Manhattanhenge y las danzas nativas: el solsticio en EEUU

Manhattanhenge y las danzas nativas: el solsticio en EEUU

Los neoyorquinos celebran el solsticio de verano viendo el atardecer en el medio de Manhattan, y es que los arquitectos de la Gran Manzana diseñaron la ciudad de tal forma que, entre mayo y junio, se puede ver la luz anaranjada del atardacer bañar el río Hudson


No tenemos dólmenes, pero sí rascacielos y bloques de oficinas. En lugar de druidas, por las calles circulan predicadores, gurús de la autoayuda, pitonisas, psiquiatras y asesores financieros. La vida urbana también requiere su purificación, una ceremonia en la que renovar las energías como si todos nosotros fuéramos una tierra cansada, necesitada de barbecho. La fecha, desde hace miles de años y en las culturas más dispares, es el 20 de junio.

Los neoyorquinos celebran el solsticio de verano viendo el atardecer en el medio de Manhattan. Los arquitectos de la Gran Manzana, como los arquitectos prehistóricos de Stonehenge, diseñaron la ciudad para que, en esta época del año, se pudiera ver el disco solar descender limpiamente sobre el río Hudson. Desde finales de mayo a mediados de julio, los rayos anaranjados bañan avenidas enteras como si fueran el dios Horus tratando de imponerse a la gran ciudad. El astrofísico y divulgador Neil deGrasse Tyson llamó a este fenómeno Manhattanhenge, en clara referencia a los megalitos de Inglaterra.

El punto habitual para la celebración es Times Square, donde cada año se juntan cientos de personas a hacer yoga frente al sol, sudando la licra sobre sus esterillas. Este sábado, sin embargo, la clase masiva de yoga tendrá lugar en el ciberespacio: al otro lado de la fría pantalla del ordenador o del teléfono móvil. Nueva York, epicentro de la pandemia, aún sigue en la fase 1 del desconfinamiento.

Tampoco podrán juntarse físicamente los aficionados al rito solar en Alaska. En ningún otro lugar de Estados Unidos se puede observar el solsticio como aquí, en su plena majestuosidad. La posición de Alaska hace que el péndulo de la luz oscile más ampliamente que en el resto del continente americano.

Puesta de sol en Fairbanks, Alaska, donde el sol brilla durante 22 horas en el solsticio de verano. | Foto: Pung

Cada año, desde 1983, unas 30.000 personas acuden al Midnight Sun Festival de Fairbanks. Su proximidad al Círculo Polar Ártico hará que la luz del día, este sábado, dure más de 22 horas. La tierra gira pero su cara norte se expone al sol en toda su plenitud, y los habitantes de Fairbanks lo suelen celebrar con un partido de béisbol y un animado festival. Pero no en esta ocasión.

“Creemos haber hecho lo correcto al no celebrar el evento, y al no tratar de posponerlo y celebrarlo en cualquier otra forma que no sería reconocible”, dijo al canal de televisión local David Van den Berg, director ejecutivo de la Fairbanks Downtown Association. “El festival es el festival. Estamos a todas o a ninguna. Y hemos decidido que este año, en este momento, necesitamos estar a ninguna”.

El Midsummer, o las celebraciones que rodean el solsticio de verano en el norte de Europa, también ha protagonizado las pesadillas de los estadounidenses.

En la película Midsommar, de 2019, un estudiante sueco de intercambio invita a sus amigos americanos a presenciar los ritos de su pueblo durante el solsticio. Los amables nórdicos, que visten de blanco y hablan un inglés excelente, practican en sus carnes la renovación de la naturaleza. Cuando cumplen cierta edad, se arrojan de cabeza desde una montaña y ceden sus cadáveres para enriquecer la tierra, entre otros rituales paganos.

Los pueblos nórdicos han traído el Midsommar a EEUU. En la foto, un grupo de finladenses celebra el solsticio en Florida.

La cinta, si quitamos el salvajismo, no está del todo desencaminada. El Instituto Sueco Americano, en Mineápolis, eleva un poste y celebra la misma danza tradicional que vemos en la película, la llamada Sma grodorna. La gente viste de blanco y se pone guirnaldas de flores. Hay bebida, comida, tiendas, conciertos y clases de cultura sueca. Este fin de semana, sin embargo,se cantarán las canciones a través de Zoom.

Celebraciones parecidas se darán en Seattle, Santa Barbara o la Universidad de Harvard. Cada grupo demográfico o social ve en el solsticio su propia versión del ciclo de la vida. La Capilla de los Espejos Sagrados, una iglesia dedicada a la obra y la visión del artista Alex Grey, acogerá un debate sobre el significado del solsticio de verano en varias culturas del mundo. La iglesia, fundada hace un cuarto de siglo en Wappingers Falls, junto al río Hudson, expone 21 cuadros con varias capas de pintura luminiscente. Según su creador, un señor de pelo largo y gris practicante del budismo esotérico, se trata de creaciones “visionarias y espirituales” que representan los distintos niveles del “yo”.

La Noche de San Juan también está presente entre los cristianos de Estados Unidos. El evangelio de Lucas dice que San Juan Bautista nació seis meses antes que Jesucristo: uno en el solsticio de invierno y otro en el de verano. Una casualidad, o una de las muchas maneras que tuvo el cristianismo de suplantar las festividades paganas de la cosecha. Saint John’s Eve no tiene aquí el mismo arraigo que en España y en otros países europeos.

Con una excepción. La suma sacerdotisa del vudú, Marie Laveau, en la década de 1830, comenzó a dar fiestas junto al Lago Ponchartrain, en Luisiana. Los fieles se reunían en una especie de “mezcla entre resurgimiento gospel y festival de jazz”, en palabras de Nicholas Wooten, periodista de The Times-Picayune. El vudú había llegado de Haití junto con los esclavos. Laveau, una poderosa mestiza, utilizó su influencia para hacerlo público y darle el gusto a los curiosos. Uno de los ritos característicos era el lavado de las cabezas, reminiscente de los bautizos originales en el río Jordán. A día de hoy los fieles honran tanto a Marie Laveau como a San Juan Bautista: el 23 de junio se visten de blanco, encienden velas, beben y bailan y se lavan las cabezas.

Antes de que los neoyorquinos, los suecos, los hippies y los vuduistas celebrasen sus versiones del solsticio, y sin conexión alguna con las tradiciones del Viejo Mundo, las diversas tribus nativas americanas habían emplazado sus ruedas medicinales por el interior de Norteamérica. Estos dispositivos, de hasta 24 metros de diámetro, como la rueda colocada en lo alto de la montaña Big Horn de Wyoming, están perfectamente alineadas con el amanecer y el atardecer del solsticio. El de Wyoming, dadas las nieves que alfombran las cumbres, solo es accesible en verano.

El solsticio nativo se suele llamar Sun Dance, o danza del sol, y era practicado por decenas de las diferentes tribus. Los jóvenes guerreros Sioux, por ejemplo, saludaban al sol, considerado el Gran Espíritu, con cuatro días de cantos, danzas, rezos, hogueras, ayunas y fumadas de la pipa ceremonial. Los poblados juntaban madera y plantas medicinales en señal de ofrenda. Pero la verdadera ofrenda era la que hacían los jóvenes, que bailaban y bailaban como prueba de vigor y resistencia y hasta se perforaban la piel, atándose a los árboles, bajo la dirección de un chamán, como prueba de purificación, renacimiento y respeto al Gran Espíritu.

El solsticio nativo se suele llamar Sun Dance, o danza del sol, y era practicado por decenas de tribus.

Las prácticas nativas no casaban con la moral de los colonialistas, y en 1904 los nuevos y armados habitantes del continente prohibieron el Sun Dance, al considerarlo una forma de autolesión. Tres cuartos de siglo después, el presidente Jimmy Carter, como recuerda el portal Interexchange, firmó una ley de libertad religiosa que permitiría a las tribus nativas practicar en paz sus tradiciones. Una serie de costumbres que a día de hoy se conservan, sobre todo, en versión ligera y divulgativa. Y se conservan con celo.

En 1993 la tribu Lakotah celebró una cumbre con 500 representantes del continente. Hartos de que sus rituales fueran mofados o imitados por “charlatanes y líderes de sectas”, los nativos decidieron que nadie de fuera de su tribu tendría derecho a asistir a los Siete Ritos Sagrados, entre ellos la danza del sol.

Cada uno de estos grupos celebrará hoy su exégesis del solsticio. Verán bajar el disco solar, naranja en el cielo, beberán su luz, lo saludarán, muchos desde el otro lado de una pantalla, y el planeta seguirá girando, si 2020 lo permite, un año más.



Se adhiere a los criterios de transparencia de

Archivado en:
Otras noticias destacadas

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información. ACEPTAR

Aviso de cookies