemia de coronavirus, originada en China, ha deteriorado las relaciones bilaterales hasta los niveles más bajos desde comienzos de la Guerra Fría. Trump ha anunciado que no habrá un acuerdo de fase 2.

Las tensiones entre las élites también se reflejan en la calle, entre el pueblo. En 2011, solo un 36% de los estadounidenses tenían una visión desfavorable de China. El pasado abril la proporción había subido a máximos del 66%. Una animadversión que se da tanto en votantes demócratas como en republicanos. De ahí que, tanto Donald Trump como Joe Biden, candidatos a la presidencia este noviembre, compitan por aparentar la mayor dureza contra China y se acusen mutuamente de debilidad.

Ahora la retórica está al nivel de Guerra Fría. El secretario de Estado norteamericano, Mike Pompeo, dio en julio el discurso más duro que se recuerda contra China. El diplomático acusó a Beijing de haberse aprovechado de las oportunidades que le ha ofrecido Occidente en los últimos cincuenta años, de haber mordido “las manos internacionales que le daban de comer”. Pompeo, que repasó las violaciones de derechos humanos en China, por ejemplo contra la minoría uigur, solicitó la ayuda de los aliados y pintó la lucha en términos de supervivencia cultural. “Si hincamos ahora la rodilla”, declaró, “los hijos de nuestros hijos estarán a merced del Partido Comunista de China”.

La llamada de Pompeo a los aliados ha sido criticada por analistas como Thomas Wright, del think tank Brookings Institute, ya que la Casa Blanca de Trump se habría esforzado en ofender y distanciar a esos mismos aliados. Pompeo “dice que EEUU organizará al mundo libre, mientras aliena y perjudica al mundo libre; reivindica la democracia, mientras ayuda y permite su destrucción en casa; y elogia al pueblo chino, mientras generaliza sobre las malas intenciones de los estudiantes chinos que quieren venir a América”, escribe Wright.

“Nuestro gran desafío como mundo intrínsecamente globalizado es evitar la trampa de Túcidides”

El gran desafío, la “trampa de Túcidides”, consiste en evitar una futura guerra entre estos dos colosos. Varios analistas enfrían las perspectivas; recuerdan que el mundo es un lugar mucho más interconectado y sofisticado, con relaciones sociales y económicas a muchos niveles. Una matriz de intereses cruzados que dificultará la creación de dos bloques antagónicos, y que eleva el precio de una contienda a niveles impracticables.

Como adelantó el historiador Ian Morris en su libro Guerra, ¿para qué sirve?, publicado en 2011, las próximas tres décadas serán la más peligrosas de la historia. Las décadas en las que se tendrá que diseñar, por volver a la terminología de la segunda mitad del siglo XX, una nueva “coexistencia pacífica”.



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