Del miedo al odio - EL ÁGORA DIARIO

Del miedo al odio

Los problemas sacan lo peor y lo mejor del ser humano. Pero cuando en una situación como la crisis sanitaria que estamos viviendo hay algunos que se dedican a vilipendiar a quienes están luchando en primera línea contra el coronavirus, no hallamos explicación ante estos actos despreciables. Afortunadamente son muy pocos, pero sí los suficientes como para hacernos reflexionar sobre la falta de educación cívica y de compasión en nuestra sociedad


Una vez señalaba que para ser un país que ha presumido su espíritu de solidaridad, ampliamente demostrado en los sismos que nos han afectado en forma importante y durante los cuales la población civil rebasó en ocasiones a las autoridades en su actuación humanitaria de rescate a los afectados, hoy el miedo ha transformado esa solidaridad tan espontánea, en acciones inexplicables de crueldad y estulticia que, afortunadamente, no se han generalizado pero que sí han aumentado hasta generar respuesta de grupos de ONGs que se pronuncian en favor del personal de salud en el país.

Mientras en la mayoría de los países, la población brinda muestras de agradecimiento a doctores, enfermeras, camilleros, personal de limpia y en general a todos los trabajadores de salud, en México se han hecho notorias reacciones, que no puedo explicarme más que por miedo, de agresión a quienes deberíamos agradecer su trabajo y vocación.

Los reportes –hechos a través de llamadas, correo electrónico y páginas web– señalan que los incidentes más recurrentes fueron prohibir el uso de transporte, así como agresiones físicas y verbales, detalló el Conapred en un comunicado.

El caso más reciente ocurrió en la Ciudad de México, en una clínica del IMSS en Azcapotzalco, donde familiares de una persona que falleció por coronavirus agredieron a médicos que les impedían acercarse al paciente para evitar contagios.

La secretaria de Gobierno capitalina, Rosa Icela Rodríguez, informó que se reforzará la seguridad en los hospitales en los que se atiende a pacientes de COVID-19, con el objetivo de proteger al personal médico y de enfermería.

En Villa Alta, donde se decretó un toque de queda como medida ante el COVID-19, según los reportes de la prensa local, 10 médicos y enfermeras fueron retenidos por la fuerza por instrucciones del alcalde, Claudio Pacheco. Además, señalaron que los habitantes de la comunidad los discriminan, pues creen que están contagiados. Incluso, dijeron, les niegan la venta de insumos básicos y a una doctora hasta la desalojaron de la habitación que rentaba.

En las últimas semanas el hospital civil de Guadalajara, en el occidente mexicano, pidió a sus enfermeras que no usaran uniforme porque algunas unidades de transporte público se negaban a llevarlas, mientras otros servidores de la salud han reportado agresiones físicas en el sur de México y, en el norte del país, desconocidos lanzaron material inflamable en la puerta de un nuevo hospital.

Edith Mujica Chávez, presidenta de la Comisión Interinstitucional de Enfermeras del Estado de Jalisco, denunció agresiones físicas y verbales a las trabajadoras que inclusive han sido rociadas con agua con cloro por temor al contagio. La Comisión envió una carta al gobernador del estado de Jalisco, Enrique Alfaro, en la que le pidió ayuda y que condene las agresiones.

“Mientras esperaba mi transporte, dos sujetos en moto me tiraron un huevo en el uniforme. Pensé que esta clase de cosas no pasaban en nuestra ciudad, me sentí impotente al no poder hacer nada mientras ellos se retiraban a carcajadas”, escribió el enfermero Rafael Ramírez en su cuenta de Facebook. “Somos nosotros los que en estos momentos estamos haciéndole frente a esta contingencia y me pregunto si es ésta la forma en la que nos alientan para seguir trabajando”. Ramírez trabaja en una clínica del Instituto Mexicano del Seguro Social en Mérida, Yucatán, en el sur del país.

“Estos casos muestran una falta de educación cívica, falta de verdadera compasión, en un grado notable que debería hacernos reflexionar”

A fines del mes pasado un grupo de pobladores de Axochiapan, en el estado de Morelos, al sur de la capital, amenazaron con quemar el hospital Ángel Ventura Neri si recibía a pacientes con coronavirus.

En Sabinas Hidalgo, un municipio del estado de Nuevo León, en el norte, personas no identificadas incendiaron parte de un hospital en construcción que había sido cedido a la Secretaría de la Defensa para recibir pacientes con COVID-19.

Un caso de agresión ocurrió el viernes, cuando una enfermera de San Luis Potosí fue agredida cuando iba a una tienda de conveniencia, en donde la víctima sufrió la fractura de dos dedos de su mano derecha. En sus redes sociales, la enfermera reportó este caso y publicó algunas fotografías, en el que describe que después de ir a dejar a su hija, pasó a comprar un café antes de llegar a su trabajo, pero al momento de salir y llegar a su coche unos niños, como entre 10 y 12 años, le rociaron de jugo, refresco y café: “es COVID no te nos acerques”. Al momento que pasó esto, ella les respondió que no le faltaran al respeto, pero su madre se ofendió y le dio un golpe en su rostro, a continuación terminaron sobre el pavimento y finalmente se le fracturaron sus dos dedos, de la mano derecha.

Fotografía colgada en redes sociales por una enfermera agredida en San Luis de Potosí (México).

Otro ejemplo de agresión ocurrió el pasado 3 de abril, cuando una enfermera que labora en la Unidad de Medicina Familiar 55 del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) en Sinaloa reportó que fue víctima de un ataque por parte de un desconocido, quien le arrojó cloro cuando caminaba por la calle.

Y aparentemente no está siendo privativo de México. He leído de casos en Argentina y Colombia en donde se registran casos semejantes, pero mal de muchos, dice el dicho, no justifica nada.

Creo que el miedo que la pandemia ha generado, podría explicar una sobrerreacción y la personalización en el uniforme de salud, de la enfermedad. Pero suena a matar al mensajero, porque el mensaje nos aterroriza. Pero también muestra una falta de educación cívica, falta de verdadera compasión, en un grado notable, que debería hacernos reflexionar sobre la necesidad de una cultura humanitaria de la que todos deberían ser participantes, más allá venerar y santificar simplemente los casos extremos como los de Teresa de Calcuta, cuya semilla y ejemplo parece haberse perdido en algunos lugares.


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