Las redes sociales se inclinan por censurar a Trump. Excepto Facebook

Las redes sociales se inclinan por censurar a Donald Trump. Excepto Facebook

Es conocido el uso masivo que hace de las redes sociales el presidente de EEUU, Donald Trump, con mensajes distorsionados o populistas. Hace un mes Twitter dio un primer paso para ponerles sordina al advertir a los usuarios que uno de sus tuits incluía ideas que exaltaban la violencia. Esto ha abierto una reacción en cadena de otras redes sociales a la que, de momento, Facebook no se ha sumado


Las grandes redes sociales llevan años caminando sobre cáscaras de huevo, haciéndose muchas preguntas. A qué nos parecemos más, ¿a un foro público o a un medio de comunicación? ¿Somos responsables de lo que se publica en nuestras plataformas? Si es así, y tenemos que moderar el debate o limitar la desinformación, ¿hasta dónde alcanza nuestra tijera?

Caricatura de Donald Trump y su uso de las redes sociales como herramienta. | Ilustración: Doddis77

En este contexto, las grandes de Silicon Valley, uno de los lugares más progresistas de Estados Unidos, han tenido una relación tirante con las voces ultraconservadoras. Varias de las cuentas de la derecha más deslenguada, muchas veces radical y diseminadora de mentiras, han sido regularmente canceladas, pero las empresas nunca se han atrevido a tocar a la cuenta madre del nacional-populismo: la del presidente de EEUU, Donald Trump.

Hasta hace un mes. El pasado 29 de mayo, Twitter tapó uno de los tuits del presidente estadounidense con la advertencia de que su mensaje quebrantaba las reglas de la red social “sobre la glorificación de la violencia”. Incluso así, una vez leído el aviso, el usuario podía acceder a las palabras de Trump.

La compañía resolvió así uno de sus grandes dilemas: el equilibrio entre limitar la desinformación o las declaraciones que pueden incitar a la violencia, en las que suele incurrir el presidente, y el interés público de sus declaraciones. En el caso del tuit silenciado, Trump, en referencia a los disturbios en Mineápolis, había escrito: “Cuando los saqueos empiezan, los tiroteos empiezan”.


El arrojo de Twitter fue aplaudido por una parte de la opinión pública, y esto puso a la competidora, Facebook, bajo presión. Pero Facebook, aunque sí ha censurado contenidos violentos y cancelado algunas cuentas radicales, no dio su brazo a torcer respecto a Trump. “No creo que Facebook u otras plataformas debieran de ser los árbitros de la verdad”, dijo al canal CNBC el fundador y jefe de la red social, Mark Zuckerberg, poco después de la decisión de Twitter. “Creo que es una línea roja peligrosa. Creo que el discurso político es una de las partes más sensibles de la democracia. Y la gente debería poder oír qué dicen los políticos”.

La actitud de Facebook no pasó desapercibida. Desde principios de junio, varios grupos defensores de los derechos civiles, como la Liga Anti-Difamación y el NAACP, iniciaron una campaña de presión a los anunciantes para que dejasen de invertir en Facebook por su actitud más laxa respecto a la libertad de expresión. “Enviemos un mensaje a Facebook”, decía un anuncio de estos grupos en Los Angeles Times. “Vuestros beneficios nunca justificarán la promoción del odio, el fanatismo, el racismo, el antisemitismo y la violencia”.

Algunos empleados de la red social también hicieron fuerza. “Trabajo en Facebook y no estoy orgulloso de la imagen que estamos dando”, dijo, en Twitter, Jason Toff. “La mayoría de los compañeros de trabajo con los que he hablado se sienten igual. Estamos haciendo que se escuche nuestra voz”. El jefe de diseño de las pantallas de Facebook, Andrew Crow, añadió: “Censurar la información que puede ayudar a la gente a ver el cuadro completo está mal. Pero dar una plataforma a la incitación a la violencia y a la propagación de desinformación es inaceptable”.

La presión surtió efecto. Casi 250 compañías se han sumado a la iniciativa #StopHateForProfit (“parar el odio lucrativo”), entre ellas las gigantes Ford, Pepsi y Microsoft. El objetivo es no colgar anuncios en las plataformas de Facebook durante 30 días. La cadena de restaurantes Denny’s ha comunicado que, desde este miércoles, no pondrá publicidad en la red social. La fabricante de productos químicos Clorox hará lo propio, al menos hasta diciembre.

Según The Wall Street Journal, no está claro hasta qué punto estas cancelaciones dañarán las cuentas de Facebook, una plataforma en la que se anuncian ocho millones de entidades.

La reacción de Reddit y Twitch

Otras redes sociales, como Reddit o Twitch, propiedad de Amazon, han visto el caso de Facebook y han tratado de curarse en salud. Reddit ha cerrado una plataforma llamada The_Donald, donde se reunían los admiradores del presidente, y de donde el propio Trump extraía algunos de los memes que luego difundía en Twitter. En el caso de Twitch, la empresa ha suspendido algunos de los canales usados por Trump y sus seguidores, alegando que violan las reglas de contenido de la plataforma.

YouTube ha dado pasos en la misma dirección. Esta semana ha cancelado las cuentas de varios extremistas, como los racistas David Duke, antiguo líder del Ku Klux Klan, y Richard Spencer, autodeclarado “nacionalista blanco”, entre otros.

Rodeada de críticas, Facebook ha anunciado varias iniciativas para impulsar el registro de votantes, así como su participación en las elecciones presidenciales de noviembre. Su objetivo es hacer que, en este país con una participación electoral relativamente baja (del 56% en 2016, por detrás de casi todas las naciones de la OCDE), cuatro millones de norteamericanos más acudan a las urnas. Acciones que no parecen haber contentado a sus detractores.

La escalada entre los ultraconservadores y las redes sociales no ha terminado. El día antes de que Twitter silenciase el mensaje de Trump, y poco después de que la red social advirtiese sobre la inexactitud de algunos de sus comentarios, el presidente trató de cambiar, por decreto, una ley de 1996 que protege legalmente a las páginas web por el contenido que aparece en ellas. En otras palabras, quería abrir la puerta a que se pueda denunciar a Twitter o a Facebook por aquello que los usuarios cuelgan en sus plataformas.

La respuesta de Donald Trump

“Un pequeño puñado de monopolios en redes sociales controla una vasta porción de todas las comunicaciones públicas y privadas en Estados Unidos”, declaró el presidente Trump. “Han tenido un poder sin límites para censurar, restringir, editar, dar forma, esconder o alterar virtualmente cualquier forma de comunicación entre ciudadanos privados y grandes audiencias públicas”.

La cuenta oficial de Twitter de Donald Trump. | Foto: Chrisdorney

El decreto, que tendría que abrirse camino en el Congreso y en los tribunales, es más bien una muestra pública de hostilidad en esta larga lucha.

El hecho de que Twitter finalmente moviera pieza contra Donald Trump, coloca al presidente en el mismo territorio de otros líderes que también han sido censurados. El pasado marzo, la compañía del colibrí borró mensajes de los presidentes de Brasil y Venezuela por haber diseminado mentiras sobre el tratamiento del Covid-19.

Donald Trump y sus aliados llevan años acusando a las redes sociales de dar más viibilidad el contenido progresista y limitar el conservador. En 2016 este ya fue uno de los principales campos de batalla políticos; en 2020, otro año electoral con una parte de la opinión pública enfurecida con el presidente, en medio de una pandemia y de una ola de protestas raciales, esta batalla puede intensificarse aún más.



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