¿Qué futuro espera a la agricultura de América Latina tras la Covid-19?

¿Qué futuro espera a la agricultura de América Latina tras la Covid-19?

Un informe del Banco Mundial señala las fortalezas y las debilidades del sector primario en América Latina y el Caribe. La región es una exportadora neta de alimentos, pero su producción emplea métodos antiguos y tiene altos costes ambientales, afectando al suelo y al agua. El estudio ofrece una hoja de ruta con 20 medidas


En un contexto de cambio climático y de crecimiento de la población, América Latina debe modernizar su agricultura. Añadir eficiencia para permitir producir más con menos y evitar el deterioro de los suelos y del ciclo del agua que hasta ahora ha generado una actividad poco cuidadosa con la sostenibilidad de los recursos.

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Esta es una de las principales conclusiones de un informe recién presentado por el Banco Mundial sobre el futuro que espera al sector primario en América Latina y el Caribe (ALC) y que ha sido elaborado con la colaboración de otras instituciones como el Instituto Internacional de Investigación sobre Políticas Alimentarias (IFPRI), el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), y la consultora McKinsey.

Hay grandes oportunidades y campo de mejora, pero también muchas incertidumbres, más todavía tras el golpe que supone la pandemia de coronavirus, indica el estudio.

“La agricultura y los sistemas alimentarios de la región de América Latina y el Caribe (ALC) han sido reconocidos como de los más exitosos del planeta por haber alimentado a una población en rápido crecimiento, facilitado el desarrollo económico, promovido la urbanización, generado exportaciones sustanciales, y ayudado a reducir el hambre y la pobreza global”, señala el Banco Mundial en su informe.

De hecho, la región es la mayor exportadora neta de alimentos en el mundo y estas exportaciones ayudan a reducir y estabilizar los precios internacionales de los alimentos, beneficiando a consumidores de todo el mundo”, añaden los autores.

Sin embargo, a pesar de estas importantes contribuciones, la imagen pública de dinamismo, productividad y eficacia de la agricultura y los sistemas alimentarios de la región refleja solo una parte de una realidad más compleja, indican a continuación.

“Los impresionantes logros obtenidos se han producido a expensas de elevados costes medioambientales y para la salud” afirma en la presentación del estudio Carlos Felipe Jaramillo vicepresidente del Banco Mundial para la región de América Latina y el Caribe.

El peso ambiental de la agricultura en Latam

La agricultura en Latinoamérica utiliza más de un tercio de la superficie total, consume prácticamente tres cuartos de los recursos de agua dulce y genera casi la mitad de las emisiones de gases de efecto invernadero de la región. Y, a pesar del estable superávit de producción de alimentos, millones de personas de ALC pasan hambre regularmente, o sufren malnutrición y enfermedades asociadas, recuerda el Banco Mundial. En resumen, los éxitos de la región en lo que se refiere a alimentar a la población y exportar alimentos al resto del mundo suponen altos costes para las personas y para el medio ambiente.

No obstante, tampoco puede pasarse por alto la fundamental contribución al PIB que el sector primario tiene en el continente.

La agricultura sigue siendo importante en la región, ya que representa más del 5% del Producto Interior Bruto en aproximadamente 20 países, pero esta cifra se basa en una contabilidad restrictivas. En realidad, dice el Banco Mundial, su influjo es mayor si se tienen en cuenta efectos multiplicadores sobre la economía.

Contribución de la agricultura al PIB y al empleo en los países de América Latina y el Caribe. | Fuente: Banco Mundial

Todo lo que sucede en la agricultura y los sistemas alimentarios de ALC tiene importancia en la región, pero también la tiene a nivel mundial, por dos razones. En primer lugar, ALC es la región del mundo con mayores exportaciones netas de alimentos, y dichas exportaciones ayudan a reducir y estabilizar los precios internacionales de los alimentos, aportando beneficios a los consumidores de todo el mundo.

“A comienzos de 2020, la nueva pandemia del coronavirus desencadenó una crisis humanitaria y económica sin precedentes que amenazó la vida y el sustento en todo el mundo, y destacó la fragilidad de la relación entre el planeta y sus habitantes. Las alteraciones en el suministro global de alimentos asociadas a la pandemia pusieron de relieve la importancia de ALC como un importante exportador neto de productos alimenticios, y abrieron nuevas oportunidades para promocionar una mayor cooperación económica intrarregional, en términos de producción, comercio y tecnología”, afirma el Banco Mundial.

Vista aérea de una gran plantación de soja para la producción de grano para el ganado en Sao Paulo, Brasil. | FOTO: Paulo Vilela

En segundo lugar, la región de ALC es la mayor productora mundial de servicios ecosistémicos, y sus vastos bosques y extensas sabanas juegan un papel esencial en la creación de patrones climáticos globales y en la mitigación del cambio climático. ALC seguirá produciendo estos dos bienes públicos globales solamente si la agricultura y los sistemas alimentarios evolucionan de una forma que evite las amenazas y capitalice las oportunidades.

Aumento de población

“Con la previsión de un aumento de la población de América Latina y el Caribe, que pasará de alrededor de 625 millones de habitantes en 2010 a aproximadamente 750 millones para 2030, se prevé que la demanda de alimentos, en particular los de origen animal, aumente significativamente”, dice el Banco Mundial.

El aumento de la demanda de alimentos en la región estará acompañado de una demanda de alimentos creciente en los mercados de exportación. Satisfacer esta demanda de una manera sostenible será un enorme desafío. Los países de la región necesitarán respetar meticulosamente las tendencias en curso, considerar los diversos factores impulsores que podrían influenciar los resultados futuros, prever futuros escenarios posibles, y adoptar las acciones adecuadas para aprovechar las oportunidades emergentes y prevenir desafíos potenciales explica el análisis realizado por el Banco Mundial.

Según los autores, “hasta ahora, la región ha respondido con lentitud a los cambios del sistema global”. Muchos actores de los sistemas alimentarios continúan basándose en métodos de producción centenarios que fueron adecuados en el pasado pero que hoy están obsoletos, son ineficaces e incluso dañinos para las personas y el medio ambiente. Es cada vez más evidente que seguir como hasta ahora no es una opción.

Campo de agaves para la producción de tequila en Jalisco, México| FOTO: T Photos

Ante esta situación, el informe del Banco Mundial pretende aumentar la comprensión de cómo los sistemas agroalimentarios de ALC pueden contribuir al crecimiento, al empleo y a la seguridad alimentaria y nutricional, mientras sostienen los recursos naturales regionales y globales.

Para ello identifica 20 acciones que pueden aplicarse para facilitar el surgimiento de un futuro alimentario dinámico, productivo y sostenible. Son una suma de innovación, eficiencia, gobernanza y alianzas entre actores diversos, en línea con el ODS17 de la ONU, y donde la aportación tecnológica del sector privado y la dinamización financiera serían clave. Son las siguientes:

  1. Reforzar la investigación agrícola y los sistemas de extensión
  2. Modernizar la infraestructura agrologística, incluyendo las tecnologías de la información y las comunicaciones
  3. Mejorar las habilidades de las personas que trabajan en la agricultura y los sistemas alimentarios
  4. Promover una alimentación sana
  5. Reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos
  6. Hacer que la agricultura y los sistemas alimentarios sean climáticamente inteligentes
  7. Ampliar los mercados financieros rurales
  8. Mejorar la seguridad de la tenencia de la tierra
  9. Aumentar el monitoreo del clima
  10. Reforzar las defensas contra las enfermedades zoonóticas y aquellas transmitidas por los alimentos
  11. Construir redes de seguridad social que puedan activarse rápidamente en épocas de crisis
  12. Promover el uso de instrumentos financieros para la gestión de riesgos
  13. Mantener el acceso a los mercados establecidos y emergentes
  14. Invertir en sistemas de riego cuando y donde sea apropiado
  15. Apoyar el desarrollo de los alimentos biorreforzados y nutracéuticos
  16. Facilitar la emergencia de la agricultura periurbana y urbana
  17. Disociar todos los apoyos para la producción agrícola
  18. Garantizar que todo el trabajo en el sistema agroalimentario sea seguro y justo
  19. Alcanzar la neutralidad de carbono en los sistemas agroalimentarios
  20. Declarar la guerra a la comida basura
La importancia del agua

El riego puede desempeñar un papel crítico para potenciar la productividad agrícola y estabilizar la producción en presencia de condiciones climáticas adversas dice el informe del Banco Mundial.

Además de contribuir a la mitigación de riesgos, la inversión en sistemas de riego puede posicionar mejor a los países de América Latina y el Caribe para que puedan aprovechar el crecimiento futuro de la demanda de alimentos, a pesar de que las condiciones de producción sean cada vez más adversas.

Al mismo tiempo, debido a que los costes de inversión de capital inicial pueden ser desalentadores, se requiere un meticuloso análisis para garantizar que tienen sentido desde el punto de vista económico.

Para ello, el Banco Mundial establece unos principios para la puesta en práctica de regadíos eficientes y modernos:

  • Incluir, junto con la evaluación de la viabilidad técnica de las instalaciones de riego, también una evaluación minuciosa del rendimiento económico previsto como parte del desarrollo de los sistemas de riego.
  • Garantizar que las inversiones en los equipos de las instalaciones de riego (infraestructura) vayan acompañadas de inversiones en aplicaciones (sistemas operativos que pueden garantizar el funcionamiento eficiente y la gestión equitativa).
  • Combinar el desarrollo de los regadíos con actividades de intensificación agrícola para garantizar que se aproveche efectivamente el mayor potencial de producción asociado a los sistemas de riego. Esto suele implicar inversiones complementarias en investigación y extensión, provisión de insumos mejorados, promoción de prácticas de gestión mejoradas y otras medidas.


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