¿Por qué están los americanos tan enfadados con las mascarillas? - EL ÁGORA DIARIO

¿Por qué están los americanos tan enfadados con las mascarillas?

El uso de la mascarilla se ha convertido en un auténtico campo de batalla en Estados Unidos, con un trasfondo ideológico claro: la mayoría de los progresistas la usan y la mayoría de los conservadores no. Algo que el virus no ha dudado en aprovechar ya que el 75% de los contagios, a día de hoy, se están dando en condados que votaron a Donald Trump en 2016. Nuestro corresponsal Argemino Barro, nos cuenta las claves de la relación de los estadounidenses con la mascarilla


Sucede todos los días. Algún pobre empleado de Walmart o de Best Buy, o de cualquier otra tienda o restaurante de Estados Unidos, le pide a un cliente que se ponga mascarilla tal y como dictan las normas. Al cliente no le hace gracia y estalla una disputa. Alguien saca el teléfono para grabarlo, o incluso una pistola. En el peor de los casos, el empleado de la tienda acaba muerto, como sucedió en este Familly Dollar de Michigan

“¿Por qué están los americanos tan enfadados con la mascarilla?”, se pregunta la BBC. El uso de un trozo de tela para limitar los contagios, como prueba, entre muchos otros, este estudio de la Academia Nacional de Ciencias de EEUU, se ha convertido en un virulento campo de batalla. Una cuestión capaz de activar los instintos guerreros de los ciudadanos.

La actitud de los estadounidenses, aparentemente, está muy relacionada con su ideología política. Según una encuesta de Gallup, la inmensa mayoría de los votantes demócratas, el 94%, dice usar mascarilla “siempre” o “muy a menudo”, frente a menos de la mitad (el 46%) de los republicanos. Un sondeo de Pew Research Center refleja también que los progresistas están mucho más preocupados por la pandemia que los conservadores.

Este paisaje encajaría mejor con el principio de la crisis, en marzo y abril, cuando el virus se ensañó con los territorios más demócratas del país. El SARS-CoV-2 desembarcó en las grandes ciudades costeras, más conectadas a Europa y a China: Seattle, San Francisco y Los Ángeles en la costa oeste, y Nueva York a la cabeza de varias ciudades de la costa atlántica.

El jugador de los New York Yankees Clint Frazier llevando una mascarilla en un entrenamiento el 17 de julio de 2020. | EFE/EPA/JASON SZENES

Desde mediados de junio, sin embargo, mientras la curva se aplanaba en casi todos estos lugares con medidas de confinamiento, el virus se propaga por esos otros estados cuyos gobiernos fueron más laxos, más favorables a preservar la actividad económica. Es como si el virus hubiera cambiado de “bando”. Un estudio de la agencia AP revela que el 75% de los contagios, a día de hoy, se están dando en condados que votaron a Donald Trump en 2016.

Quizás de fondo se agiten los matices libertarios del espíritu americano; su alergia de serie a la presencia del Gobierno, como testimonian el derecho a llevar armas o la falta de servicios públicos básicos como una sanidad decente. Llamar a la mascarilla “bozal fascista”, como se escucha en las manifestaciones anti-confinamiento, podría estar en línea con este punto de vista, prevalente en las conservadoras regiones rurales.

Un motivo más palpable sería la dieta mediática. Según el portal Axios, casi un tercio de los estadounidenses cree que los números de infecciones y mortandad del Covid-19 están siendo exagerados. Nuevamente, la proporción supera el 60% entre los votantes republicanos y las audiencias de Fox News. Lo mismo sucede entre las personas que reconocen no acudir a una fuente concreta de noticias. Proporciones que han ido creciendo sostenidamente desde marzo. De entre los espectadores de la CNN, en cambio, menos de un 10% piensa de esta manera.

Un camarero con mascarilla y gafas protectoras sirve agua a unos clientes en un restaurante de Pasadena, California. | EFE/EPA/ETIENNE LAURENT

El canal Fox ha llegado a ser denunciado por su cobertura inicial de la pandemia. El grupo sin ánimo de lucro Washington League for Increased Transparency and Ethics demandó a la televisión por considerar que dio pábulo a mentiras y falsedades sobre la crisis de manera “consciente y maliciosa”. Varios presentadores, como Sean Hannity, se refirieron al virus como un “bulo demócrata” para perjudicar al presidente, Donald Trump.

El comandante en jefe ha sido criticado por subestimar la pandemia y por dejar que los estados lucharan por separado, generando un desconcierto que habría permitido prosperar al virus. Donald Trump, a diferencia de otros líderes del país, evitó aparecer públicamente con una mascarilla hasta este mes, durante la visita a un hospital de Maryland. Esta semana, con las infecciones de coronavirus creciendo en 41 estados, Trump ha reivindicado el uso de la mascarilla en su cuenta de Twitter. “Mucha gente dice que es patriótico llevar una máscara facial cuando no puedes distanciarte socialmente”, tuiteó el presidente. “Y no hay nadie más patriota que yo, ¡vuestro presidente favorito!”.

 

Líderes negacionistas

La causa de los Covid contrarians, como se conoce a los críticos o negacionistas del virus o de las políticas para combatirlo, tiene cada vez más líderes.

Mike Windsor, exvendedor de anuncios por internet, encargado de un salón de bodas y actual reportero de una pequeña televisión local de Ohio, se ha convertido en una de las voces críticas más escuchadas. Su combatividad y presencia constante en las ruedas de prensa del gobernador del estado le han dado una plataforma, y el Partido Republicano local solicitó su testimonio para justificar una ley que minimizaría la forma de contar las muertes por el virus.

La repentina visibilidad de Windsor ha sorprendido a sus vecinos, dada la nula preparación científica o médica de este hombre de 44 años. “Es absurdo ver a científicos y profesionales médicos denigrados por un tipo cualquiera con el que fui al instituto y que no tiene credenciales ni cualificación”, dijo a The New York Times Melanie Ganim, conocida de Windsor.

Otro escéptico, de más alto perfil, es Alex Berenson, escritor y antiguo reportero del New York Times. El periodista fue autor de varias primicias económicas y financieras de principios de siglo, luego se convirtió en un novelista de relativo éxito y ahora guerrea en Twitter, y en Fox News, contra las políticas restrictivas, que considera una excusa del Gobierno para reforzar su poder. “Cerrar las escuelas, confinamientos, mascarillas… Todo es teatro. Un teatro imposiblemente caro, socialmente devastador”, escribió Berenson en su cuenta de Twitter.

Dado que el Gobierno federal ha evitado, por el momento, obligar a llevar mascarilla, son algunos estados quienes lo mandan: 24 en total. Dado que el resto no lo hace, son las ciudades, y si las ciudades tampoco implementan la medida, son los negocios quienes toman la iniciativa. La cadena minorista más grande de EEUU, Walmart, obliga a trabajadores y clientes a llevar mascarilla. Lowe’s, Aldi, Target, Gap y otra veintena de empresas comerciales han hecho lo propio.

Desde el 20 de julio la cadena Walmart ha impuesto a los compradores llevar mascarillas para acceder a sus establecimientos. | EFE/EPA/JIM LO SCALZO

Algunas, como Foot Locker o la sureña Wynn-Dixie, prefieren no obligar a usar mascarilla, dado que podría poner a sus empleados en peligro: no del virus, sino de los clientes que se sientan ofendidos y amenacen con represalias.

Mientras, el coronavirus sigue marcando el ritmo de la nación. Las infecciones han vuelto a batir un récord de 77.000 por día, según la contabilidad de la Universidad de John Hopkins, y el total se acerca a los cuatro millones. Los fallecimientos diarios, mucho más bajos que en marzo y abril, también aumentan hasta rondar los mil al día. Diversas estimaciones calculan que se alcanzarán los 180.000 fallecidos en octubre: el triple de americanos muertos que en la Guerra de Vietnam.


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