Una mirada al sindicalismo y los sindicatos mexicanos

Una mirada al sindicalismo y los sindicatos mexicanos

Una mirada al sindicalismo y los sindicatos mexicanos

Los sindicatos mexicanos enfrentan un desafío de adaptación importante, en un contexto donde no únicamente cuentan con un fuerte desprestigio ante la opinión pública, sino que la estructura económica global ha cambiado dando más peso al trabajo informal


Emiliano Rodríguez
México | 30 abril, 2020


Gustavo López Montiel, profesor investigador en la Licenciatura en Ciencia Política en el Tecnológico de Monterrey, Campus Ciudad de México y consultor asociado en el Centro de Estudios Políticos Internacionales, comenta que el sindicalismo mexicano es una de las herramientas que se desplegaron en el contexto corporativo bajo el que está diseñado el Estado, y que ha sido funcional para todos los actores políticos. Por ello, a pesar de los reclamos y críticas sobre la forma en que los sindicatos se han desarrollado, poco ha cambiado y es probable que no haya transformaciones sustanciales en el futuro inmediato.

Los sindicatos mexicanos enfrentan un desafío de adaptación importante, en un contexto donde no únicamente cuentan con un fuerte desprestigio ante la opinión pública, sino que la estructura económica global ha generado cambios en la forma en que las personas se emplean y obtienen bienestar por ello. La idea de la estabilidad y el empleo de largo plazo, parecen ser no únicamente aspiraciones de la vieja época, alimentadas por una norma laboral sin actualizarse, sino también irrealizables en el esquema de producción y competencia actual, donde el empleo eventual, por honorarios, o incluso informal, han sobrepasado ampliamente al del trabajo formal.

Los sindicatos en México se encuentran en un momento crítico y decisivo. Por un lado, han sido desplazados a un rol marginal como actores políticos y organizaciones sociales. Por otro, surgen en ellos sectores que exigen formas de relaciones laborales nuevas y progresistas y que parecen capaces de imprimirle una nueva orientación al sindicalismo.

El movimiento sindical mexicano es muy débil. No más del 11% de la población económicamente activa está organizada sindicalmente, lo que implica que en los últimos 25 años, los sindicatos han perdido a más de la mitad de sus afiliados. Las cifras del sector industrial son especialmente alarmantes: el porcentaje de trabajadores sindicalizados pasó de 22% en 1992 a no más del 11 %. En general, la influencia política de las organizaciones de trabajadores mexicanos es muy poca y su poder de negociación muy limitado. Según varias encuestas, alrededor de 70% de los ciudadanos no tiene confianza en los sindicatos: solo la policía y los partidos políticos muestran peores resultados.

Con poco menos de un millón de afiliados, la CTM sigue siendo la mayor federación sindical de México y la única que nuclea a trabajadores de todos los sectores. Durante los 90, la CTM todavía decía contar con cinco millones de afiliados. A pesar de que no existen cifras oficiales, actualmente la mayoría de los estudios menciona aproximadamente un millón de trabajadores. Según el Registro de Asociaciones de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, el número es todavía menor.

A pesar de la reducción de afiliados y del número de contratos colectivos pactados por sus sindicatos, la CTM sigue mostrándose renuente a sacudirse la herencia corporativista y no se atreve a ingresar en la era democrática. Aunque dentro de la CTM existen diversas voces, su dirigencia prácticamente no se ha renovado, ni estructural ni temáticamente. En la era post-PRI, la CTM mantiene su estrecha asociación con ese partido.

Doble identidad regional

La ubicación geográfica otorga a México, y a sus actores sociales, un papel particular en América, ya que es el único país con una doble identidad regional. Es, por un lado, un país norteamericano, asociado económicamente a EEUU y Canadá. Y, por otro lado, es por su idioma, cultura e historia, un país latinoamericano. La mayor parte de los mexicanos (72%) sigue sintiéndose más bien latinoamericana, aunque la mayoría se muestra convencida de que la frontera con EEUU tiene más ventajas que desventajas para su país. La opinión acerca del vecino del norte es más positiva en México que en cualquier otro país del continente.

Desde 1994, los gobiernos mexicanos han apostado al libre comercio y han convertido al país en el aliado más importante de EEUU en el continente. El TLCAN sólo marcó el inicio. Desde entonces, México ha negociado 12 tratados de libre comercio con más de 40 países, entre ellos Japón, Israel y la mayoría de los países centroamericanos, y con la Unión Europea. Esta estrategia económica explica que México sea también el país latinoamericano que recibe más inversión externa y el que cuenta con la mayor cantidad de filiales de empresas extranjeras en su territorio.

Pero hasta ahora la política de apertura progresiva a través de tratados comerciales no ha generado los resultados esperados. El objetivo de los múltiples tratados de libre comercio era, entre otras cosas, reducir la dependencia de México respecto de la economía estadounidense. Sin embargo, aproximadamente 85% de las exportaciones mexicanas se dirige a EEUU, no se crearon los puestos de trabajo deseados y se mantiene la tendencia a la precarización de las condiciones laborales. En ese sentido, es interesante observar que, en los últimos años, se ha incrementado el intercambio con un país con el cual México ni siquiera pactó un acuerdo comercial: China. En efecto, las importaciones chinas ocupan el segundo lugar del total de importaciones mexicanas.

La identidad latinoamericana de México tiene sus raíces en la historia, en el pasado colonial común, en la cultura y en el idioma. América Latina, sin embargo, representa un porcentaje mínimo (2,2%) del total de las exportaciones mexicanas, y los tratados de libre comercio con esta región tienen un carácter más bien simbólico. México no ha construido relaciones estratégicas políticamente sólidas con los países latinoamericanos, y los gobiernos del sur tampoco han mostrado mucho interés en que México refuerce su presencia en la región.

Muchos están convencidos de que México pertenece, política y económicamente, al Norte. Pero es una visión miope ya que, sobre todo en la política de desarrollo, social y del mercado de trabajo, existen demandas y problemas comunes.

El desafío de México pareciera consistir en lograr una mayor integración con el Norte, que no se limite a los mecanismos del mercado, y, al mismo tiempo, generar una mayor articulación y una agenda común con el Sur. En tanto actores políticos, los sindicatos mexicanos tienen un papel central en el diseño de esta estrategia. Ellos deberían tratar de introducir las cuestiones sociales y del mercado de trabajo en el debate acerca de la política exterior mexicana frente al Norte y elaborar una agenda de trabajo concreta con sus colegas canadienses y estadounidenses. Al mismo tiempo, los trabajadores mexicanos comparten los problemas y los retos de la globalización con sus pares del Sur.

Al igual que otros latinoamericanos, han sufrido los programas de ajuste estructural y las políticas de flexibilización, y hoy enfrentan el crecimiento del sector informal, la feminización del trabajo y el impacto de la liberalización del comercio. Los trabajadores mexicanos saben que los problemas de desarrollo no se pueden resolver con tratados de libre comercio.

Cuatro transformaciones

Vamos por el segundo año de la administración morenista comandada por el presidente López Obrador, y así como supuestamente por una Cuarta Transformación, pensando como las tres primeras la Independencia nacional, la guerra de Reforma y su consecuente separación de la Iglesia y el Estado y la Revolución Mexicana como tercera, siendo de ésta de la cual se desarrolla el sindicalismo mexicano.

Conviene recordar que dos conflictos laborales fueron semillas importantes de lo que unos pocos años después sería nuestra Revolución, y estos conflictos serían las huelgas de Cananea y Río Blanco en 1906 y 1907 respectivamente, por lo cual el resultado natural revolucionario sería una nueva Constitución Política que velaría por los intereses de todos los mexicanos, y la primera del mundo de carácter social, fueron los primeros pasos y conquistas de los trabajadores al plasmar en su artículo 123 los derechos de los trabajadores, entre los que destaca la libertad sindical.

En 1918 estrenando el ejercicio de la entonces nueva Constitución, nace la primera central de trabajadores que aglutinaría básicamente a los trabajadores y organizaciones que conformaban la histórica Casa del Obrero Mundial, pero ahora con carácter de Confederación de Trabajadores legalmente constituida, bajo el liderazgo de Luis Napoleón Morones, cien años después es otro Napoleón el que viene con la promesa de la reivindicación del sindicalismo nacional, proponiendo con esto no una cuarta sino una primera trasformación a la manera de hacer sindicalismo, y esto lo anuncia junto al nacimiento de la Confederación Internacional de Trabajadores.

Marcha sindical en México D.F. en noviembre de 2014.

Hemos vivido ya más de cien años de hacer sindicalismo con la misma fórmula, y como resultado tenemos un sindicalismo debilitado, con mala fama y con muy poca actividad en cuanto a su presencia en la auténtica negociación colectiva, un sindicalismo que se ha alejado en su mayoría de los trabajadores y ha creado fuertes vínculos con las cúpulas de poder político, dando origen al sindicalismo corporativo, por no llamarlo “charro”.

Basta con recordar que el primer líder de la CROM, Luis N. Morones, fue a su vez parte del gabinete de Plutarco Elías Calles, teniendo el cargo de Secretario de Industria y Trabajo, o que la Confederación de Trabajadores de México nace en 1936 a solicitud del presidente Lázaro Cárdenas  o la Confederación Revolucionaria Obrero Mexicana que nace en 1952, por el cansancio de la pasividad de las centrales obreras poco exigentes ante el estado, y poco tiempo después engrosa las filas del Partido Revolucionario Institucional.

En México hemos tenido una triste vida sindical, en su mayoría como vemos alejada de los trabajadores, que tiene como costumbre llenar sus discursos de llamamientos a la defensa de la “libertad sindical”, pero que sin embargo anula todos y cada uno de los elementos de la misma, como lo son la libre sindicación, que la Ley Federal del Trabajo anula con la cláusula de exclusión al exigirle a los trabajadores la afiliación a los sindicatos titulares de los contratos colectivos de trabajo como requisito previo para su contratación, lo cual también atenta contra el segundo elemento que es la pluralidad sindical, misma que no se hace efectiva por no tener el trabajador la libertad de agremiarse a un sindicato de entre varias alternativas, y por último el control de Estado que se ha ejercido sobre los sindicatos con la toma de nota que expiden las autoridades que si bien, es solo un registro de mero carácter declarativo, cobra carácter constitutivo al depender del mismo para poder ejercer derechos tan esenciales como el de huelga o el de contratación colectiva,  esenciales para un sindicato. Ahora, el gobierno del presidente de izquierda Andrés Manuel López Obrador ha prometido cambiar drásticamente este sistema.

Nueva Reforma Laboral

El 1º de mayo del año anterior, el Senado aprobó una nueva Reforma Laboral en México, que fue promulgada y publicada en el Diario Oficial de la Federación. Esta reforma incluye importantes cambios en la legislación laboral, siendo los más relevantes la libertad sindical, las garantías a los trabajadores del hogar y la creación del Centro Nacional de Conciliación.

La Reforma Laboral en México de 2019 ajustó la Ley Federal del Trabajo (LFT). La iniciativa base de la reforma se presentó el 23 de diciembre de 2018, siendo aprobada el 11 de abril de 2019 por la Cámara de Diputados y el 29 de abril por la Cámara de Senadores.

Esta Reforma Laboral surgió como parte de las obligaciones del país, luego de la firma del Tratado México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). En este sentido, era necesario realizar cambios en materia laboral y sindical para adaptarse a los términos de ese acuerdo.

Con esta nueva Reforma Laboral se modifica el artículo 3 que define al trabajo como “un derecho y un deber social. No es artículo de comercio, y exige respeto para las libertades y dignidad de quien lo presta”.

De igual forma, se clama por el reconocimiento a las diferencias entre hombres y mujeres para obtener su igualdad ante la ley; así como por la garantía de “condiciones que aseguren la vida digna y la salud para las y los trabajadores y sus familiares dependientes”.

Con este concepto como principio, se ajustaron diversos aspectos en la LFT:

  • Libertad de afiliación sindical: luego de la reforma laboral en México, los trabajadores tendrán derechos de libre afiliación y participación dentro de los sindicatos, federaciones o confederaciones. En este sentido, nadie podrá ser obligado a ser parte de ellas. De igual forma, se promueve la implementación de votaciones ajustadas a las reglas democráticas, así como de igualdad de género, por lo que la participación de los integrantes será personal, libre, directa y secreta.
  • Funcionamiento de sindicatos: el registro de un sindicato puede cancelarse si se confirma que sus dirigentes han cometido actos de extorsión contra sus patrones. Además, se establece que el período de duración de las directivas no puede ser indefinido. Por otro lado, las directivas tendrán la obligación de rendir cuentas de manera detallada.
  • Desaparición de las Juntas de Conciliación: serán sustituidas por tribunales laborales que dependerán del Poder Judicial para la resolución de conflictos entre patrón y empleado, pero se llegará ante tribunales sólo cuando se hayan agotado las instancias de conciliación.
  • Creación del Centro Nacional de Conciliación: de acuerdo a la reforma laboral en México de 2019, estas serán las primeras instancias en donde se buscará la resolución de conflictos entre trabajadores y empresas. Se estiman 32 centros de atención que iniciarán funciones en 2021. También tendrá entre sus actividades llevar el registro de contratos colectivos, legislaciones internas y otros documentos sindicales. Adicionalmente, se expedirá la Ley Orgánica del Centro Federal de Conciliación y Registro Laboral.
  • Garantías a los trabajadores del hogar: el patrón debe cooperar para la instrucción de sus trabajadores y darles de alta en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), así como pagar cuotas u otras obligaciones. Igualmente, la reforma laboral en México también garantiza que tendrán derecho a día y medio de descanso semanal, preferiblemente sábado y domingo.
  • Trabajadores del campo: la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos (CONASAMI) será la encargada de fijar las percepciones mínimas de los trabajadores del campo. De igual forma, la nueva reforma laboral en México contempla que los patrones tendrán que llevar registro de los trabajadores temporales, para sumar y definir su antigüedad.

Otras responsabilidades de los patrones

  • Protocolo para evitar discriminación: en conjunto con los trabajadores, la empresa debe definir e implementar un protocolo para prevenir casos de discriminación por razones de género, así como atención de casos de violencia, acoso u hostigamiento sexual; además de colaborar para erradicar el trabajo forzoso infantil.
  • Entrega de copia del contrato: los patrones tendrán la obligación de entregar a los trabajadores una copia impresa del contrato colectivo, dentro de los 15 días siguientes al depósito de este documento ante el Centro Federal de Conciliación, y será acreditado con la firma de recibido del colaborador.
  • Revisión de contratos colectivos: los contratos colectivos deben ser discutidos a los cuatro años, luego de la implementación de la reforma laboral en México.
  • Información clara sobre las deducciones: el recibo de pago debe entregarse al colaborador; este debe detallar las deducciones de pago, explicando los conceptos correspondientes.
  • Una empresa siempre debe cumplir con la regulación laboral vigente. Es por ello que, ante esta reforma laboral en México, se hace necesario comenzar a implementar los cambios progresivamente para evitar cualquier situación que implique un perjuicio. Las empresas requieren:
  • Conocer los cambios, revisar la documentación oficial, investigar sobre las repercusiones de estos cambios, así como los mecanismos para implementarlos en la empresa.
  • Alinearse a la ley: una vez claros los cambios de la reforma laboral en México, comenzar a realizar algunas diligencias como: el proceso de legitimación del contrato colectivo, asegurar de entregar recibos detallados a los colaboradores, entre otros.
  • Establecer una comunicación directa con los trabajadores: es importante abrir canales de comunicación, al igual que ofrecer charlas informativas a los colaboradores para explicarles qué es la reforma laboral y sus implicaciones. Los Contratos Colectivos deben ser aprobados por los trabajadores.

Nuevos retos

La Reforma Laboral en México de 2019 supone nuevos retos para las empresas, así como para los trabajadores. Este cambio en la legislación redefine el concepto del trabajo, con el fin de dar mayor protagonismo a su función social, al tiempo que busca disminuir los casos de discriminación o conflicto.

En ese sentido, tanto los sindicatos de trabajadores como los patrones tendrán que ajustar ciertos procesos para garantizar una relación más justa y transparente. Las compañías deben conocer a fondo las implicaciones de la reforma para evitar cualquier inconveniente y realizar los cambios; sin descartar tener asesoría especializada para garantizar una transición exitosa.

Sin embargo, los líderes obreros independientes señalan que transformar un sistema de décadas —y superar la resistencia de los empleadores y de los sindicatos poderosos y favorecidos políticamente, así como la profunda desconfianza de los trabajadores— será un trabajo arduo y lento.

“Podemos tener una ley muy bonita”, comentó Benedicto Martínez, líder de una pequeña federación independiente, el Frente Auténtico del Trabajo. “Pero no va a ser cosa fácil. Ha habido muchos años de control y manipulación”.

Los patrones obligados a revertir las viejas prácticas están comenzando a contratacar, afirmó Kimberly Nolan, especialista laboral de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales en Ciudad de México.

“La manera de hacer negocios en México es que los contratos se compran y se venden”, señaló Nolan. “El sector empresarial no percibe la medida en que eso contraviene la libertad de asociación”.

Según la nueva ley de México, los sindicatos tendrán que ganarse el respaldo de al menos el 30 por ciento de los trabajadores de una empresa antes de que puedan ser formalmente reconocidos. Las juntas de conciliación y arbitraje locales serán remplazadas por un registro nacional y juzgados especializados, cambios que están diseñados para eliminar la influencia política.

Acampada sindical frente al Senado en septiembre de 2019.

Esta ley también establece un plazo de cuatro años para que la Secretaría del Trabajo y Previsión Social revise al menos medio millón de contratos existentes. Probablemente muchos de ellos son nulos debido a que los trabajadores nunca los aprobaron, comentó la secretaria del Trabajo, Luisa María Alcalde.

Una de las consecuencias del viejo sistema fue que mantenía salarios reducidos, afirmó Alcalde. “Los salarios se han mantenido muy bajos —insisto— por el propio gobierno, porque no había contrapesos en la negociación”, comentó.

Esta nueva ley surgió del consenso, añadió, de que el “el modelo laboral mexicano era un modelo caduco y había que renovarlo”.

Según una clasificación del Banco Interamericano de Desarrollo, los salarios de los trabajadores mexicanos son bajos en comparación con los de muchos países latinoamericanos. Y ahora, en términos reales, ganan menos de lo que ganaban en 2005, de acuerdo con el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social.

“El mercado laboral mexicano es atípico, pero no de manera positiva”, señaló David Kaplan, un economista en el ámbito laboral del banco.

Desde hace mucho tiempo, los sindicatos estadounidenses han alegado que el viejo modelo alentó a las empresas a trasladarse a México para aprovechar los sindicatos dóciles y los bajos salarios. Como respuesta, los demócratas han utilizado las negociaciones comerciales para exigir que México replantee sus leyes laborales y lo pusieron como condición para que el Congreso apruebe el nuevo acuerdo comercial de América del Norte.

“La cuestión es si pueden superar los verdaderos obstáculos que se han acumulado durante ochenta años”, se pregunta Ben Davis, director de asuntos internacionales de Trabajadores del Acero Unidos.

Los sindicatos tradicionales de México, los cuales prosperaron durante décadas por su alianza con el Partido Revolucionario Institucional (PRI), el partido gobernante durante mucho tiempo, advierten que la nueva ley podría debilitar a los sindicatos ya que tendrán que competir por el respaldo de los trabajadores.

Esta inestabilidad podría trastornar las relaciones laborales afables que los sindicatos tradicionales pueden prometer a los patrones, señaló Carlos Aceves del Olmo, exsenador y diputado del PRI y secretario general de la Confederación de Trabajadores de México (CTM). “Las empresas extranjeras conocen la organización y siguen firmando contratos con nosotros”, afirmó Aceves.

Lucha entre dos en Bridgestone

La nueva ley ya se está probando en México. Hay dos sindicatos en la lucha por ganar el apoyo de los trabajadores en la fábrica de llantas Bridgestone, ubicada en las afueras de Monterrey, la capital industrial de México: el Sindicato de Trabajadores de la Industria Hulera, mismo que es independiente, y un sindicato de trabajadores de la industria automotriz, que es parte de una federación tradicional y ha representado a los trabajadores de la planta en los últimos años.

Los salarios son altos en la planta de Bridgestone: de 22 a 26 dólares por día, lo cual es un buen salario incluso para Monterrey, donde una próspera industria de exportación de manufacturas promueve una alta demanda de trabajadores. Las prestaciones son cuantiosas. No obstante, los trabajadores actuales y anteriores de la planta mencionaron que la empresa había comenzado a recortar las prestaciones.

La junta de conciliación y arbitraje había establecido una fecha a mediados de abril del año pasado, para que los trabajadores de la fábrica de Bridgestone eligieran a sus representantes.

Antes de las elecciones, los trabajadores fueron acosados y los miembros del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Industria Hulera de la República Mexicana Bridgestone Firestone, junto con sus abogados, fueron amenazados, de acuerdo con lo manifestado en una denuncia que presentó el sindicato ante la junta de conciliación y arbitraje.

El día programado para las elecciones, no se presentó nadie de la junta de conciliación y arbitraje para gestionar los votos. Las elecciones fueron canceladas y se programaron otras votaciones varias semanas después afuera del inmueble de la fábrica, en el estacionamiento subterráneo de un edificio de oficinas gubernamentales en un suburbio de Monterrey.

A medida que daban inicio las votaciones para elegir sindicato en la planta mexicana de llantas una mañana, un dirigente sindical exhortaba a sus simpatizantes a salir a votar: “Pueden estar tranquilos”, dijo en una transmisión en redes sociales. “Su voto es libre y secreto”. Si resaltó la confidencialidad del voto fue porque, durante décadas, a los trabajadores mexicanos casi no se les tomaba en consideración para elegir a los sindicatos que firmaban los contratos con los patrones en su representación. En vez de eso, los gobiernos otorgaban a sus aliados del movimiento sindical el control sobre los trabajadores.

Esta vez, las votaciones siguieron todas las reglas: el voto fue secreto y todas las partes estuvieron presentes. El sindicato independiente de los trabajadores de la industria hulera perdió por amplio margen.

En un comunicado, Bridgestone Americas dijo que su planta de Monterrey “no interviene bajo ninguna circunstancia ni jamás ha intervenido en asuntos de elecciones libres y justas pues estas son directamente manejadas por las correspondientes asociaciones de empleados”.

Pero Patricia Juan Pineda, la abogada del sindicato de trabajadores de la industria hulera, dijo que un bono de 30.000 pesos mexicanos (unos 1500 dólares) pagado a los trabajadores de la fábrica la semana anterior pudo haber ayudado a convencerlos a rechazar el sindicato independiente. Y que organizarse fuera de la planta es difícil.

“El miedo es duro de vencer”, dijo.



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